«Yo siempre en las protestas estoy atenta al grupo», dice. «Cuando veo cualquier indicio de violencia, paso adelante y trato de aplacar para no se genere nada que pueda perjudicar a mi gente».
Una crónica personal en la periferia de la Marcha de las Antorchas, el último ritual político masivo en Cuba, ya sumida en crisis extrema, antes del bloqueo energético de Trump.
La realidad es que en el sistema político norteamericano es prácticamente imposible quitar al presidente de su cargo. No existen, como sí en otras democracias, los votos de (no) confianza, la sustitución parlamentaria o el referendo popular.