Llamémosle X. Hace unas semanas me habló X., estadounidense, un tipo afable, entusiasta y periodista. Me pidió tips para aterrizar en La Habana, pistas...
Había enfermado en los años en que Cuba internaba obligatoriamente en sanatorios a las personas diagnosticadas con VIH. Fuera de ellos, el miedo a la enfermedad convivía con el rechazo hacia quienes la padecían. Para Crespo, El Mejunje no fue solamente un sitio donde escuchar música: fue uno de los primeros lugares donde pudo volver a mezclarse con los demás.