Este 2026 se ha develado uno de los secretos (a voces) del Partido Comunista de Cuba (PCC): la presencia de sus militares en Venezuela. En la madrugada del 3 de enero, apenas empezado el año del centenario de Fidel Castro, la operación militar de Estados Unidos en Caracas para capturar a Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores expuso al mundo que el anillo de seguridad del sucesor de Hugo Chávez estaba integrado por efectivos de la isla. El resultado: la muerte de 32 oficiales del Ministerio del Interior y las Fuerzas Armadas Revolucionarias, así como un número indeterminado de heridos.
A comienzos de su mandato, el presidente de «la continuidad», Miguel Díaz-Canel, se había apresurado a negar que tenían agentes para sostener el chavismo: «Rechazamos enérgicamente la amenaza de bloqueo total y completo de Donald Trump contra Cuba. No hay operaciones militares, ni tropas cubanas en Venezuela. Llamamos a la comunidad internacional a detener la peligrosa escalada agresiva y preservar la paz. Basta ya de mentiras», exigió en redes sociales, el 30 de abril de 2019, el mandatario designado por Raúl Castro. Transcurría entonces la primera administración de Donald Trump; ahora, sin que llegara a cumplirse el primer año de su segundo periodo en la Casa Blanca, el también primer secretario del PCC se ha visto obligado a declarar luto nacional por la caída de sus «héroes» en el país sudamericano.
«Honor y gloria a los bravos combatientes cubanos que cayeron enfrentando a terroristas en uniforme imperial, que secuestraron y sacaron ilegalmente de su país al presidente de Venezuela y esposa, cuyas vidas ayudaban a proteger los nuestros por solicitud de esa hermana nación», escribió Díaz-Canel el 4 de enero de 2026. Aun cuando no se ha referido explícitamente a la recurrente negación por parte suya y de su gobierno acerca de la presencia militar cubana en Venezuela, el gobernante cubano señaló el 16 de enero en La Habana que «solo quienes desconocen el valor de la amistad, la solidaridad y la cooperación que se forjan entre los pueblos, pueden confundir la relación entre cubanos y venezolanos como un mero negocio o como un vulgar intercambio de productos y servicios».
En 2019 la diplomacia cubana también insistía en negar que hubiese oficiales y soldados de la isla en Venezuela, pero la prensa internacional reveló que al menos desde mayo de 2008 había pactos castrenses entre ambos países para garantizar la conservación en el poder de Chávez. «Los acuerdos permitieron a las Fuerzas Armadas de Cuba entrenar a soldados en Venezuela; revisar y reestructurar partes del ejército venezolano; entrenar agentes de inteligencia venezolanos en La Habana, así como, cambiar la misión del servicio de inteligencia de espiar a rivales extranjeros a la de vigilar a los propios soldados, oficiales e incluso comandantes de alto rango», decía Reuters.
La agencia indicaba que Hugo Chávez acudió a Fidel Castro tras perder en diciembre de 2007 un referéndum que le habría permitido postularse indefinidamente para la reelección. Según tres exasesores, Chávez estaba «molesto y el consejo de Castro fue garantizar el control absoluto de los militares». En unos pocos meses, los países elaboraron dos acuerdos: el primero alistaría a los agentes de inteligencia venezolanos para «el descubrimiento y enfrentamiento a la labor de inteligencia y subversiva del enemigo»; el segundo autorizó a los funcionarios cubanos a supervisar «la asimilación y la modernización» del ejército de aquel país. Ambos, se especificaba, «llevaron a la imposición de una estricta vigilancia de las tropas venezolanas a través de un servicio de inteligencia, ahora conocido como la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM)».
Influencia de militares cubanos en Venezuela
«La misión más importante que tenía el organismo de inteligencia era neutralizar aquello que afectara nuestra democracia. Ahora, bajo el mando de Cuba, el gobierno lo utiliza para mantenerse en el poder», dijo entonces a Reuters el general Raúl Salazar, exministro de Defensa de Chávez, pero opositor de Maduro. Por su parte, el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, consideró «ridícula, calumniosa y pura propaganda» dicha versión informativa. «Nosotros no tenemos presencia militar en Venezuela ni participamos o asesoramos operaciones militares de seguridad ni de inteligencia», agregó en un video el 3 de octubre de 2019.
En diciembre de 2018, el Instituto Casla —cuyo objetivo es «monitorear el estado de la democracia en Latinoamérica», y particularmente en Venezuela— había denunciado ante la Corte Penal Internacional (CPI) «la participación de funcionarios cubanos y oficiales de inteligencia, en la planificación y comisión del crimen de la tortura, luego de haber obtenido por lo menos 12 testimonios directos de víctimas que señalaron su presencia, cuando estaban siendo torturados en distintos centros donde permanecían detenidos». Según tales víctimas, «los cubanos instruyen constantemente en técnicas de represión, intimidación y seguimiento, a miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) e inteligencia, para que ellos realicen labores de investigación y espíen a sus propios compañeros y sus familias, a líderes políticos y sociales y hacerle seguimiento directo al malestar social».
El Instituto Casla aseveró en su informe de 2019 que «los cubanos están en varios centros de torturas clandestinos. Los milicianos del G2 cubano son conocidos como los isleños y tendrían su propia sala de operaciones en Fuerte Tiuna, en Caracas». Justamente, el 3 de enero de 2026, Maduro y su esposa fueron capturados por los Delta Force estadounidenses en su casa búnker en ese fuerte militar.
«Cuba siempre dependió mucho de Venezuela», dijo Trump ese mismo día. «De ahí sacaron su dinero y protegieron a Venezuela, pero eso no funcionó muy bien en este caso. Saben, muchos cubanos perdieron la vida anoche. ¿Sabían eso? Muchos cubanos perdieron la vida. Estaban protegiendo a Maduro. Esa no fue una buena decisión».


«La mentira que no envejeció bien»
«No hay tropas cubanas en Venezuela. No hay tropas de seguridad de Cuba en Venezuela. Cuba no participa con tropas ni efectivos militares o de seguridad en Venezuela. Estas calumnias constituyen una ofensa contra el pueblo de Cuba, constituyen una ofensa contra el gobierno de Cuba y también hacia el pueblo estadounidense que merece conocer la verdad», afirmó igualmente, en mayo de 2019, la diplomática Johana Tablada. El 4 de enero de 2026, la ahora embajadora cubana en México reconoció de manera implícita que había estado mintiendo durante años: «Honor y gloria eterna a nuestros hermanos internacionalistas, caídos con heroísmo, bajo la más cobarde y criminal agresión de Estados Unidos contra la hermana Venezuela. ¡No los olvidaremos, no traicionaremos ni perdonaremos el crimen y venceremos!», escribió en X.
«Honor y gloria a los heroicos y valerosos combatientes cubanos caídos […]. Cumplieron con el sagrado deber solidario e internacionalista de los revolucionarios cubanos», escribió a su vez Rodríguez Parrilla el propio 4 de enero. Casi seis años antes, en febrero de 2019, el canciller insistía en una conferencia de prensa realizada en La Habana: «Es infame la acusación del presidente de los Estados Unidos de que Cuba mantiene un ejército privado en Venezuela. Lo conmino a que presente evidencia. Nuestro gobierno rechaza esa calumnia en los términos más enérgicos y categóricos a la vez que reafirma el deber y el compromiso de seguir prestando la modesta cooperación en la que participan algo más de 20 mil cooperantes cubanos, todos civiles».
Rodríguez Parrilla estuvo presente el 8 de enero pasado, junto a la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, en el acto celebrado en Caracas para honrar a los militares cubanos y venezolanos ultimados cinco días antes. Según el diplomático, «los combatientes cubanos, en desigual combate, enfrentaron al enemigo imperialista, y protegían al presidente constitucional Nicolás Maduro Moro».
Solo unos días más tarde, durante las honras fúnebres en La Habana, el coronel Pedro Yadín Domínguez Álvarez, uno de los heridos en Venezuela, contaba en otra tesitura lo sucedido: «Nos encontramos cumpliendo misión en la hermana República Bolivariana de Venezuela, ayudando a ese país en su defensa contra el imperialismo. Nos encontramos durmiendo, descansando en horas de la madrugada cuando el ataque del gobierno de Estados Unidos contra el grupo de compañeros que nos encontrábamos ahí descansando, provocó la muerte de 11 compañeros míos en ese lugar», dijo a la Televisión Cubana.
«Mi anillo de seguridad es de venezolanos», afirmó en enero de 2019 Nicolás Maduro en una entrevista con la entonces periodista cubanoamericana María Elvira Salazar. «Esa fábula de que en Venezuela hay miles de militares cubanos es mentira. Con Cuba nosotros tenemos, como con muchos países, acuerdos de cooperación. Y en Venezuela y en Cuba se entrenan militares cubanos y venezolanos… Pero a Venezuela la defienden los militares venezolanos», enfatizó el gobernante.
Tras su «extracción» del poder por el ejército norteamericano, Maduro llegó a Nueva York esposado, sonriendo para las cámaras y deseando feliz año nuevo a todos en su inglés objeto de tantas burlas. En Caracas quedaron los cadáveres de 32 militares cubanos y una cifra de heridos no revelada hasta el momento por el PCC. «La mentira que no envejeció bien», no dejó de subrayar la ahora congresista Salazar en sus redes sociales.


