Apenas se siente el olor a lechón asado, o el espíritu de fiestas que años anteriores solía inundar las calles de toda Cuba para finales de Diciembre. Los cubanos llevan tiempo acumulando fines de años duros, y el 2025 no se queda atrás. «Un año muy fuerte, demasiado», así lo describe una cubana entrevistada por El Estornudo.
Ha sido un año difícil, marcado por la crisis sistémica que atraviesa la vida diaria de la familia en la isla. Un año donde con una economía golpeada por la inflación, donde la gente tuvo que pelear la comida del día, donde las arbovirosis terminaron por colapsar el ya deprimido sistema de salud, y donde el disfuncional sistema monetario no ha logrado estabilizarse, tras las continuas reformas fallidas.
Los apagones prolongados, el deterioro del transporte y la caída del poder adquisitivo han convertido la supervivencia diaria en el principal desafío para millones de personas. La emigración y la ruptura de las familias es otro gran saldo que los cubanos se anotan este año, pero que llevan a cuesta desde hace décadas.
Aún siguen las cárceles repletas de presos políticos, aún sigue la censura y la represión al día. Incluso en esas circunstancias, la gente se ha tirado a la calle por la escasez de agua o los constantes cortes de luz eléctrica, que a veces sobrepasan las 20 horas diarias.
Las promesas de recuperación que cada año ofrece el gobierno, contrastan con una realidad de mayor desigualdad. El Estornudo salió a la calle para tomar el pulso de las opiniones a fines de diciembre, y lo que encontramos fue un paño de desesperanza.
