De ‘El4tico’ a la prisión política

    «Proteger el país no es lo mismo que proteger… el control», decían en ‘El4tico’ Kamil Zayas Pérez y Ernesto Ricardo Medina, detenidos esta semana por la Seguridad del Estado cubano.

    Dos amigos le hablan claro al poder desde una modesta habitación en una vivienda de Piedra Blanca, un barrio periférico de la ciudad de Holguín. También ofrecen su 4tico —que es a la vez su plató, su escenografía, su canal en redes sociales, su lugar en el mundo— a todo el que quiera reflexionar y expresarse críticamente sobre la realidad en Cuba…

    Pero ahora Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayas Pérez, los creadores de un proyecto audiovisual alternativo que ya cuenta con unos 80 mil seguidores en Instagram y que ellos mismos consideran, sin más, «un espacio disidente dentro de Cuba», están presos por crear y expresarse libre y valientemente.

    Las razones de su detención por la Seguridad del Estado habían sido denunciadas muchas veces en El4tico. Que permanezcan encarcelados desde este 6 de febrero no es más que uno de tantos pleonasmos de la realidad cubana; si algo caracteriza al totalitarismo es el control mediante la redundancia, la repetición del error.

    «Me arrestan por el único “crimen” que una dictadura no tolera: atreverse a mirar de frente y decir en voz alta lo que todos notamos: sus faltas garrafales, sus ineficiencias crónicas, sus injusticias sistemáticas y la opresión que aplasta la dignidad de un pueblo entero», denunciaba este sábado Kamil Zayas Pérez en un texto escrito en previsión de lo ocurrido, es decir, que llegara para él y su compañero «la mordaza temporal» y, eventualmente, la prisión política.

    «Es preciso que se sepa, que no me arrestan por robar, por agredir, por traficar ni por ningún delito común», aclara. «He hablado siempre sin odio, sin polarización, porque la idea central ha sido fomentar el pensamiento crítico. Solo he señalado lo incorrecto, lo humillante, lo que degrada al ser humano. Y eso, al parecer, es imperdonable».

    Organizaciones de la sociedad civil independiente, activistas, opositores y otras figuras públicas del ámbito cubano han condenado el arresto de ambos creadores de contenido, que coincide con la agudización de la crisis multidimensional del país tras el ataque estadounidense sobre Caracas, el despliegue militar en el   Caribe y la presión política de la Casa Blanca para bloquear la entrada de combustible a la isla.

    Sintomáticamente, este enésimo golpe represivo ocurre además cuando desde algunos sectores del activismo cubano se promueve una campaña por la liberación de los prisioneros políticos, a semejanza de las excarcelaciones ocurridas durante las últimas semanas en Venezuela y Nicaragua.

    Pero ya lo decían hace poco en El4tico: Cuba está gobernada por «una élite que prefiere hundir el país que soltar un centímetro de control», y los principales atributos del régimen son la falta de adaptación, la rigidez, el atrincheramiento; de modo que si Donald Trump decide apretar las tuercas o desestabiliza el orden global es el pueblo quien va pagar los platos rotos. «Un pueblo atrapado entre dos fuegos».

    Porque Kamil Zayas Pérez y Ernesto Ricardo Medina saben algo muy bien: «Proteger el país no es lo mismo que proteger… el control».

    Según la organización no gubernamental Ciudadanía y Libertad, los agentes de la Seguridad del Estado cubano se llevaron de la casa de Medina —donde quedaron Doris Santiesteban Batista, su esposa, y la hija pequeña de ambos— «computadoras, teléfonos, cámaras y equipos de trabajo utilizados por los jóvenes para grabar y documentar su labor».

    Cuban Prisoners Defenders registra actualmente mil 207 presos políticos en Cuba, mientras que un informe publicado al cierre de 2025 por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) daba cuenta de «al menos tres mil 179 acciones represivas contra la población civil y más de 800 presos políticos permanecían en las cárceles». 

    En el propio documento, el OCDH advertía: «17 artistas permanecen privados de libertad en centros penitenciarios, mientras otros 10 cumplen condenas sin internamiento o bajo regímenes restrictivos, para un total de 27 creadores castigados por el Estado cubano como consecuencia directa de su práctica creativa, su participación cívica o su negativa a renunciar a una voz propia».

    Hace solo unas semanas se conocieron las respectivas condenas, a seis y cinco años de privación de libertad, del escritor y periodista independiente cubano José Gabriel Barrenechea y el rapero y activista Fernando Almenares Rivera («Nando OBDC»).

    También por expresarse libremente en redes sociales y, en particular, debido a su «disenso político», fue expulsado en enero el profesor y dramaturgo Roberto Viña Martínez de los claustros del Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana y la Escuela Nacional de Artes (ENA). Por su parte, la independiente Asamblea de Cineastas Cubanos hacía público su rechazo a una nueva resolución oficial que impone tarifas desproporcionadas para filmar la realidad cubana y constituye, de hecho, otro mecanismo de censura previa para el séptimo arte en la isla.

    Todos y cada uno constituyen no solo casos particulares de lo que en El4tico llaman sin ambages «fallas internas profundas» en el diseño del régimen cubano, sino además ejemplos de cómo la maquinaria del poder se defiende a sí misma y nada más que así misma: «el Estado se aferra a un sistema centralizado, a través del control autoritario y la falta de transparencia, priorizando su hegemonía política y dejando de lado el bienestar social y económico de su gente», los escuchamos decir.

    Los dos principales inquilinos de El4tico están presos hoy por atreverse a contar en voz alta —a menudo junto a otros jóvenes invitados— lo que parece obvio: «el socialismo cubano en su forma actual no ha demostrado funcionar para la mayoría». Pero sobre todo por darnos la luz en tiempos cada vez más oscuros «la permanencia en ese modelo se sostiene no tanto en ideología pura, sino por intereses de poder, corrupción y falta de voluntad para democratizar».

    En estas fotos vemos a Kamil y Ernesto Ricardo preparando y bebiendo café en el cuartico a donde hace unos días fue a buscarlos la policía política.

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