3 de enero. Recuerdos del estruendo en la madrugada de Caracas

    La vida de los venezolanos vivió un estallido la madrugada del 3 de enero. Los aviones y helicópteros del Ejército estadounidense se desplegaron sobre Caracas, La Guaira, Maracay e Higuerote para bombardear diferentes objetivos estratégicos y llevarse consigo a Nicolás Maduro. Parecía imposible, pero sucedió.

    Sin previo aviso, y a pesar de que el despliegue militar en el mar Caribe había servido de preámbulo, una serie de sobresaltos arrebataron al país la sensación de normalidad, aun dentro de los estándares venezolanos. Muchos no dieron crédito a la situación, pese a las lanchas destruidas por la acusación de ser partícipes del narcotráfico, pese a los buques petroleros decomisados, pese al lenguaje belicista de Donald Trump. La sensación de statu quo inalterable ya se había hecho parte del ADN venezolano. Los objetivos militares sufrieron daños: aeropuertos, bases y un observatorio. Se reportó que murieron 80 personas: dos civiles, 46 militares venezolanos y 32 militares cubanos que custodiaban a Maduro. 

    Hubo, entre la gente, miedo, esperanza, zozobra; sentimientos que, un mes después de los acontecimientos, todavía no se van.

    Esa madrugada abracé a mis gatos

    S.A. estudia arte y tiene un gran talento para el dibujo. A sus 25 años, prepara su trabajo de grado y cuenta con experiencia laboral en algunos museos de su estado, pero actualmente trabaja como tatuadora en un estudio. Buena parte de su vida está ligada a las videollamadas: su madre vive en Chile, su hermano mayor en Colombia. También viven en otros países sus tíos y primos. Ahora vive rentada en la de una señora mayor y su hijo.

    El 3 de enero, S.A. despertó de repente a las dos de la mañana. No había electricidad —una situación frecuente en El Paraíso, su zona de residencia—, por lo que se vio obligada a usar su celular para iluminarse. «Acá se escuchó la bomba que cayó cerca del Observatorio Cajigal y las de Fuerte Tiuna, pero esas se escucharon un poco menos fuerte». Sonaron más bombas. «Está pasando lo que sea que vaya a pasar», pensó. Vio en su teléfono la llamada de su hermano. Confirmó que se trataba de un bombardeo. Tuvo temor. Vive a una cuadra de una comandancia del ejército. Si se trataba de un golpe de Estado, quizás la población de la zona estuviera en peligro. Cuando supo que se trataba de soldados estadounidenses, sintió un alivió. 

    Espacio de S.A / Foto de cortesía
    Espacio de S.A / Foto de cortesía

    Gracias a la luna llena, S.A. vio a los aviones avanzar y se escondió en su cuarto. Debía buscar a sus gatos, escondidos debajo de su cama, aterrados por los sonidos. Tomó en brazos a Nena y a Pantera. «Se subieron conmigo a la cama y se quedaron cerca de mí». Sin VPN en su teléfono, no tenía acceso a X, ya que el régimen venezolano había bloqueado la red social después del fraude electoral del 2024. Empezó a usar TikTok y se quedó viendo videos toda la madrugada. 

    Pantera y Nena se durrmieron. A las cinco de la mañana llegó la noticia más impactante. «Fue un shock total cuando supimos que habían capturado a Maduro. Al principio no me lo creía. Pensé que por fin este malparido iba a pagar todo lo que nos había hecho», dice S.A. Luego recibió una llamada de su madre desde Chile. Estaba muy alterada y le pedía a su hija que no saliera de casa.

    Los dos días posteriores, no hubo luz eléctrica. S.A. sigue entusiasmada ante la posibilidad de una nueva Venezuela. Ahora está tranquila. Conversa con sus parientes en el exterior, a quienes les gustaría volver, pero primero tienen que ver adónde va esto. Los vecinos de los pisos más altos le comentaron haber visto los aviones.

    —La situación aquí es muy rara, básicamente siento confusión. La presión económica continúa. No se siente el cambio. Está la esperanza del cambio, el hecho de que se llevaron a Maduro, pero todo sigue tal cual. Y la alegría de que están soltando a los presos políticos, claro. Yo creo que los venezolanos perdimos la esperanza, pero ahora es distinto. Me gustaría ser parte de la reconstrucción.

    Era como en una película

    M.U. es madre dos varones ya grandes —uno exiliado; el otro vive con ella y su esposo— y una hija que emigró hace años. Egresada de la Universidad Católica Andrés Bello, hoy, a sus 70 años, sigue ejerciendo la profesión de abogada. Vive en Caracas en una casa que construyó junto a su marido en La Boyera, municipio El Hatillo, zona donde las explosiones se escucharon con gran intensidad y donde incluso algunas casas se vieron afectadas, como señaló El Estímulo.

    Conjunto residencial donde vive Cira González; urbanización Rómulo Gallegos, Catia la Mar, en La Guaira, Venezuela
    Urbanización Rómulo Gallegos, Catia la Mar, en La Guaira, Venezuela / Foto: Cortesía de Cruz Soto

    La pareja despertó sobresaltada. Quizá sea un trueno, pensó M.U., pero su marido le dijo que «eso no sonaba como un trueno». Entonces intuyó que debían ser los militares estadounidenses. «No podíamos creer lo que pasaba. Estábamos desde agosto con este cuento y la gente ya lo había tomado como mamadera de gallo. Uno ve tantas películas de la Segunda Guerra Mundial, de que bombardearon Londres o Berlín, y de repente parecía un cuento que estuvieran bombardeando Caracas. Yo dije que ‘estamos viendo historia de verdad’”, dice. Tan pronto tomó su teléfono, notó que tenía el WhatsApp saturado. Luego una amiga de toda la vida la llamó por teléfono, llorando, desde en un sitio cercano a los bombardeos principales.

    Muy cerca de la casa de M.U. se encontraban las antenas de El Volcán, un lugar que también fue bombardeado. En medio de tanta información y noticias cruzadas, el clímax llegó con la captura de Maduro. «Me sentí aliviada y contenta. Parecía mentira». Los vecinos de la urbanización empezaron a gritar «¡Libertad!».

    Con los días, M.U. supo que, tan solo a un par de cuadras, los vidrios de varias casas se habían roto, que en otras hubo grietas y aberturas en las paredes, y que habían visto al personal de la gobernación ofreciendo ayuda con la recuperación. Aunque ella y su esposo han querido ir al Volcán para ver el estado de las antenas, no creen que sea prudente hacerlo. 

    —Ver que el poder ha quedado en manos de Delcy me cayó como un plomo.  Es una sensación rara. Por supuesto, contenta, pero sé, al mismo tiempo, que no hemos salido de esto. Hay que entender que esto no es nada fácil. Yo estoy optimista. Tengo la precaución de no andar saliendo si no hace falta. Supe que los colectivos andaban revisando a la gente. 

    Todavía hay mucho que cambiar

    S.L. trabaja como realizador audiovisual freelance, y además da clases en el departamento de Cinematografía de la Escuela de Artes de la UCV. Vive en El Valle, muy cerca de Fuerte Tiuna, y cuando cayó la primera bomba, estaba a punto de irse a dormir. Por supuesto, no durmió.

    Miope como es, S.L. solo vio un destello de luz. «Qué raro que estén lanzando fuegos artificiales el 3 de enero», fue lo primero que pensó. Las detonaciones no pararon, los helicópteros y los aviones no se detenían. Junto a su madre y su tía, se asomó a la ventana que daba directamente a Fuerte Tiuna y divisó una llamarada gigante. «El cielo era de color naranja», dice. Después llamó a su novia, quien vive en otra parte de Venezuela, y allí los bombardeos apenas se escuchaban. «Hubo mucho estrés y zozobra. El factor redes sociales y WhatsApp aportaron mucho».

    Espacio de trabajo de SL / Foto de cortesía
    Espacio de trabajo de S.L / Foto de cortesía

    Con el apagón masivo de 2019, S.L. aprendió una técnica: buscar la radio en el teléfono para informarse. Encontró una emiosra de corte oficialista que condenaba la captura. «Me quedé sorprendido y consternado, pero no celebré, porque uno sabe cómo se comporta esta gente», dice. Temió que empezara un ciclo de violencia. «Me parece muy triste haber llegado a este punto por la terquedad de gente que han sido unos miserables. Por la facilidad con la que han negociado la salida el 28 de julio, sé que no era necesario llegar a esto. Ahora tengo más rabia que antes». 

    A pesar de que hay muchos consejos comunales en la zona donde vive S.L., todo ha seguido tranquilo. «Yo aquí no vi movimiento en esos dos días, ni de chavistas llorando ni nada por el estilo. Parecía 1 de enero», dice. Desde entonces, debido a las explosiones, los sonidos le causan cierta molestia y lo sobresaltan un poco. Como muchos venezolanos, vive adicto al teléfono por si hay noticias nuevas. Por otra parte, ha tratado de no discutir. Su madre es chavista, así que, para evitar conflictos, procura que las discusiones no suban de tono. Su madre, cree S.L., está más enojada con el gobierno interino de Delcy Rodríguez por entregarse de esa forma. «Como toda chavista, odia al imperio. He tenido la oportunidad de ser empático con ella, porque ella le ha dedicado mucho a la causa para que termine de ese modo».

    A su vez, S.L. comparte algo con muchos jóvenes venezolanos: el rencor por un futuro robado. Piensa con frecuencia en las oportunidades que le gustaría haber tenido, muchas de ellas perfectamente posibles en cualquier país vecino. Por eso se emociona cuando imagina la próxima Venezuela, de la cual ha hablado con su madre con entusiasmo. «Aunque sigo siendo pesimista, debo reconocer que las últimas noticias me han dado esperanza de cambio. Siento que todavía hay mucho que cambiar, pero dentro de todo lo malo que ha pasado, estos inicios son buenos». 

    S.L. también tiene un medio hermano militar, por quien se preocupó particularmente, y a quien por suerte no le sucedió nada. Todo esto lo ha llevado a otra pregunta: ¿por qué el chavismo no tuvo una respuesta militar? «¿En qué defensa invirtió esta gente?», dice, mientras el estado de represión continúa en la calles y los colectiveros siguen revisando los teléfonos de las personas.

    —Cuando uno votó el 28 de julio, no lo hizo para que bombardearan mi país, voté por el cambio. Y lamentablemente, parecía que el cambio solo podía venir de una acción tan unilateral con esto. El chavismo tiene años jugando al autoritarismo y ahora vino un gorila igual de autoritario. 

    Los militares estaban dormidos

    H.M. vive junto a sus hijos adultos en Chuao, muy cerca del aeropuerto militar de La Carlota, uno de los puntos que fueron atacados. Cuando se casó, imaginó tener una vida normal, y podría decirse que por mucho tiempo la tuvo. Compró la casa junto a su esposo hace treinta y nueve años, cuando ambos eran veinteañeros, y siempre trabajó como profesora de inglés. Tuvo cuatro hijos varones, una hembra, y desde hace quince años enviudó. El tiempo que ha durado la dictadura le impregnó, más que todo, cansancio, pues los miles problemas que viven todos los venezolanos coincidieron con la muerte de su esposo.

    El 3 de enero, dos bombas cayeron muy cerca de casa, y dado que tienen ventanas panorámicas, la familia pudo ver el reflejo del fuego en los vidrios. El color naranja cubrió la escena y todos fueron hasta la sala. Al rato sonó una tercera explosión, aún mas fuerte. «Yo creo que los militares se quedaron dormidos, porque no sonó una alarma ni nada. No sé qué fue, pero es que, de verdad, ¿no llama la atención que caigan caen tres explosiones en la base?», dice H.M.

    Los días siguientes no se distinguieron mucho de los anteriores: hacer mercado, labores de la casa, tratar de no salir mucho. «Los muchachos me hablaron de árboles caídos, ventanas rotas, rejas dañadas por el aeropuerto La Carlota, pero nada que hubiéramos escuchado nosotros».

    Después de haber visto tanto, H.M. prefierte no tener expectativas altas. «A Maduro se lo llevaron, ¿y por qué no a los otros? He leído los comentarios y las razones. No puedo saber si me alegré o no, me fue completamente indiferente. Cuando ya no tengamos a ninguno, voy a celebrar, porque estamos en lo mismo», dice, muy directa. «Evito, por salud mental, leer de esto. No sé qué ha habido, qué acuerdos tengan. Para mí esto fue un susto a las tres de la mañana, nada más».

    Newsletter

    Recibe en tu correo nuestro boletín quincenal.

    Te puede interesar

    Luis Miguel Oña: otro nombre en el panteón de los presos...

    Luis Miguel Oña Jiménez tenía 27 años cuando gritó...

    «Basta ya de mentiras»: la cruenta verificación de la presencia militar...

    En 2019 la diplomacia cubana también insistía en negar que hubiese oficiales y soldados de la isla en Venezuela, pero la prensa internacional reveló que al menos desde mayo de 2008 había pactos castrenses entre ambos países para garantizar la conservación en el poder de Chávez.

    Celeste Fierro: la militante argentina que se embarcó rumbo a Gaza

    Más de 28 mil personas se inscribieron para participar en la Flotilla Global Sumud: la diputada cordobesa fue la única mujer dentro de la pequeña delegación argentina.

    La «Opción Cero» de Díaz-Canel: retorna el más temible fantasma de...

    La semana pasada, el mandatario agitó en su comparecencia pública la habitual retórica propagandística del régimen cubano, pero, más significativamente, anunció un paquete de emergencia en respuesta al bloqueo energético decretado por la Casa Blanca para espolear cambios en la isla.

    Las gorras de la discordia

    Un grupo de muchachos valientes ha salido en defensa...

    Apoya nuestro trabajo

    El Estornudo es una revista digital independiente realizada desde Cuba y desde fuera de Cuba. Y es, además, una asociación civil no lucrativa cuyo fin es narrar y pensar —desde los más altos estándares profesionales y una completa independencia intelectual— la realidad de la isla y el hemisferio. Nuestro staff está empeñado en entregar cada día las mejores piezas textuales, fotográficas y audiovisuales, y en establecer un diálogo amplio y complejo con el acontecer. El acceso a todos nuestros contenidos es abierto y gratuito. Agradecemos cualquier forma de apoyo desinteresado a nuestro crecimiento presente y futuro.
    Puedes contribuir a la revista aquí.
    Si tienes críticas y/o sugerencias, escríbenos al correo: [email protected]

    Diego Torres Pantin
    Diego Torres Pantin
    Fotógrafo y periodista cultural. Licenciado en Artes en la Universidad Central de Venezuela. Me gusta lo rebuscado, lo estético y lo simbólico, quizás porque la vida es más divertida cuando tienes que interpretarla.

    Artículos relacionados

    «Basta ya de mentiras»: la cruenta verificación de la presencia militar cubana en Venezuela

    En 2019 la diplomacia cubana también insistía en negar que hubiese oficiales y soldados de la isla en Venezuela, pero la prensa internacional reveló que al menos desde mayo de 2008 había pactos castrenses entre ambos países para garantizar la conservación en el poder de Chávez.

    La «Opción Cero» de Díaz-Canel: retorna el más temible fantasma de los noventa

    La semana pasada, el mandatario agitó en su comparecencia pública la habitual retórica propagandística del régimen cubano, pero, más significativamente, anunció un paquete de emergencia en respuesta al bloqueo energético decretado por la Casa Blanca para espolear cambios en la isla.

    Las gorras de la discordia

    Un grupo de muchachos valientes ha salido en defensa...

    Ben(d)ito reguetón político 

    Ahora, si escuchas a Benito, te incluyen en un...

    DEJA UNA RESPUESTA

    Por favor ingrese su comentario!
    Por favor ingrese su nombre aquí