Si bien a finales de diciembre último los pronósticos económicos para Cuba no eran para nada alentadores, ahora con los recientes acontecimientos en Venezuela, uno de los principales aliados estratégicos del régimen en la isla, este 2026 podría ser mucho más catastrófico de lo que se había pensado.
A muy pocas horas del operativo que culminó este 3 de enero con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por tropas élites de Estados Unidos, el secretario de Estado, Marcos Rubio, advertía en rueda de prensa, junto al mandatario Donald Trump, que «si yo estuviera en el gobierno de La Habana, estaría preocupado».
Dos días después, el presidente Trump señalaba a periodistas que lo acompañaban en el Air Force One que no sabía si en Cuba iban «a resistir», porque todos los ingresos «venían de Venezuela, del petróleo venezolano», en referencia a un posible colapso del país, con una significativa dependencia energética de Caracas, tanto para la generación de electricidad como para servicios primordiales en la isla, que podría implicar, además, un golpe mortal a la economía nacional, aunque hoy aún no se sabe si la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, cederá a las presiones de Washington para cortar totalmente los suministros energéticos venezolanos hacia La Habana.

El economista e investigador, Omar Everleny, comentó a El Estornudo que «aún sin tener en cuenta lo de Venezuela» ya el panorama era «muy desolador para todos». «Cuba está atravesando su peor momento», apuntó el exdirector del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana, quien aseguró que tampoco en este este año se verán mejorías que impacten en la mesa y los bolsillos de la ciudadanía, ya que seguirán siendo crónicos los apagones, la escasez de alimentos, la inflación y la falta de medicamentos para una población que se enfrenta, además, a la convergencia de varias epidemias en el país.
También Everleny tiene en cuenta que la economía cubana decreció en un cuatro por ciento o más en 2025 y, sin embargo, solo se planifica un crecimiento del uno por ciento para 2026. «Eso significa que vamos a retroceder, porque para contrarrestar lo que pasó el año anterior deberíamos crecer un seis o siete por ciento en este año. Tampoco creo que las recientes medidas del gobierno vayan a cambiar la situación económica que tiene Cuba en estos momentos. Son muy concentradas en la esfera financiera y lo que verdaderamente puede eliminar las distorsiones es reactivar la capacidad productiva del país».
Por su parte, desde la última sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, a mediados de diciembre pasado, el ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso, admitía que en 2026 iba a persistir el «complejo escenario» económico que ha vivido el país en los últimos cinco años, período en el que PIB se ha contraído en un 11 por ciento; además de las «amenazas» y «riesgos», con tensiones que pueden agravarse, que implica estar bajo una «economía de guerra».
El «efecto Maduro» en el petróleo venezolano
A casi una semana de la detención del presidente venezolano, aún están por verse los verdaderos impactos en Cuba con su salida del poder, ya que, según los expertos, estos dependen del control que pueda tener el gobierno de Trump sobre la industria petrolera estatal de Venezuela, a la que le están exigiendo la entrega de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad.
En los tiempos de la presidencia del fallecido Hugo Chávez, la isla recibía unos 90 mil barriles de petróleo diarios (bpd), aunque con los años esa cifra se fue reduciendo. Entre enero y noviembre del año pasado, Venezuela envió un promedio de 27 mil bpd a Cuba, según análisis realizados por la agencia Reuters de los datos de envío y documentos de la petrolera estatal venezolana PDVSA.
La entrega de crudo venezolano a la isla se ha basado en acuerdos bilaterales de cooperación, a cambio del trabajo de más de 20 mil cubanos en sectores estratégicos como la Salud, el Deporte y la Seguridad Nacional, principalmente.
No obstante, este último miércoles, la presidenta encargada de Venezuela insistió en que su gobierno mantendrá sus vínculos económicos con Estados Unidos, a pesar de la operación militar que dejó «una mancha en nuestras relaciones que nunca había ocurrido en nuestra historia».

Para Rodríguez, ese vínculo económico no solo persiste, sino que es fundamental para su país. «No es extraordinario ni irregular que ambos países mantengan acuerdos en materia económica», comentó la actual mandataria, quien dejó bien claro que Estados Unidos será un socio comercial importante para Venezuela, aunque no existen vínculos diplomáticos entre ambos países desde 2019.
Asimismo, comentó que «el 71 por ciento de las exportaciones venezolanas está concentrado en ocho países, y de ese 71 por ciento, el 27 por ciento el destino es Estados Unidos». «Venezuela está abierta a relaciones energéticas donde todas las partes estén beneficiadas, donde la cooperación económica esté muy bien determinada en contratos comerciales, esa es nuestra postura», apuntó Rodríguez en su intervención, interpretada también como un espaldarazo indirecto a las exigencias de Trump, quien no la ha dejado de presionar para que Caracas cese sus relaciones con China, Rusia, Irán y Cuba.
«Las relaciones económicas de Venezuela están diversificadas en distintos mercados en el mundo, como están diversificadas nuestras relaciones geopolíticas. Y así debe ser, es lo correcto. Venezuela debe tener relaciones con todos los países de este hemisferio, como las debe tener con Asia, con África, con Oriente Próximo, con Europa», abundó la presidenta encargada, al mismo tiempo que PDVSA confirmaba que se habían iniciado las negociaciones para venderle a Estados Unidos los millones de barriles de crudo que han estado exigiendo.
A las puertas de una verdadera catástrofe económica y humanitaria
El economista cubano, Miguel Alejandro Hayes, comentó a El Estornudo que para entender el posible impacto en la economía cubana ante un posible cierre de la tubería petrolera venezolana hay que tener en cuenta que el 76 por ciento de la producción de electricidad en Cuba lo generan las termoeléctricas, las cuales se alimentan en un 44 por ciento del petróleo mexicano y de un 40 por ciento del combustible bolivariano, además del crudo pesado nacional.
También, dijo, que para ver ese posible impacto existe un grupo de variables claves a tener en cuenta como el PIB, inflación de alimentos, costo de transporte, consumo de hogares, aumento del gasto en comida y movilidad, principalmente.
Hayes explica que, para proyectar el efecto en estas variables, existen modelos teóricos medianamente establecidos en economía, con un sólido sustento lógico. «Los resultados obtenidos, para una caída del 40 por ciento de la disponibilidad de combustible, indican la caída del PIB en un 27 por ciento; inflación de alimentos alrededor del 60 por ciento; aumento del costo del transporte en un 75 por ciento; caída del consumo de hogares en casi un 40 por ciento y reducción del 40 por ciento de la movilidad. Se trataría de una verdadera catástrofe económica y humanitaria. Ni siquiera es comparable con lo vivido en el período especial», concluye.
También el economista cubano Pável Vidal alerta en su más reciente análisis sobre la macroeconomía cubana que las presiones de EE. UU. sobre un régimen venezolano debilitado y sin Maduro podrían implicar un desmantelamiento acelerado de las relaciones comerciales y financieras con Cuba. «Ello representaría un golpe devastador para la economía cubana, que ha estado en caída libre desde 2020 y que no tiene capacidad para sustituir estos flujos, en especial, las necesidades de petróleo», apunta el profesor de la Universidad Javeriana de Cali, Colombia.

Asimismo, aseguró que ahora el escenario macroeconómico y financiero cubano depende de un complejo ajedrez geopolítico que se ha alterado después de la incursión militar estadounidense en Venezuela. «La experiencia cubana de los años noventa muestra los efectos extremadamente negativos que tuvo sobre el PIB, la balanza de pagos, el déficit fiscal, el consumo de los hogares, la inflación y la tasa de cambio informal el cese de las relaciones comerciales con la URSS. En la actualidad, el daño económico y social derivado de un choque similar sería incomparablemente mayor, debido a condiciones de partida mucho más desfavorables”, argumenta, además, el académico.
Por su parte, en recientes declaraciones, el investigador Jorge Piñón, director del Programa de Energía para América Latina y el Caribe de la Universidad de Texas, advirtió que Cuba puede enfrentar un colapso económico de gran magnitud si pierde el suministro energético venezolano, aunque aclaró también que probablemente el gobierno de Estados Unidos prefiera evitar una crisis paralela en la isla, en lo que encamina la situación política en Caracas, y puede que mantenga por un tiempo los envíos de crudo hacia La Habana.
De acuerdo con este experto, Cuba carece de capacidad significativa de almacenamiento de combustibles y de existir una interrupción abrupta del combustible bolivariano habría consecuencias inmediatas, ya que habría serias afectaciones en los suministros de diésel, gasolina, gas licuado (GLP) para cocinar y el funcionamiento de los grupos electrógenos.
Todo ello con la agravante, según Piñón, de que el margen de maniobra del gobierno cubano es mínimo porque «no tienen efectivo, no tienen dinero, así que no pueden salir a los mercados internacionales europeos y comprar diésel o gas licuado». «Cuba está básicamente en bancarrota», añadió.
A su vez, comentó que tampoco ve cómo otros aliados podrían salir al rescate del país ante una eventual pérdida del petróleo venezolano. Según sus análisis, Rusia solo envía un tanquero aproximadamente cada trimestre; y otros productores como Angola, Argelia, Brasil o Colombia tampoco han mostrado disposición para suplir el vacío del crudo bolivariano.
«Yo no veo quién puede venir, el caballo blanco que pueda salvar a Cuba de una situación como esta, si es que pierden el suministro venezolano (…) Si ellos pierden esos 35 mil barriles de Venezuela, básicamente es el gran colapso de la economía cubana», concluyó el experto, quien también recordó que México bajó sus niveles de envíos hacia Cuba y que de 22 mil bpd ahora manda siete mil bpd.
No obstante, un reciente análisis del Financial Times señala que, en el último año, México se convirtió en el principal proveedor de petróleo de Cuba, según datos del organismo industrial Kpler, una empresa global de tecnología y análisis que proporciona herramientas de inteligencia comercial en tiempo real para los mercados de materias primas y transporte marítimo.
México exportó en 2025 un promedio de 12 mil 284 bpd a Cuba, alrededor del 44 por ciento de las importaciones totales de crudo de la isla y un aumento del 56 por ciento en sus envíos de 2024, de acuerdo con los datos de Kpler. Mientras, Venezuela exportó nueve mil 528 bpd, equivalente un 34 por ciento, un porcentaje similar al del 2024, pero un 63 por ciento menor a lo enviado durante 2023.
Por su parte, en el último año, Rusia proporcionó alrededor del 15 por ciento de las importaciones de crudo de Cuba, y Argelia agregó alrededor del seis por ciento, según Kpler.
Este último miércoles, en su habitual conferencia matutina, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum negó que su país haya incrementado el envío «histórico» de petróleo hacia Cuba, aunque admitió que México se ha convertido en un proveedor importante de crudo para la isla.
«Ayer pregunté a Pemex y no me mandaron el dato exacto, pero no se está enviando más petróleo del que se había enviado históricamente. No hay un envío particular», afirmó Sheinbaum tras cuestionamientos sobre si su administración había aumentado los volúmenes de crudo para Cuba. El suministro de petróleo mexicano es parte de contratos previos, de «ayuda humanitaria», y «dentro de un marco legal como país soberano», afirmó la mandataria.
Los acuerdos históricos entre ambos países, algunos de los cuales datan de décadas atrás, han incluido condonación de deuda y cooperación energética desde administraciones anteriores, recalcó Sheinbaum, quien ha dejado clara la postura defensiva de su gobierno hacia Cuba, en la víspera de una probable catástrofe económica y humanitaria, si de una buena vez se cierran las tuberías del petróleo venezolano que ha mantenido a flote a la isla.
