Saily González Velázquez, una emprendedora cubana de 34 años, alta, menuda, de buen gusto, se ha puesto a pensar en su apartamento de Washington DC cuál sería la Santa Clara a la que le gustaría volver, el día en que Cuba esté finalmente libre de castrismo. O cómo ella, exiliada hace cuatro años, ayudaría a reconstruir un país que atraviesa una de sus peores crisis desde hace casi siete décadas. En ese territorio de sus sueños, los ríos Bélico y Cubanicay, alrededor de los cuales «hoy se concentra mucha pobreza y criminalidad», estarían saneados, rehabilitados y convertidos en vistosos paseos para los locales; habrían centros de capacitación para mujeres, sobre todo aquellas víctima de violencia doméstica; también instalaciones extraescolares para el desarrollo de capacidades en niños, y lo que viene siendo uno de sus mayores deseos, la creación de una finca agroecológica en el lugar donde creció, La Sakenaf, que pueda ofrecer empleo, ingresos y «sentido de futuro a la comunidad».
«Cuando imagino Santa Clara, no la imagino como una postal bonita, sino como un lugar donde la gente tenga oportunidades reales», dice Pérez. En eso estaba trabajando cuando tuvo que abandonar el país en 2022, después de ser tachada y tratada como disidente tras su participación en las protestas masivas que, un año antes, resultaron una amenaza inédita para el Gobierno de Miguel Díaz-Canel. La joven había fundado Amarillo B&B, un café que ofertaba tacos a los residentes de Santa Clara. Luego inauguró Amarillo Coworking, un espacio para el trabajo compartido entre profesionales en La Habana. Más tarde vino FullGao, un proyecto de formación para emprendedores del sector de la hospitalidad. El próximo plan era la finca agroecológica, que nunca pudo ser.
Desde inicios de este año, ha vuelto a resucitar entre los cubanos la idea de recobrar un país, y en el exilio no pocos se replantean cuál es ese país al que estarían dispuestos (o no) a regresar. La captura de Nicolás Maduro en un operativo estadounidense donde fallecieron 32 militares cubanos ha hecho que muchos se pregunten si Cuba será el próximo objetivo de Washington, a pesar de que los políticos estadounidenses parecen tener otra estrategia con La Habana en la misión de desestabilizar al régimen. «No cabe duda de que sería un gran beneficio para Estados Unidos que Cuba dejara de estar gobernada por un régimen autocrático», dijo recientemente el secretario de Estado, el cubanoamericano Marco Rubio. «Nos gustaría, pero eso no significa que vayamos a provocar un cambio, aunque nos encantaría verlo».
Se ha dicho que el gobierno de Estados Unidos estaría buscando a la persona ideal en La Habana para una posible negociación. Se ha filtrado la idea de que Donald Trump se encargue del país antes de fin de año. Se han difundido creaciones de la Inteligencia artificial con un Starbucks o un McDonald en el lugar donde ahora habría un edificio en peligro de derrumbe. Se ha jugueteado, además, con la idea de que Rubio sea el próximo presidente de isla, mientras Trump camina con un habano por las calles asfaltadas de La Habana Vieja. Pero hasta hoy, lo cierto es que Trump ha dicho que no planea una intervención como la que mandó ejecutar en Caracas, sino apostar por la «emergencia nacional», por una asfixia económica que deje al país desprovisto de los 35 mil barriles de petróleo diario que llegaba desde Venezuela, presionar a México para que corte los envíos de casi 20.000 barriles diarios de parte de la empresa estatal Pemex y multar con aranceles más alto a las naciones que se atrevan a mantener con combustible el gobierno de los Castro. El líder republicano también instó al régimen a llegar a un acuerdo «antes de que sea demasiado tarde».
Pérez sería una de esas que, de haber un nuevo escenario, tomaría un vuelo de regreso a recomponer el país. «Yo volvería a vivir en esa Santa Clara que imagino. No para descansar, sino para reconstruirla. Esa ciudad que proyecto no es una fantasía, es una posibilidad si algún día Cuba deja de estar gobernada por una dictadura y las personas pueden, por fin, ser y hacer».
La emprendedora cree que cualquier proyecto en Cuba tiene que poner a las personas en el centro. «Cuba no solo vive una crisis de alimentos, de energía o de infraestructura. Vive también una crisis cívica: generaciones enteras que nunca han tenido la posibilidad de pensar en términos de derechos, ciudadanía y democracia porque están atrapadas en la urgencia de sobrevivir. Y eso solo se cambia creando oportunidades concretas para la gente común. La Santa Clara que yo dejé ya no existe. Y la de hoy es aún más dura».
Cualquier nuevo proceso por el que atraviese la isla en un futuro tendrá obligatoriamente que contar con el apoyo de los exiliados. Pero, ¿cuántos cubanos están dispuestos a empacar y regresar al país donde lo dejaron todo? ¿Cuántos a abandonar, sin certezas, el lugar al que emigraron? ¿Quienes virarían a volver a habitar sus casas, sus barrios y sus playas? ¿Cuántos a emprender o a restaurar un territorio prácticamente devastado? ¿Quiénes apostarían por un nuevo proyecto de país?

«Yo, si acaso, iría a visitar a la familia»
Jessy Ramírez Echeverría, una cubana de 26 años que estudió Medicina en La Habana y es auxiliar en una clínica de Miami, cree firmemente que no todos estarían dispuestos a regresar a vivir en Cuba, «sino solo a pasar vacaciones o estar con su familia». «En lo personal, aunque cambiara el régimen, yo por lo menos no volvería para quedarme a vivir allá, porque es muy difícil empezar de cero en cualquier lugar, aunque haya sido tu país natal y conozcas todo», asegura.
Hoy vive en Kendall y, además de sus labores en la clínica, trabaja en un restaurante de la ciudad. Se ha puesto a pensar cuánto tardaría volver a recobrar un país en ruinas. «Supongamos que cambia mañana, que se acabaron los Castro, pero cuánto demora que alguien vaya al poder, que puedan reconstruir todo, porque tienen que desarmarlo todo y empezar de cero. Aun así, yo no volvería a mi país. Yo, si acaso, iría a visitar a la familia, pasar vacaciones, pero no para volver de nuevo, la verdad que no».
Hay días en que Echeverría siente nostalgia del lugar en que nació, pero cree que hay una barrera entre lo que es y lo que fue. «Yo creo que mi generación tampoco volvería a vivir ahí, a lo mejor me equivoco, y hasta puede que haya gente que regrese. Yo allá no socializaba mucho y siempre sentí que no pertenecía, por eso no siento mucha empatía con la idea de regresar. Solo espero que mejore el país junto con los que quedan allá para que no sufran má».

«Definitivamente no volvería»
Yoanny Puentes Serrano salió de Cuba con 51 años, después de tres décadas dedicada a una profesión como la enfermería. Hoy, que trabaja en una tienda de productos de belleza en la alcaldía de Iztapalapa, en la Ciudad de México, puede decir que ha podido «lograr lo que en Cuba no pude, siendo una profesional».
El día en que decidió dejarlo todo en Pinar del Río e irse del país, fue para estar más cerca de sus hijos. «Me separé de ellos cuando mi hija tenía 16 años y mi hijo 19. Ahora tienen 23 y 26 años. He estado mucho tiempo lejos de ellos, de su calor, de todas esas cosas y necesidades que tenemos de estar juntos».
Por eso hoy, como sus hijos, Serrano está convencida de que no habría una vuelta al país del que se fue. «No, definitivamente no volvería. La familia de allá se extraña, eso fue algo que nos puso a pensar a la hora de salir del país, que no podríamos visitarlos ni estar ahí si se enferman. Pasamos por muchas situaciones, por las que nunca pensamos que íbamos a pasar. Hay quienes perdieron la vida tratando de emigrar, y todo eso lo ha ocasionado el mismo sistema de Cuba, el de los Castro».
Incluso en un contexto diferente al que dejó atrás, esta enfermera ya no encuentra motivos para un retorno. «Aunque haya cambios, implicaría un gran tiempo para ver buenas condiciones en el país, y aquí tenemos todo lo necesario», sostiene. «Ojalá Dios permita que vengan cambios, porque el pueblo cubano los necesita, porque hay un sinnúmero de necesidades económicas y de todo tipo y hasta hay personas que mueren por falta de medicamentos. Mis hijos tampoco tienen deseos de volver. Sí extrañan la parte de la cultura, de nuestras comidas, las amistades, la familia, pero ellos tienen bien establecidas sus vidas en el país donde están y no quieren regresar. Quieren estar en un sitio donde les den posibilidades de vivir como personas. De vivir libres, que en Cuba hasta ahora no se vive libre”.

«Si pudiera regresar con dinero para invertir, qué mejor que en nuestro país»
Tiene 27 años y vive en Houston, Texas. Alexei Moreno Pelegrín, que era un campesino dedicado a la ganadería en Yateras, Guantánamo, cree que, de haber una caída del «régimen dictatorial» cubano, qué mejor país para vivir y emprender un negocio que el suyo. «Todo migrante quiere regresar a su país», dice. «Si uno pudiera virar con dinero para poder invertir, qué mejor que en nuestro país».
No obstante, no hay una posibilidad de regreso para él mientras permanezca la misma cúpula de poder en La Habana. «No, mientras esté esa tiranía brutal, que ha dañado a muchas familias durante más de 60 años y ha hecho sufrir al pueblo de Cuba. La mayoría de los jóvenes hemos emigrado por la opresión que allí se vive, porque no hay libertad de expresión, porque no hay estabilidad, porque cada día es más difícil vivir ahí. Yo espero que ese sistema que nos ha humillado tanto llegue a su fin, y en ese caso, yo sí viraría para atrás para invertir en mi país. Lógicamente, en un país donde haya elecciones democráticas, libre de comunismo. Yo espero que con el mandato de nuestro presidente, Donald Trump, esa dictadura llegue a su fin”.

«Mi idea es ir allá y regresar a Estados Unidos»
Un vuelo de Tampa a La Habana dura no menos de una hora y treinta minutos. «Si se cayera el socialismo, mi idea es ir allá y regresar a Estados Unidos», cuenta Luis Medina, de 57 años. «En Cuba yo tengo, gracias a una fortuna que logré de mi abuelo, un negocio y una finca, pero yo nunca voy a dejar Estados Unidos. Siempre voy a ir y venir. Mi idea es ir a atender los negocios y vivir acá, cuando todo sea como antes, que se podía ir sin problema ninguno desde Cuba a almorzar en Estados Unidos. Esa es mi forma de pensar. Dios nos oiga para que se caiga ese comunismo y yo salir ahora mismo para allá».
«Si ese fuera un país parecido a este, entonces sí fuera para allá»
Clara Torres —quien ha pedido cambiar su identidad— podría enumerar las razones que tiene para recoger sus cosas en Tapachula, México, e irse a su natal Holguín. «En caso de que cambiara la dirección del gobierno, yo sí lo haría. Lo haría porque tengo allá a familiares muy queridos. Principalmente mi madre y mis primas. Tengo unos buenos compañeros de trabajo, que son parte de mi vida, porque me hicieron crecer en la universidad donde me gradué, donde obtuve mis títulos y un día quisiera volver nuevamente a compartir con todos ellos», asegura Torres, Licenciada en Cultura Física. «Si eso fuera un país parecido a este, en el que con tu salario puedes comprar comida, pagar tu renta y comprarte las cosas necesarias para vivir, entonces sí fuera para allá».
Aunque Torres piensa así, sus hijas, por el contrario, no creen que haya un regreso para ellas. «Dicen que no, pues les tocó vivir muy malos momentos. Los adolescentes de estos tiempos no pudieron vivir lo que vivió nuestra generación, la de mi edad, porque realmente nosotros sí pudimos vivir una etapa donde Cuba era un lugar en el que se podía comer, vivir felizmente, cuando teníamos el apoyo de la Unión Soviética y de varios países. Nosotros sí logramos disfrutar de aquella Cuba linda que valía la pena, pero en el caso de estos jóvenes, que les tocó vivir una de las etapas más malas, tienen otro criterio. Mis hijas solo irían de visita».
(En este artículo trabajaron las periodistas Katia Monteagudo y Carla Gloria Colomé)

¿Volver a Cuba, Miss Melania? ¿Sabe lo que dice usted? Hay que venir de algún sitio para regresar luego a él. El que se mueva ahora no sale en la foto.