El presidente Donald Trump declaró a Cuba como «una amenaza inusual y extraordinaria» contra la seguridad y la política exterior de Estados Unidos e impondrá aranceles a los países que le vendan o suministren petróleo, tras firmar este jueves una Orden Ejecutiva que da luz verde a su política de «máxima presión» para provocar un cambio de régimen en la isla antes que concluya 2026, luego de la captura del mandatario venezolano, Nicolás Maduro.
La nueva estocada de Trump argumenta que «las políticas, prácticas y acciones del gobierno de Cuba están diseñadas para perjudicar a Estados Unidos y apoyar a países hostiles, grupos terroristas transnacionales y agentes malignos que buscan destruir a la nación americana».
Además, apunta que es «necesario y apropiado» establecer un sistema de aranceles contra los productos de los países extranjeros que proporcionen directa o indirectamente suministros de petróleo a Cuba.
También faculta al Secretario de Estado y al Secretario de Comercio a tomar todas las medidas necesarias, incluyendo la emisión de normas y directrices, para implementar el sistema arancelario y las medidas relacionadas.
Este apretón de tuerca eleva el nivel del endurecimiento de las políticas de Washington contra La Habana y en sintonía con advertencias previas de Trump de que el país caribeño ya no iba a recibir «ni petróleo ni dinero venezolano», si el régimen no accedía a negociar un cambio.
La medida establece mecanismos para aplicar sanciones comerciales, mediante aranceles, a los países que suministran petróleo a Cuba, una acción que podría hundir aún más a la economía nacional y elevar la precariedad de los cubanos.
Esta nueva herramienta legal de la Administración Trump refiere que «las políticas y acciones del Gobierno de Cuba representan una amenaza inusual y extraordinaria», por lo que acusa a La Habana de colaborar con «actores malignos» como Rusia, China, Irán, Hamas y Hezbollah.
La Casa Blanca afirma que la isla «alberga adversarios peligrosos», facilita infraestructuras para la inteligencia rusa y china, y ofrece refugio a organizaciones terroristas.
También sostiene que el régimen comunista «desestabiliza la región mediante la migración y la violencia», y comete violaciones sistemáticas de los derechos humanos.
«Estados Unidos tiene tolerancia cero con las depredaciones del régimen comunista cubano», advierte la orden.
Esta decisión llega en medio de la mayor crisis energética del país, con continuas caídas del Sistema Electroenergético Nacional y apagones prolongados, además de la paralización productiva y dependencia mayoritaria del petróleo que se importa, principalmente de Venezuela y México, para la generación de electricidad, el transporte, la cocción de alimentos en los hogares, entre otros servicios primordiales.
En este momento Cuba se encuentra en un estado de máxima fragilidad energética, con una dependencia casi absoluta del petróleo importado, ya que el hidrocarburo nacional tiene una importancia estratégica muy limitada en la producción local de energía, por ser un crudo pesado escaso y de mala calidad.
Además de la presión económica y energética contra la isla, la Orden Ejecutiva pretende un mayor aislamiento comercial y diplomático de Cuba, e intenta profundizar la crisis generalizada del país, que conllevará más escasez de alimentos y medicinas, elevará aún más la inflación y acentuará el colapso de los servicios públicos y el descontento social.
Esta declaración de emergencia nacional sobre Cuba —continuidad de la declarada el 1ro de marzo de 1996, tras el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate— amplifica la presión económica y diplomática sobre la isla y terceros países, con un impacto inmediato en las importaciones de combustible, la economía doméstica, las relaciones internacionales y regionales y el bienestar de los residentes en el país, ahora bajo doble fuego y con reservas mínimas para seguir sobreviviendo.
La reacción de La Habana a la medida, hasta el momento, no ha sido tan contundente y masiva como en ocasiones previas de máxima tensión con Estados Unidos. Solo el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, salió este jueves en horas de la noche, desde su perfil de X, a calificar la medida como un «brutal acto de agresión» y una operación política basada en «mentiras» y «chantaje» internacional.
«Condenamos en los términos más firmes la nueva escalada de Estados Unidos contra Cuba», apuntó el ministro cubano de Relaciones Exteriores, quien negó que el país fuera un actor desestabilizador en la región o una real amenaza para sus vecinos.
«Estados Unidos recurre también al chantaje y la coerción, para tratar de que otros países se sumen a su universalmente condenada política de bloqueo contra Cuba, a los que, de negarse, amenaza con la imposición de arbitrarios y abusivos aranceles, en violación de todas las normas del libre comercio», apuntó Rodríguez Parrilla, quien insistió en que la nueva acción es un «brutal acto de agresión» contra un país que «durante más de 65 años se ha sometido al más prolongado y cruel bloqueo económico jamás aplicado contra toda una nación y al que ahora se promete someter a condiciones de vida extremas».
Tras la reacción de Bruno Rodríguez, el congresista cubanoamericano, Carlos Giménez, le replicó en el propio mensaje que «lo del presidente Trump no es un juego. Él cumple su palabra. Les queda poco. Esto es hasta el final».
En la mañana de este viernes, finalmente, el gobernante Miguel Díaz-Canel también se expresó al respecto.
«Bajo un pretexto mendaz y vacío de argumentos, vendido por quienes hacen política y se enriquecen a costa del sufrimiento de nuestro pueblo, el Presidente Trump pretende asfixiar la economía cubana imponiendo aranceles a países que soberanamente comercien petróleo con Cuba», apuntó Díaz-Canel en su perfil de X.
«¿Acaso no decían el Secretario de Estado y sus arlequines que el bloqueo no existía? ¿Dónde están los que aburren con sus falsas historias de que es un simple embargo en el comercio bilateral?», añadió en su mensaje, en el que calificó la medida como «fascista, criminal y genocida», proveniente «de una camarilla que ha secuestrado los intereses del pueblo estadounidense con fines puramente personales».
Un reciente análisis de diario británico Financial Times señaló que México se convirtió en 2025 en el principal proveedor de petróleo de Cuba, de acuerdo con los datos de Kpler, una empresa global de tecnología y análisis que proporciona herramientas de inteligencia comercial en tiempo real para los mercados de materias primas y transporte marítimo.
Según esas estadísticas, México exportó en el último año un promedio de 12 mil 284 bpd [barriles por día] a Cuba, alrededor del 44 por ciento de las importaciones totales de crudo de la isla y un aumento del 56 por ciento en sus envíos de 2024. Mientras, Venezuela solo envió nueve mil 528 bpd, equivalente a un 34 por ciento, un porcentaje similar al del 2024, pero un 63 por ciento menor a lo enviado durante 2023.
Por su parte, en el último año, Rusia proporcionó alrededor del 15 por ciento de las importaciones de crudo de Cuba, y Argelia agregó alrededor del seis por ciento.
El martes último, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, aclaró que continuará el envío de petróleo y otras cosas como «ayuda humanitaria» a Cuba, y dijo que Petróleos Mexicanos (Pemex) determinaría sobre otros envíos de crudo mediante contrato.
No obstante, este viernes amplió la postura de su gobierno en su habitual conferencia de las mañanas. La mandataria informó que había instruido a su Secretario de Relaciones Exteriores establecer comunicación inmediata con el Departamento de Estado para conocer el alcance preciso del decreto de Trump sobre Cuba.
Sheinbaum destacó la preocupación por una posible crisis humanitaria en la isla y defendió como principios de la política exterior mexicana la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, así como el respeto al derecho internacional.
Aseguró entonces que, «en línea con su tradición histórica de solidaridad», México buscará alternativas para ayudar al pueblo cubano, que «atraviesa un momento difícil, aunque, dejó claro, «sin poner en riesgo al país en términos de posibles aranceles».
La mandataria advirtió que con la imposición de esos aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba se podría desencadenar una crisis humanitaria de gran alcance que afecte servicios básicos como hospitales y alimentación. «Esta situación debe evitarse mediante el respeto al derecho internacional y el diálogo», argumentó.
Por el momento no se conocen otros proveedores de crudo para la isla. Expertos afirman que ya sin el petróleo venezolano, Cuba podría sufrir un colapso económico mucho mayor que el del Período Especial, cuando la extinta Unión Soviética cortó sus suministros energéticos. Pero ahora el gobierno de Estados Unidos va por todo el combustible que pueda enviarse a la isla.
Cálculos preliminares, realizados por el economista e investigador cubano Miguel Alejandro Hayes sobre el impacto del cierre del petróleo venezolano para Cuba, refirieron que sin esa sola disponibilidad de crudo la caída del PIB en 2026 podría ser de un 27 por ciento; la inflación de alimentos se incrementaría en un 60 por ciento; el costo del transporte se elevaría un 75 por ciento; la caída del consumo en los hogares estaría en un 40 por ciento, además de la reducción del 40 por ciento de la movilidad.
«Se trataría de una verdadera catástrofe económica y humanitaria. Ni siquiera es comparable con lo vivido en el Período Especial», afirmó Hayes a El Estornudo.
