El presidente Miguel Díaz-Canel, retomó su impenitente discurso de continuidad, resistencia y sacrificio para los cubanos durante una comparecencia especial en que se esperaban respuestas más concretas en plena escalada de la crisis energética, económica y social del país tras las recientes medidas anunciadas por la administración Trump para promover un cambio en la isla.
Tras el ataque estadounidense sobre Caracas y la “extracción” de Nicolás Maduro, y bajo creciente presión de la Casa Blanca, el gobernante cubano admitió que su gobierno está dispuesto a mantener diálogo sobre cualquier tema con Estados Unidos, a fin de construir una relación «civilizada» y «de beneficio mutuo». Pero no dijo que ambos países estuvieran conversando por el momento.
Este jueves, el intercambio sostenido mayormente con la prensa oficialista fue calificado por usuarios que lo siguieron en tiempo real por el canal de YouTube de la Presidencia de Cuba como «más de lo mismo» o «pura muela». Nada nuevo para aliviar la actual crisis multidimensional en la isla.
Díaz-Canel aseguró en que Cuba se prepara para «tiempos más difíciles» debido al agudo desabastecimiento de petróleo que enfrenta desde finales de 2025. Sin concretar detalles, afirmó que su gobierno seguirá «directivas» para enfrentar la contingencia energética a partir de las políticas implementadas por Fidel Castro, hace más de 30 años, durante el Período Especial. Por supuesto, adelantó que ello va a «demandar esfuerzo», es decir, organización, ahorro y disciplina.
«Vamos a vivir tiempos difíciles. Estos, en particular, son muy difíciles», enfatizó el mandatario, enarbolando como estrategia de salvación una actualizada «Opción Cero». «El bloqueo naval a Venezuela empezó en diciembre; por lo tanto, desde esa fecha no se recibe combustible».
La escasez agravada de crudo no solo afectaría la generación eléctrica, sino también otras «actividades básicas que tienen que ver con la población», explicó más adelante. Es por eso que, desde su punto de vista, el país debería «sostenerse con fuentes de energías propias», sin renunciar a abastecerse de crudo desde el exterior.
«Para que no nos asfixien hay una estrategia, un programa y habrá nuevas medidas», recalcó. «Algunas son restrictivas, pero hay cosas que tendremos que detener, posponer».
El también primer secretario del Partido Comunista de Cuba pidió una vez más al pueblo «confianza», y como prueba de competencia gubernamental habló de las inversiones en energía fotovoltaica que fueron ejecutadas en el último año, pese al lamentable desempeño general de la economía. Se habrían instalado más de mil megawatts (MW), aunque el resultado «aún no se percibe» justamente por el grave déficit de abastecimiento de otras fuentes energéticas. En todo caso, el presidente hizo notar que, si de día no hay tantos apagones como en las noches, eso se debe al aporte de unos parques solares.
Por otra parte, el aumento de los apagones en La Habana —a menudo privilegiada en comparación con el interior del país— respondería a un cambio de estrategia para priorizar, en vez del servicio directo a la población, algunos sectores económicos que prácticamente estaban paralizados (fábricas principales, el riego en la agricultura, etc.). «Si la economía no produce nos complicamos más y el impacto de los problemas energéticos es mayor en la vida de los cubanos», justificó.
Como es habitual en el discurso oficial cubano, Díaz-Canel se dio a la tarea de convertir el revés en victoria y consideró esta una buena oportunidad para comprender —como si crisis fuera un asunto reciente— que «el país tiene que ser capaz de sostenerse energéticamente con las fuentes de energía que nosotros poseemos […] nuestro crudo nacional pesado, las fuentes renovables, el aire, el agua, el sol, la biomasa y el biogás».
Acerca del deterioro de la situación con Estados Unidos, dijo que «las medidas coercitivas» obligan a trabajar más fuerte, y al mismo tiempo apeló al acompañamiento de países de izquierda, aliados y organizaciones internacionales.
Nada nuevo en cuanto a la posibilidad de conversar con Washington: «sin presiones ni condicionamientos previos», repitió Díaz-Canel, La Habana estaría dispuesta a tratar temas migratorios, de seguridad, lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, así como asuntos medioambientales y de cooperación científica.
«Cuba es un país de paz. No constituye una amenaza para Estados Unidos», declaró la cabeza visible del régimen castrista, y a continuación dejó claro que la isla «no está en estado de guerra», pero sí se han actualizado los planes de defensa «como parte del proceso de preparación» ante la «creciente agresividad» a nivel regional por parte del gobierno de Trump.
Fue esta la enésima ocasión para apelar a las consignas, a la unidad frente al enemigo externo: «Yo sé que la gente dice: otra vez sacrificio. Bueno, si no nos sacrificamos y si no resistimos, ¿qué vamos a hacer? ¿Nos vamos a rendir? Y nosotros hemos compartido que […] la rendición no es la opción de Cuba […] tenemos mucho que defender», proclamó Díaz-Canel, quien tampoco olvidó aludir a los héroes que en diferentes épocas dieron sus vidas por la patria y, en particular, a los 32 militares cubanos que el 3 de enero último murieron en Venezuela a manos de efectivos norteamericanos durante la captura de Nicolás Maduro.

