Al sumársele a su condición de negro la de migrante latino y repartero —una identidad forjada en los márgenes de los márgenes—, Chocolate MC pierde el derecho a la metáfora. El sistema no ve en él a un artista usando la hipérbole del género, sino a una amenaza literal.
No me acusen de nostálgico, el punto no es «antes fue mejor», sino repartir tareas. Las plataformas son excelentes para explorar y cartografiar; un dispositivo dedicado, en cambio, sirve para sostener la concentración. La alternancia es una estrategia y, en contextos de escasez documental, también una manera de entender el mundo.
No hay dudas de que la música cubana está viva: se produce, circula, se escucha. Pero esa vitalidad no basta para hablar de una industria. Lo que existe hoy es un conjunto inestable de prácticas y circuitos de producción informal: dispersos, improvisados, sostenidos por la energía individual y una circulación lateral de recursos. Los artistas crean con lo que tienen, se abren paso como pueden y rara vez logran cobrar a tiempo.
Cira, asustada, se fue de inmediato al cuarto de sus hijos; los encontró despiertos y les puso la mano en el pecho; estaban tranquilos, enmudecidos. Ahí se quedó con ellos. Enrique abrió los ojos, sobresaltado, y vio los flashes de luz: «¿Habrá explotado alguna fase eléctrica?». Ricardo creyó que los sonidos provenían de la serie de acción que estaba viendo, pero se levantó al baño, abrió la ventana, y se percató de los destellos.