Una Alternativa nicaragüense al imperialismo y la dictadura 

    El orden internacional se desestructura, revienta, colapsa. América Latina es una de las geografías que más absorbe ese embate. Actualmente la región atraviesa una de las crisis políticas más acentuadas de las últimas décadas y parece no existir una alternativa a la mano que alumbre como solución. Todo este lado del hemisferio se tambalea mientras se nota expectante. La actual administración estadounidense, de la mano del magnate Donald Trump, reescribe viejos pasajes decimonónicos y vive esta época con prepotencia imperial. Mientras, los viejos regímenes dictatoriales del área continúan aferrados a un supuesto discurso de resistencia antiimperialista que solo vibra en los ojos trasnochados del llamado «progresismo» y de quienes aún duermen en los laureles de un redoble soviético más que fosilizado. 

    Un coqueteo de extremos supuestamente enemistados es lo que dicta la narrativa política en este 2026. Para unos «el fantasma del comunismo», para otros el Leviatán que consume al mundo desde Washington. Entre tanto, millones de vidas existen al límite y cientos de miles más son sacrificadas entre bombas, hambrunas o las garras de algún tirano. Los discursos de odio crecen. La exclusión, la censura y la represión se imponen a los afanes democráticos en un territorio donde autoritarismos convenientes a las pretensiones de la Casa Blanca se presentan como la vía para alcanzar el futuro renovador que nos hará «grande otra vez». Dentro de esa ficción se vive y basta solo desplazarse por el vector político de los distintos poderes que rigen a este lado del Atlántico para encontrar reminiscencias de viejas pesadillas a las que se prometió no volver «nunca más».

    La propaganda vende solo dos opciones. Una dicotomía falaz que invisibiliza la resistencia de tantos grupos políticos en nuestro continente. «Izquierda vs derecha. Comunismo vs Capitalismo. Imperialismo vs dictaduras». Todo un relato diluido entre las tantas caras opresoras que pisotean a los pueblos. Mientras, quienes juraron ver la sangre de su enemigo teñir la tierra, negocian bajo la mesa el futuro de millones y se aferran a una narrativa que ni aplican ni les importa. En países como Cuba o Nicaragua, donde dictaduras autonominadas socialistas o de izquierda sostienen un performance antiimperialista, su «firmeza» merma ante las imposiciones de un pretendiente a emperador que promete devolver la democracia al mundo siempre que sea él quien la defina y la controle. Su mayor demostración ocurre actualmente en Venezuela

    Entre la opresión del imperialismo trumpista, la escalada de la extrema derecha en América Latina y la persistencia de la criminal dictadura de Ortega-Murillo, el colectivo nicaragüense Alternativa Anticapitalista construye un pedazo del futuro de su país y del continente. Con ocho años de lucha activa frente a los distintos enemigos de la dignidad popular, este grupo es un ejemplo de cómo enfrentarse de modo activo y constante a un régimen totalitario sin perder la perspectiva emancipatoria y revolucionaria que exige un presente plagado de discursos y políticas reaccionarias que anuncian un retroceso histórico. Para un escenario como el actual en Cuba, conocer la realidad política de países con regímenes similares ayudará a no aferrarse al juego de extremos que se impone como única verdad. Existen fuerzas transformadoras fuera del ficcionado binomio, y Alternativa Anticapitalista de Nicaragua es un ejemplo vivo. Para presentar la organización a los lectores cubanos, conversé con varios de sus miembros quienes prefirieron responder en colectivo. 

    Congreso en Buenos Aires de Alternativa Anticapitalista (en el exilio) y la Liga Internacional Socialista
    Congreso en Buenos Aires de Alternativa Anticapitalista (en el exilio) y la Liga Internacional Socialista / Foto: Cortesía de ANN

    ¿Cómo surge en medio de un contexto como el nicaragüense, permeado por una supuesta política dada al socialismo, un grupo de oposición de izquierda como Alternativa Anticapitalista? 

    El proyecto surge como necesidad frente a años de ausencia dentro de la juventud de alguna organización política enfocada en la construcción de un partido de oposición revolucionaria. Después de la desazón que significó el retroceso de la revolución y la hegemonía que ganó el orteguismo dentro del espectro de izquierda, ejercida a la fuerza por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), las ONGs fueron el espacio que más acercó a la juventud a la intervención social, pero siempre con límites políticos. 

    Durante el estallido social de 2018 eso provocó que la rebelión fuese canalizada de forma autoconvocada. Esto dio un impulso de legitimidad a la lucha por la gran desconfianza frente a los partidos existentes que venían siendo parte del statu quo, pero rápidamente paso a ser un factor que facilitó la influencia de sectores de los poderes fácticos y la derecha, tratando de aprovechar la oportunidad de montarse al caballo. Nos hacía falta una organización política independiente y construida desde abajo, que cuestionara toda la experiencia heredada. 

    Esta fue la principal conclusión que nos acercó entre compas de diversos colectivos. A raíz del intercambio de experiencias de otras personas exiliadas en Argentina, donde existía una campaña permanente desde el primer momento del estallido social de 2018, participamos de la conferencia fundacional de la Liga Internacional Socialista (LIS). En ese espacio se votó por una resolución que nos permitió tomar el impulso para fundar nuestra organización. De este modo nació Alternativa Anticapitalista como sección nicaragüense de la LIS. 

    Un gran número de antiguos militantes del FSLN, quienes combatieron contra el régimen asesino de Somoza, han sufrido en distinta medida la represión de la dictadura orteguista dado que resultaron una firme oposición a la centralización, verticalidad y al autoritarismo. ¿Cómo fue el proceso mediante el que se secuestró la revolución nicaragüense hasta convertirse en una tiranía militarizada como lo es hoy?

    Fue un camino largo, y reconstruirlo de forma crítica ha sido una de las primeras tareas a encarar como organización. Va siendo un trabajo donde nos hemos encontrado con mucha romantización del proceso, incluso de quienes adoptaron una posición crítica. En la web de la LIS podrían encontrar estos trabajos más desarrollados, pero lo resumiría así…

    Para nosotros el retroceso empezó desde la hora cero. El FSLN se valió del reconocimiento popular por 20 años de lucha guerrillera contra los Somoza, como de la figura de Sandino, para validar su programa en la lucha antiimperialista, pero incluso en su interior, desde el día del triunfo de la revolución en 19… existieron pugnas internas muy fuertes. Asimismo, su programa no era socialista y el método que se impuso a trabajadores y sectores populares fue la disciplina de la guerrilla donde la disidencia política era vista como desobediencia y en vez de pulsar el debate colectivo para la politización de las masas, se impuso la censura y la expulsión. Tal fue el caso de la brigada internacionalista Simón Bolívar que impulsó la corriente trotskista latinoamericana de la que provienen algunas de las organizaciones que conforman la LIS. 

    Ese fue el germen que permitió que se impusiera el pensamiento único, con la hegemonía del FSLN, que llevó adelante la política de conciliación de clase con la burguesía llamada patriótica y ejecutó muchísimos pactos de colaboración económica con Estados Unidos durante los primeros años. 

    También existió una política orientada por Fidel Castro que repercutió en la revolución centroamericana cuando recomendó que «Nicaragua no debía de ser la nueva Cuba», refiriéndose a la radicalización del proceso revolucionario, la expropiación de la burguesía y la nacionalización de los medios de producción, y que «El Salvador no debía ser la nueva Nicaragua», refiriéndose a que la guerrilla del FMLN de ese país debía de pactar la paz con su burguesía nacional afín a la política estadounidense y negociar espacios de poder parlamentario.

    El régimen de Ortega-Murillo en muchísimas ocasiones ha sido señalado, incluso por antiguos combatientes sandinistas, como la peor dictadura en la historia de Nicaragua. ¿Cuál es la postura de Alternativa Anticapitalista respecto a estos criterios? 

    Estos señalamientos encuentran base en las estadísticas de represión brutal, persecución y asesinatos transnacionales. Desde la izquierda crítica también sumamos el daño a nivel de conciencia de clase y antiimperialismo que ocasionó el régimen. Esos son incentivados también por la oposición de derechas y son el primer argumento que utilizan para intentar desacreditar a organizaciones como Alternativa…, valiéndose de la confusión política que han creado regímenes como el de Cuba, Venezuela y, por supuesto, el que analizamos en Nicaragua. Ese daño hace que nuestro trabajo político tenga el camino más sinuoso.

    Militantes de Alternativa Anticapitalista de Nicaragua y la Liga Internacional Socialista
    Militantes de Alternativa Anticapitalista de Nicaragua y la Liga Internacional Socialista / Foto: Cortesía de ANN

    La mayoría en Alternativa Anticapitalista vivió de un modo u otro los levantamientos populares del 2018 que hicieron tambalearse la estructura del régimen y que dispararon un proyecto represivo inmenso. ¿Qué significó ese año para la historia de Nicaragua? 

    Así es, todos participamos de distintas formas en el levantamiento popular y compartimos que 2018 fue un parteaguas para la política nicaragüense. Fue el despertar de una generación que dormitaba en el desinterés de la vida política, lo que significó un shock para todo el país. Al mismo tiempo la represión brutal hizo que se polarizaran más las relaciones sociales, provocando cárcel, exilio o muerte en números no despreciables. Una experiencia que ha marcado a muchos como resultado de habernos atrevido a enfrentar al poder. La única forma de mantenerse a salvo es vivir en una burbuja, casi autoimponiéndose una mordaza. 

    Aunque comparado con otros países con regímenes similares Nicaragua presenta una población de presos políticos discreta, esta no deja de ser alarmante para la construcción de un modelo democrático de justicia social. ¿Cómo describen la situación histórica de las personas presas de conciencia en Nicaragua desde el secuestro del poder político por el régimen actual? 

    Ortega y Murillo cumplieron 19 años en el poder, pero desde los ochenta el FSLN fue construyendo y consolidando un aparato de censura en el que se registraron asesinatos de referentes del propio FSLN que se atrevieron a criticar a Ortega y su círculo cercano. La existencia de presos políticos no siempre fue seguida o registrada como hoy. Incluso uno de los presos políticos que fue condenado, cumplió su condena hace años y no fue liberado. Hablamos de un excombatiente de las milicias del FSLN que se atrevió a reclamar ante el abandono del Partido y del Estado, pero no cobró relevancia internacional porque no le sirve a la derecha. A raíz del 2018 es que se multiplican por miles los detenidos y torturados, quienes en distintos momentos lograron amnistía o liberación con posterior deportación debido a presiones internacionales. Las condiciones dentro de las cárceles son infrahumanas, al punto de que han muerto varios presos políticos. Uno de ellos fue un excomandante de la revolución y responsable de la formación política del ejército popular sandinista en los ochenta y otro el propio hermano de Ortega, quien fue general del Ejército. 

    Hace algunos años Alternativa Anticapitalista, en colaboración con otras organizaciones internacionales como la Liga Internacional Socialista, realizó una acción histórica reconocida como «Caravana de Solidaridad por la Vida y la Libertad de las personas Presas Políticas en Nicaragua», que inició en Costa Rica y cuyo resultado influyó categóricamente en la liberación de centenares de personas que permanecían en las celdas de la dictadura. ¿Cuál fue el impacto de esta acción dentro del activismo nicaragüense? ¿Reconoció la izquierda internacional y/o la oposición de derechas el papel de su organización en este proceso?

    Así es, la caravana fue resultado de meses de organización que involucró a toda la LIS. Se impulsaron agitaciones callejeras, movilizaciones, charlas y reuniones organizativas con todos los colectivos participantes y movimientos, lo que provocó el respaldo de miles de personas. Incluso participamos junto a Madres de Plaza de Mayo, en Argentina, durante la conmemoración del golpe de Estado el 24 de marzo, y allí se denunció la situación de los presos políticos en Nicaragua. Eso nos dio un respaldo enorme y permitió que el impacto se multiplicara. 

    A nivel internacional logramos que el progresismo latinoamericano tuviera que opinar sobre Ortega y la existencia de presos políticos. Todo esto fue muy bien recibido, pero fue aún más satisfactorio el resultado de la articulación que llevamos adelante. Permitió principalmente que se reconociera la existencia de una izquierda crítica y opositora, que impulsa la lucha por cambios profundos, con un programa socialista democrático, que prioriza la unidad de acción y debate fraternalmente las diferencias, con el objetivo de lograr acuerdos que nos permitan avanzar en los objetivos comunes. 

    El progresismo a nivel internacional no se involucró, tuvo una posición más declarativa, y la derecha intentó descalificarnos, incluso boicotear. Pero nada de eso nos distrajo y el objetivo que se propuso el colectivo fue logrado con mucho mérito.

    Mohamet Pacheco, exestudiante nicaragüense exiliado y militante de la Alternativa Anticapitalista de Nicaragua, junto a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, en Buenos Aires
    Mohamet Pacheco, exestudiante nicaragüense exiliado y militante de la Alternativa Anticapitalista de Nicaragua, junto a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, en Buenos Aires / Foto: Cortesía de AAN

    Luego de la reciente intervención imperialista en Caracas y el secuestro del dictador Nicolás Maduro, el régimen del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) comenzó un proceso de liberación de personas presas políticas. Pocos días después el gobierno de Ortega-Murillo replicó la fórmula y excarceló a decenas de personas en situación similar. Desde Alternativa Anticapitalista han denunciado que esto no es más que una táctica de la dictadura para evitar tensiones geopolíticas. ¿Qué evidencias les hizo tomar tal postura ante lo que desde muchos sectores se anuncia como una esperanza?

    Luego de las primeras impresiones que a nivel popular reflejaban cierta alegría o esperanza de cambio, podemos decir que se fue aclarando rápidamente el panorama de pacto y negociación, donde los reclamos populares no tienen prioridad. Un método de Estados Unidos que se basa principalmente en la coerción económica con amenazas de asfixia que solo cae sobre el cuello de la clase trabajadora. El régimen de Ortega-Murillo hace tiempo que viene sufriendo de un proceso de implosión al interior de sus filas, valiéndose cada vez más de su política de terror al interior del país y de negociación con Estados Unidos. A pesar del avance de China en el campo económico, la dependencia de la economía nicaragüense de las exportaciones e importaciones desde y hacia Estados Unidos hace que ese canal de negociación siga abierto y tenga que dar concesiones frente a la presión internacional.

    Existe la opinión de que la influencia trumpista en Latinoamérica regala cierta esperanza de transformación a países que sufren dictaduras como es el caso de Nicaragua. Figuras como la recientemente galardonada con el Nobel de la Paz, la venezolana María Corina Machado, son factores claves para esta narrativa. Desde Alternativa Anticapitalista se denunció la injerencia estadounidense en los países de la región y el peligro que esto representa ante la peligrosa escalada de la extrema derecha protofascista principalmente en Estados Unidos, que además tiene una influencia altísima en países de nuestro continente. ¿Es realmente la injerencia una alternativa? ¿Busca el trumpismo derrocar tiranías como la de Ortega-Murillo? ¿Es Nicaragua una región de interés geopolítico como lo es Venezuela y sus inmensas reservas petroleras?

    Desde nuestra visión la injerencia no representa alternativa alguna, y si hay sectores populares que la toman como tal es porque se han quedado sin opciones frente a la desesperación. La «oposición» de derecha, que centró por años su actuar en organismos internacionales, tiene una gran responsabilidad en esa desesperación. Grave error. Nosotros no confiamos en los organismos internacionales. Desde el primer momento nuestra confianza está en el pueblo, en nuestra clase y el poder emancipador que con la lucha política puede llegar a construir. Cuando se habla del espíritu de la rebelión de abril 2018, podemos decir que es eso. El trabajo está en nuestras manos; no es fácil, es trabajo de hormiga que con paciencia y esfuerzo militante creemos poder lograr. 

    Por otro lado, les decimos a quienes ven esta medida desde la desesperación, que el trumpismo no busca derrocar ninguna tiranía. Para los incautos, basta con ver la forma en que impone su política dentro de Estados Unidos. El imperialismo y su reedición de la Doctrina Monroe lo único que busca es recuperar la influencia política en la región en beneficio de los cambios de su política económica interna. 

    Por último, Nicaragua cuenta con casi la mitad del país promocionado para la explotación de la megaminería. La oferta de territorio para la construcción del nuevo canal interoceánico que ha sido un deseo imperialista desde hace décadas. También es la cintura del continente, por donde pasan todas las mercancías que viajan desde el canal de Panamá hasta el norte. También, y no menos importante, para el imperialismo es la zona de contención para el tránsito de migrantes. Además, cuenta con la instalación de zonas francas de transnacionales que imponen regímenes laborales de semiesclavitud. 

    Elmer Rosales, Celeste Fierro, Mariano Rosa, Ariana McGuire y Mohamet Pacheco, militantes de la Liga Internacional Socialista
    Elmer Rosales, Celeste Fierro, Mariano Rosa, Ariana McGuire y Mohamet Pacheco, militantes de la Liga Internacional Socialista / Foto: Cortesía de AAN

    La mayoría de los miembros de Alternativa Anticapitalista se encuentran exiliados en diferentes geografías, en muchos casos sin posibilidad de regresar a Nicaragua mientras el régimen siga en pie. ¿Cómo logra un colectivo hacer activismo contra la dictadura desde la distancia? ¿Cuáles son los peligros y las ventajas? ¿Tendría Alternativa Anticapitalista más impacto político si sus principales núcleos operaran dentro del territorio nicaragüense?

    Nuestro trabajo empezó principalmente dentro del país, pero fue el recrudecimiento de la represión y la persecución lo que llevó al exilio a muchos. Surgió en tiempos de pandemia, cuando también las redes sociales fueron el principal medio para el encuentro social, dándonos cierto margen de acción que se fue ampliando una vez pasada la pandemia. Indudablemente es un trabajo más complejo; por ello definir bien el objetivo, priorizando la formación política dentro del marxismo, nos ha permitido consolidar nuestra experiencia, contrastando con la práctica que hemos podido desempeñar en la militancia cotidiana. Estamos involucrados en las luchas populares, aprovechando las libertades relativas que nos da cada país donde nos hemos exiliado.

     Está claro que no es lo mismo tener compas dentro de Nicaragua, quienes pueden dar su visión de primera mano teniendo el reflejo social desde una perspectiva marxista. Ese es el gran valor que tienen para nosotros esas personas que están en el terreno, pero la principal acción política la reconocemos en Costa Rica, donde la comunidad nicaragüense es enorme, y ha sido el destino de muchos activistas jóvenes, así como de organizaciones de derechos humanos. También Costa Rica es un país que cuenta con una vida política bastante activa y en la cual, creemos, los nicaragüenses deberíamos ser más actores.

    Alternativa Anticapitalista como grupo de izquierda socialista, con un marcado giro hacia el trotskismo, no solo centra sus intereses en la política doméstica de Nicaragua, más bien, utiliza a Nicaragua como medio para analizar y luchar por escenarios globales más justos, equitativos y dignificantes. ¿Esto es un problema a la hora de impactar en la realidad efectiva de la política nicaragüense?

    Creemos que nuestra principal característica, que nos ha permitido enfrentar todos los desafíos hasta ahora, es el internacionalismo militante. No solo para poder hacerle frente a cada suceso político en Nicaragua, sino para poder explicar, dándole un marco integral, las problemáticas sociales que vivimos, porque si bien es cierto que ninguna realidad es extrapolable, siempre debemos armarnos mejor políticamente para responder. 

    En Nicaragua vivimos la decadencia del capitalismo, una situación de alcance nivel global; por tanto, nuestro marco debe partir de ahí y, aunque sea más complejo el análisis, no podemos pretender darle soluciones fáciles. Nosotros, en vez de verlo como un problema, lo vemos como una virtud. Ninguna organización en Nicaragua puede decir que es parte de una organización internacional, con un programa revolucionario e intervención cotidiana en la lucha de clases como lo hace la LIS, y tal como se pudo constatar en el reciente III Congreso Mundial realizado en Estambul con la presencia de delegados de más de 40 países de todos los continentes. 

    Por eso pretendemos estar siempre a la altura y formarnos políticamente para poder transmitir todo esto a más y nuevos compañeros.

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