De los barcos a la mesa: la ayuda a Cuba entre cifras y escasez

    La ayuda humanitaria enviada a Cuba, como la procedente de México, puede medirse en toneladas y anuncios oficiales, pero su impacto real sigue siendo incierto mientras no haya transparencia sobre cómo se distribuye ni quiénes terminan beneficiándose. Entre cifras, discursos y cargamentos, la ayuda aterriza en la vida cotidiana de forma fragmentada, desigual y, muchas veces, opaca. Para entender qué significa realmente esa asistencia en el día a día, basta mirar una historia concreta: la de Belkis, en La Habana, donde recibir —o no— una bolsa de alimentos puede marcar la diferencia entre cocinar o no ese día.

    Belkis Hernández, vive a unas cuadras de la calle Obispo, en La Habana. En su casa se quedan sus dos hijos y su madre, de 71 años, mientras ella cruza la ciudad para limpiar un apartamento cerca del Pabellón Cuba en el Vedado, que se alquila a turistas. Pero hace meses casi no hay clientes.

    Según cuenta a El Estornudo, ahora le «pagan mucho menos», y solo va algunos días, cuando hace falta mantener el lugar en orden. «Tengo que ir caminando siempre de ida y vuelta, porque ni puedo pagar los pocos carros que hay, ni tengo tiempo para esperar la guagua… eso es cuando todavía pasaban».

    Belkis sostiene sola a su familia. El padre de los niños vive desde hace años en Nueva Jersey. El plan era reunirse pronto en Estados Unidos, pero no ocurrió. «Ahora envía cuando puede, y lo que puede. Tiene otra familia», dice.

    La última vez que sintieron cierta «abundancia» fue con una entrega de alimentos en la bodega. «Como el niño más chiquito tiene 6 años y el otro 9, pude coger para los dos y, además, lo de mi madre. En total fueron como tres bolsas de frijoles negros, leche, latas de sardina y otras de un dulce ahí». Hacía tiempo que no podía comprar leche ni frijoles. La libra está como a 400 pesos». Al resto de las familias con niños mayores de 13 años o sin ancianos, embarazadas, o señaladas como «vulnerables», no les tocó recibir esta ayuda, según lo establecido por el oficialismo.  

    En Cuba, la «bodega» no es una tienda de barrio. Es el punto donde el Estado distribuye, de forma racionada, una parte de alimentos básicos a cada familia. Para acceder a esos productos existe la «libreta de abastecimiento», un cuaderno asignado por núcleo familiar que registra qué le corresponde a cada persona y en qué cantidad.

    Con la escasez sostenida, lo que llega por la libreta es cada vez menos y más irregular. Por eso, cuando aparecen entregas extraordinarias —como estas bolsas de alimentos—, dejan de ser un complemento y se convierten, para muchas familias, en la diferencia entre tener algo que cocinar o no.

    Despacho de alimentos en una bodega cubana
    Despacho de alimentos en una bodega cubana / Foto de cortesía

    «Después de recoger lo nuestro, supe que a una amiga en Santo Suárez le dieron una botella de aceite y regresé y pregunté si a nosotros no nos darían, y me dijeron que no. También vi en ese momento que le estaban dando paquetes de galletas a otras madres, pero a mí no me tocó». 

    Para recibir los productos, tuvo que bajar con sus hijos y su madre, que casi no se mueve. «Jamás baja los tres pisos del edificio, pero era necesario».

    Belkis no sabe —ni le interesa demasiado— de dónde venía la ayuda. «Yo agradezco tener algo para llevar a la casa, venga de donde venga». Luego recuerda: «aunque el nylon de los frijoles dice México».

    Paquete de frijoles negros / Foto enviada a El Estornudo.
    Paquete de frijoles negros / Foto enviada a El Estornudo.

    A inicios de marzo, cuando ella recibió esos alimentos sin costo, en distintos barrios de La Habana se realizaban entregas similares. Según medios oficiales, formaban parte de la ayuda humanitaria enviada a la isla por el Gobierno mexicano en medio de la actual crisis.

    En las últimas semanas, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha enviado al menos cuatro cargamentos marítimos con alimentos básicos —principalmente arroz y frijoles— que suman más de 3 125 toneladas de ayuda destinadas a la población cubana. Los envíos han salido del puerto de Veracruz y han llegado a La Habana a bordo de buques de la Armada mexicana.

    El Estornudo comprobó que en zonas de La Habana Vieja algunas familias con niños menores de 13 años y adultos mayores de 65 recibieron bolsas de semillas de quinua en lugar de frijoles, y también bolsas con arroz. Ninguna de las personas consultadas recibió productos de aseo, aunque estos —así como insumos médicos— han sido incluidos en reportes sobre la ayuda enviada a la isla.

    Reparto de alimentos en Cuba
    Reparto de alimentos en Cuba / Foto del MINCIN

    La mayoría agradece. Pero también cuestiona.

    Grettel Valdés Álvarez, de 39 años, y residente en Mayabeque, no recibió la ayuda. En su casa no hay niños pequeños ni adultos mayores de 65 años. Aun así, en su bodega sí se distribuyeron algunos productos.

    «Es una ayuda que dura apenas unos días», dice. Y se pregunta: «¿qué puede representar eso en términos reales? ¿Cuántas comidas son? ¿A cuántas familias llega?».

    Para ella, el problema es más profundo: «la producción, la escasez, la inflación, los funcionarios, los apagones… la lista es inmensa. El problema de raíz sigue ahí».

    También ha escuchado quejas de otras madres. «Hay niños que también necesitan la leche y no se las dan. Por la televisión dijeron que también sería para familias vulnerables, pero eso no es así. Es muy subjetivo. ¿Quién no está vulnerable en Cuba?».

    Grettel es estudiante universitaria y ahora sigue sus clases de forma virtual, tras la suspensión de la enseñanza presencial por la crisis de combustible.

    Captura de pantalla de Facebook
    Captura de pantalla de Facebook

    Desde el municipio habanero Plaza de la Revolución, Clara Elena Benítez, de 69 años, cuenta que «la entrega fue rápida. Me avisaron mis vecinas y fui enseguida». Recibió arroz, frijoles, dos latas de sardinas y aceite. 

    Según relato, ese día su hijo, que vive fuera de Cuba, le pidió que preguntara si podía comprar más de esos productos. «El bodeguero me dijo que no. Pero yo no lo dudo: aquí todo es un negocio».

    Reparto de alimentos en Cuba / Foto: MINCIN
    Reparto de alimentos en Cuba / Foto: MINCIN

    El Ministerio de Comercio Interior (Mincin), aseguró en un comunicado que «la operación se está realizando con la mayor celeridad en la recepción y distribución de los productos, los cuales arribarán paulatinamente a los territorios». 

    El Estornudo se comunicó con pobladores de Artemisa y la Isla de la Juventud, a donde se informó que se llevaría la ayuda inicialmente, pero al momento de publicar este reportaje, aún no habían recibido nada. Tampoco han sido beneficiados residentes en provincias de Cienfuegos, Santiago de Cuba y Las Tunas, consultados por nuestro medio. 

    De la donación a la vitrina: denuncias de venta en dólares

    A inicios de marzo de 2026, el medio mexicano TV Azteca reportó que productos enviados por México como ayuda humanitaria a Cuba estarían siendo comercializados en dólares en distribuidoras de La Habana, sin llegar a la población destinataria. De acuerdo con la verificación de Azteca Noticias, varios de estos insumos habrían terminado en establecimientos vinculados al aparato militar, tanto en la capital como en otras provincias del país.

    Entre los casos documentados destaca el llamado «frijol del bienestar», que debía ser distribuido gratuitamente, pero según el medio mexicano, aparece a la venta en tiendas que operan en divisas. En un contexto marcado por la fuerte depreciación de la moneda nacional, el precio —alrededor de 2.97 dólares por medio kilo— resulta inalcanzable para la mayoría de los ciudadanos. Las denuncias también incluyen la comercialización de papel higiénico de origen mexicano. Testimonios recogidos por TV Aztecas describen un patrón que muchos residentes consideran un «secreto a voces». «Estuve en una tienda y tuve que inventar un cuento porque me estaban vigilando. No querían dejarme tirar fotos. Tuve que decir que era para comparar precios con las tiendas particulares», relató una fuente.

    Las acusaciones fueron rechazadas por el gobernante cubano, Miguel Díaz-Canel, quien calificó estas informaciones como una «campaña de intoxicación». El designado de Raúl Castro aseguró que el país cuenta con «enorme experiencia» en la gestión de donaciones, así como con mecanismos de «control», «transparencia» y una «ética indestructible». «Es mentira, calumnia e intoxicación para descalificar y destruir al Gobierno cubano», afirmó.En la misma línea, el embajador de Cuba en México, Eugenio Martínez Enríquez, negó que la ayuda esté siendo revendida y acusó a TV Azteca de difundir «mentiras y desinformación». A través de redes sociales, sostuvo que «la ayuda sí es para el pueblo de Cuba» y aseguró que los productos observados en tiendas provienen de importaciones realizadas mediante contratos comerciales, no de donaciones.

    Donaciones de atún a Cuba / Fotos: Secretaría de México
    Donaciones de atún a Cuba / Fotos: Secretaría de México

    Más allá del cruce de acusaciones, hay un problema estructural que debilita cualquier versión oficial: en Cuba, la gestión de la ayuda humanitaria no puede ser verificada de forma independiente. Las donaciones internacionales son canalizadas exclusivamente a través de instituciones estatales, sin mecanismos públicos de rendición de cuentas, sin auditorías externas accesibles y sin participación de organizaciones de la sociedad civil que permitan contrastar el destino final de los recursos. En ese contexto, hablar de «transparencia» contrasta con que no existen datos desagregados, informes periódicos ni vías para que la ciudadanía verifique qué entra al país, en qué cantidades y bajo qué criterios se distribuye.

    A esto se suma otro vacío: hasta el momento, tampoco se han ofrecido detalles verificables sobre la ayuda llevada a la isla por el llamado «Convoy Nuestra América». No se ha informado con precisión qué insumos llegaron al país, a través de qué canales logísticos ni bajo qué esquema serán distribuidos. En un escenario donde el Estado concentra todo el control —desde la recepción hasta la entrega—, la ausencia de información es el centro del problema.

    México dona, financia y defiende… mientras los cubanos huyen

    Tras el llamado del expresidente mexicano Andrés Manuel López Obrador a donar dinero para Cuba, se desató un nuevo cruce diplomático en México que volvió a evidenciar las tensiones en torno al apoyo al Gobierno de la isla. López Obrador apeló a la «solidaridad» y pidió aportes económicos, al tiempo que denunció lo que calificó como un intento de «exterminio» contra Cuba por parte de la Administración de Donald Trump.

    Las declaraciones provocaron la reacción del embajador estadounidense en México, Ronald Johnson, quien defendió otra visión sobre cómo ayudar a los cubanos. «La mejor forma de ayudar al pueblo cubano es empoderándolo, no al régimen que los ha oprimido durante décadas», escribió en la red social X, citando al secretario de Estado Marco Rubio. La respuesta no tardó en llegar desde la embajada cubana: su representante, Eugenio Martínez Enríquez, calificó el mensaje de «irrespetuoso» y aseguró que «el pueblo cubano ya es libre».

    En medio de ese intercambio, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum confirmó haber realizado una donación personal para la isla. Sin embargo, más allá del gesto individual, el respaldo de México a Cuba ha ido mucho más lejos en los últimos años: desde el suministro de petróleo en medio de la crisis energética cubana, hasta la compra de medicamentos —incluidos algunos contra el cáncer que escasean para los pacientes cubanos— y la contratación de médicos cubanos en programas que han sido señalados por organizaciones internacionales como esquemas de explotación laboral y trata de personas. 

    A esto se suma una investigación de la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, que reveló que el Gobierno mexicano financió con más de 387 millones de pesos la impresión de 15 millones de libros de texto destinados a Cuba, con contenidos de fuerte carga ideológica, críticas a Estados Unidos y exaltación de figuras como Fidel Castro y Che Guevara.

    El problema no radica en la ayuda en sí —en un contexto donde la población cubana enfrenta apagones, escasez de alimentos y un sistema sanitario deteriorado—, sino en lo que no se dice. Ni ahora ni en el conjunto de la relación bilateral hay señalamientos públicos desde el Gobierno mexicano sobre las violaciones de derechos humanos en la isla, la existencia de cientos de presos políticos o las causas estructurales de una crisis que ha empujado a cientos de miles de cubanos a emigrar.

    Las cifras lo reflejan. Desde 2021, los cubanos se han mantenido entre las principales nacionalidades solicitantes de asilo ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados. Solo entre 2019 y junio de 2024, más de 68 000 cubanos solicitaron refugio en México, a los que se suman miles más en 2025 y quienes permanecen en el país bajo otros estatus migratorios.

    En ciudades como Tapachula, al sur del país, la presión migratoria es evidente. Unos 500 migrantes —muchos de ellos cubanos— iniciaron recientemente una caminata para exigir la agilización de sus trámites y buscar oportunidades fuera de una ciudad desbordada. Entre ellos está Joandri Velázquez Zaragoza, un pastor y albañil cubano que, tras el fin del programa CBP One en Estados Unidos, quedó varado en México sin opciones legales. Su solicitud de asilo fue rechazada y ahora busca trabajo para sostener a su familia en Cuba, donde la crisis se agrava entre apagones prolongados y escasez de alimentos.

    Mientras el discurso oficial apela a la solidaridad, la realidad migratoria y social cuenta otra historia: la de un país que recibe ayuda, pero del que su gente sigue huyendo.

    Newsletter

    Recibe en tu correo nuestro boletín quincenal.

    Te puede interesar

    De noche en Marianao: unas madres cubanas contra el empujón del...

    «Yo siempre en las protestas estoy atenta al grupo», dice. «Cuando veo cualquier indicio de violencia, paso adelante y trato de aplacar para no se genere nada que pueda perjudicar a mi gente». 

    Venezuela campeón, el eco del tambor en los huesos

    Días antes del arranque del Clásico Mundial de Béisbol,...

    Flagelantes de Santo Tomás: «Aquí está tu hijo»

    En Santo Tomás, Atlántico, municipio ubicado en el Caribe colombiano, las personas se flagelan por la salud propia o de sus familiares. Le llaman «pagar una manda». Se trata de una promesa que hacen directamente a Jesús de Nazaret. 

    Apoya nuestro trabajo

    El Estornudo es una revista digital independiente realizada desde Cuba y desde fuera de Cuba. Y es, además, una asociación civil no lucrativa cuyo fin es narrar y pensar —desde los más altos estándares profesionales y una completa independencia intelectual— la realidad de la isla y el hemisferio. Nuestro staff está empeñado en entregar cada día las mejores piezas textuales, fotográficas y audiovisuales, y en establecer un diálogo amplio y complejo con el acontecer. El acceso a todos nuestros contenidos es abierto y gratuito. Agradecemos cualquier forma de apoyo desinteresado a nuestro crecimiento presente y futuro.
    Puedes contribuir a la revista aquí.
    Si tienes críticas y/o sugerencias, escríbenos al correo: [email protected]

    El Estornudo
    El Estornudo
    Revista independiente de periodismo narrativo, hecha desde dentro de Cuba, desde fuera de Cuba y, de paso, sobre Cuba.

    Artículos relacionados

    De noche en Marianao: unas madres cubanas contra el empujón del poder

    «Yo siempre en las protestas estoy atenta al grupo», dice. «Cuando veo cualquier indicio de violencia, paso adelante y trato de aplacar para no se genere nada que pueda perjudicar a mi gente». 

    Españoles sobre el convoy Nuestra América: «Van a repetir las consignas del Gobierno»

    Desde hace días, La Habana está repleta de flotilleros,...

    Tres, y otra vez a esperar…

    Una crónica personal en la periferia de la Marcha de las Antorchas, el último ritual político masivo en Cuba, ya sumida en crisis extrema, antes del bloqueo energético de Trump.

    Cuba, entre la ceguera y el dolor

    En el medio del mar hay un barquito. Hay...

    DEJA UNA RESPUESTA

    Por favor ingrese su comentario!
    Por favor ingrese su nombre aquí