Ser opositor en Cuba significa soportar la censura, la criminalización y los incontables procesos represivos del régimen. Ser opositor y de izquierdas en Cuba se traduce en invisibilización, moralización, abandono y desprecio por parte de la otra oposición, más visible, mayoritaria, que se reconoce de derechas. En un terreno de exclusiones, donde la posverdad y el sensacionalismo determinan los rumbos hacia el futuro, para alguien como yo no queda más que vivir expuesto a un fuego cruzado.
El enemigo de mi enemigo rara vez es mi aliado; sobre todo, en política. Un escenario transicional que no garantice la soberanía y, en cambio, priorice intereses trasnochados como el anexionismo o el servilismo a las políticas de gobiernos extranjeros, significaría dar marcha atrás al calendario cientos de años y repetir nefastos procesos.
La lucha por una Cuba sin dictadura no puede aislarse del paso que dicta el mundo contemporáneo. Tantas décadas de castrismo y de cubanocentrismo han fomentado cierta idea de la exclusividad. Tanto la redundancia triunfalista del régimen como el victimismo conveniente de parte de la oposición han creado la idea de que Cuba y su gente son el rojo en la diana.
«El proyecto surge como necesidad frente a años de ausencia dentro de la juventud de alguna organización política enfocada en la construcción de un partido de oposición revolucionaria».
En 2025 registramos el fallecimiento de 36 héroes y heroínas. De ellos, 21 murieron en el exilio según la información recabada, y 15 lo habrían hecho en el país.