El lunes 9 de marzo de 2026 suscitó una retrospectiva de 20 años para todos los amantes del béisbol dentro y fuera de Cuba. Se cumplían dos décadas del último enfrentamiento entre Cuba y Puerto Rico en World Baseball Classic.
La ocasión te lleva irremediablemente a pensar dónde estabas y dónde estás ahora.
Yo recuerdo que en marzo de 2026 cursaba el primer año de mi carrera de Filosofía en la Universidad de La Habana y junto a un amigo me fui a la autopista para llegar a mi casa de Santa Clara a tiempo para el inicio de aquel histórico juego. Tras subirme a tres o cuatro camiones y esperar una hora en Aguada de Pasajeros, llegué a Santa Clara como en el tercer inning. Cuba ganaba 4-1 en el cuarto… Era un joven de 19 años que entendía bastante del juego, pero no era un fanático de los de saltar o gritar.
Más bien me sorprendía acontecimiento, la condición terrenal de los profesionales de Grandes Ligas.
Veinte años después, me encuentro como reportero en el Hiram Bithorn. En vez de 19, tengo 39. Me subo al Uber camino al estadio y el conductor boricua de unos 40 años me pregunta qué hago en Puerto Rico. Le digo que estoy cubriendo el Clásico. Entonces hablamos de aquel juego de 2006, y me dice:
«Aquel cátcher [se refiere a Ariel Pestano] era Grandes Ligas».
No recordaba casi ningún nombre del equipo de Cuba. Solo al cátcher. Y volvió a decirme que ese receptor hubiera sido como Yadier Molina o Iván Rodríguez. Me bajé en las afueras del Hiram Bithorn y caminé alrededor de dos minutos hasta la sala de prensa, donde fui el primero en llegar.

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Luego de un entretenido juego entre Colombia y Panamá, incluidos los retiros de dos exlanzadores de MLB, Julio Teherán y Paolo Espino; una pelea entre un jugador y el manager de Panamá, y preguntas desafortunadas en la rueda de prensa, donde el manager de Colombia, José Mosquera, exigió más apoyo del gobierno tras la eliminación de su selección (balance de 1-3), llegan al estadio los equipos de Cuba y Puerto Rico.
En la conferencia una vez más me encuentro con Germán Mesa, quien ha ido respondiendo con mejor actitud mis preguntas luego de algún percance el primer día.
El show Mesa ahora es un manager de lento caminar y hablar. Nada semeja a aquel extraterrestre de las paradas cortas que maravilló entre 1985 y el 2001.
«Nadie contaba con nosotros», dice a propósito de que Cuba no entraba en ningún pronóstico para avanzar dentro del grupo A.
Luego de unos diez minutos, Mesa, el lanzador Pedro Santos y el primera base Ariel Martínez abandonan la sala. Alrededor de las de la tarde entra Yadier Molina, legendario receptor y ahora manager boricua. Le pregunto si han scouteado al equipo cubano, pero no me dice nada al respecto. En lugar de enfocarse en el tema de scouting, dice que conoce que los cubanos juegan… pero que ellos van con todo.



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Tras salir de la conferencia de prensa entro al terreno, donde ya practican los equipos de Puerto Rico y Cuba. Veo a José Valentín y conversamos unos cinco minutos. Valentín fue el 3B de Puerto Rico en aquel Clásico de 2006 y recuerda que jugar delante de sus amigos y familiares trae una presión añadida.
«Quieres hacerlo demasiado bien. Y a veces haces más de lo que te toca».
Sigo caminando y veo en las gradas al santiaguero Héctor Olivera, ex MLB, hablando con su amigo Alfredo Despaigne, quien será el bateador designado y cuarto en la alineación para este juego. Olivera me saluda de lejos y hago un gesto con la mano.
Alrededor de las 6:50 p.m. comienza a lloviznar levemente, como sucedió a finales del choque en 2006. Esta vez la lluvia amenaza con cancelar el juego, pero a las 7:40 pm amaina y el juego arranca a las 8:20 p.m.

Existe una gran brecha de nivel entre el abridor de Puerto Rico, Elmer Rodríguez, prospecto #2 de los Yankees de Nueva York, y el de Cuba, Julio Robaina, actualmente contratado en la Liga Mexicana de Béisbol.
Puerto Rico toma la delantera en la segunda entrada, cuando Martín Maldonado, receptor que se retira al finalizar el WBC, conecta doble con bases llenas ante Robaina.
Esa jugada decide prácticamente una noche dominada por los lanzadores de Puerto Rico. Sin épica, sin dramatismos, sin tiros al cortador… Tampoco hay figuras generacionales en los rosters. El equipo de Cuba es competitivo, pero no está cerca ni de remontar. Por Puerto Rico, no hay ningún Iván Rodríguez, Bernie Williams o Carlos Delgado. Carlos Beltrán ahora es general manager, y a Pedro Luis Lazo le fue negado el visado para entrar en territorio de los Estados Unidos.
De aquel choque entre sistemas no queda nada. Nosotros mismos ya no somos las que éramos hace 20 años. La visión y los colores se transformaron en otras cosas que impedirán definir el pasado o predecir el futuro.

Finalmente, suena en todo el Bithorn la canción «Preciosa» de Marc Anthony. La multitud canta. No les importa bajar escaleras; tienen todo el tiempo del mundo. Cantan y celebran. El estadio es atronador cuando llega la parte de «Puerto Rico, yo te quiero».
Unos siete minutos después de salir de la sala de prensa, llego al lugar de la conferencia. Sin muchas demoras entra Germán Mesa. Me dice que el juego se perdió en un inning, aquel segundo inning del doble de Maldonado. Tras varias preguntas, hay una última del clásico periodista soñador boricua: Cuba fue campeona olímpica, mundial, etc., ¿qué se puede hacer para recuperar todo eso?
Y German Mesa responde: «Estamos trabajando en ello y demostrando que el béisbol cubano está vivo».
Básicamente, Mesa no puede decir muchas cosas, o lo que de veras quisiera decir. Veinte años después esa pregunta ni siquiera puede responderse.
La lluvia regresa cuando se van todos. Los trabajadores del Hiram Bithorn ponen la lona blanca que cubre el infield. No hubo emociones 20 años después. Ni siquiera un destello de los fuimos entonces.
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El dilema: En un partido de «gana» o «vete a casa», la dirección de Cuba tendrá que insistir en el juego de construir carreras. Necesitan anotar temprano si quieren avanzar.
La pregunta: Liván Moinelo fue el mejor pitcher de Japón en 2025. ¿Podrá el as de Cuba guiar a una victoria ante Canadá?
El dato: Alexei Ramírez se convirtió en el jugador más longevo de los Word Baseball Classic con 44 años y 168 días. Superó la marca de Roger Clemens, quien participó con 43 años y 224 días (2006).
Lo extraño pero real: En este World Baseball Classic, seis jugadores han conectado dos jonrones o más en un juego por primera vez desde 2009.
Una predicción atrevida: Liván Moinelo brillará el miércoles y Cuba clasificará a los cuartos de finales en Houston.



