La eliminación del equipo Cuba en el Clásico Mundial no fue una derrota cualquiera. Representó un momento simbólico dentro de la historia reciente del béisbol cubano. Por primera vez desde la creación del torneo en 2006, la selección nacional cayó en la primera ronda. Durante dos décadas, Cuba había logrado superar ese obstáculo inicial, en contextos difíciles y con equipos que, en ocasiones, estaban lejos de su mejor versión.
Esta vez ni siquiera alcanzó para cumplir con ese mínimo histórico. La eliminación no puede explicarse a partir de un único factor. En realidad, responde a una suma de causas deportivas, estructurales y organizativas que terminaron confluyendo en Puerto Rico, la sede para Cuba de la primera ronda del evento. Sin embargo, entre todos los motivos hay uno que resulta especialmente determinante: la manera en que se gestiona y se construye el equipo nacional. En el fondo del problema está la permanencia de un modelo de organización que luce cada vez más obsoleto frente a la realidad del béisbol internacional.
En el béisbol moderno, especialmente en torneos de selecciones como el Clásico Mundial, la construcción de un roster competitivo toma meses, o años, antes de que el equipo pise el terreno. La planificación, el seguimiento de jugadores, las negociaciones con organizaciones profesionales y la gestión de disponibilidades forman parte de un proceso que suele comenzar con bastante anticipación. En el caso de Cuba, esa estructura es inexistente.
La selección nacional nunca contó con una figura formal de General Manager encargado de diseñar el equipo. En la mayoría de los países participantes en el Clásico, esa función es esencial. El gerente general actúa como el arquitecto del roster: identifica el talento disponible, establece contactos con jugadores y organizaciones, define prioridades y coordina el proceso de selección junto al cuerpo técnico. En ausencia de esa figura, la responsabilidad en el caso cubano termina dispersándose entre diferentes funcionarios que no tienen la preparación para dicha tarea.
Cuba llegó al pool A del Clásico con una de las nóminas ofensivas más limitadas. Solo un jugador activo en las Grandes Ligas como Yoan Moncada alineó por los cubanos desde el primer día, lo que representa una diferencia abismal comparado con Panamá (4), Puerto Rico (5), Colombia (3) y Canadá (9).
¿Resultado final? Cuba bateó .168 de average, país 18 entre 20 que vieron acción en la primera ronda. Y no solo me centraré en el promedio de bateo, que, como estadística, es un poco deshonesta. En embasamiento, terminaron 17mos (.277 OBP). En conexiones de impacto, una de las métricas más importantes del béisbol moderno, Cuba solo desplegó 36 contactos fuertes, es decir, el 30.2% de los 119 turnos acabaron con batazos de 95+MPH en velocidad de salida.
Entre noviembre y enero, el roster contó con nombres que finalmente no acudieron a Puerto Rico, lo mismo por buscarse un puesto en Spring Training, como fueron los casos de Andy Pagés, Andy Ibáñez, Ernesto Martínez Jr., Yunior Tur o Lázaro Estrada, o por lesiones y diferentes problemas que paralizaron la participación de otros jugadores.
Ante eso, Cuba no tuvo respuestas y terminó enviando una nómina que, en términos de rotación-bullpen, estaba lista para clasificar a la siguiente fase y probablemente avanzar más que nunca en el torneo. En cambio, este fue el nivel que en 2025 enfrentaron los jugadores del lineup:
1-Roel Santos (Liga Mexicana de Béisbol)
2-Yoan Moncada (MLB)
3-Ariel Martínez (Liga Profesional de Japón)
4-Alfredo Despaigne (Serie Nacional de Béisbol)
5-Erisbel Arruebarrena (Serie Nacional de Béisbol)
6-Omar Hernández (Doble-A, Ligas Menores)
7-Yoelkis Guibert (Serie Nacional de Béisbol)
8-Leonel Moas Jr. (Serie Nacional de Béisbol)
9-Yiddi Cappé (Doble-A, Ligas Menores)
La disparidad competitiva era evidente.
Sin estructura correcta no hay resultado correcto
Los torneos se ganan, en buena medida, en el proceso de conformación de los equipos. No es cuestión solo de llegar con 30 nombres y entrar al juego y navegar los innings entre pitcheos, strikes o bolas, y esperar un golpe de fortuna. Hay que tener los jugadores más completos para competir en un evento mundial.
Varios jugadores con los que hablé en Puerto Rico me reconocieron la falta de un General Manager en la selección cubana. La Federación de la isla contó con que los jugadores se acercaran a ellos y no al revés. Entonces fue el mismo presidente de la Federación, el manager, el coach de banca, los entrenadores de pitcheo o cualquier otro funcionario los que establecieran las búsquedas, sin tener la función o preparación para convocatorias.
«Nosotros no llegamos como favoritos y nadie apostaba un peso por nosotros», dijo Germán Mesa tras la eliminación de Cuba el pasado miércoles en el Hiram Bithorn. También añadió que dieron la batalla con el equipo que tenían. Y estas palabras son, en resumen, la expresión de algo que no se conforma ni con el tiempo ni en el espacio correcto. Tras una eliminación de este tipo, esperé palabras más profundas de Mesa. Pero sus frases fueron preparadas al estilo de «hay dos jabitas, la de ganar y de perder», «en eventos futuros tratar de revertir esta derrota», «sacar experiencias de todas las cosas que están pasando».
Cuba también perdió el chance de asistir a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Por otra parte, nadie sabe qué ocurrirá con el futuro político del país, de ahí que nadie sepa si para el próximo Clásico Mundial el equipo nacional no estará regido por el actual sistema y su Federación.
En agosto de 2026, se cumplirán 10 años de la última victoria de una selección cubana en alguna categoría en un evento internacional competitivo: el Mundial Sub-15 ganado en Okinawa, Japón, en 2016.
El dilema: Quedan tres grandes potencias del béisbol con vida en el Clásico Mundial. Si tuvieras que elegir entre Japón, Estados Unidos y República Dominicana, ¿Qué harías?
El dato: Liván Moinelo entró en el top de lanzadores con más ponches en el Clásico, tras su apertura ante Canadá. Con 20 ponches, solo es superado por Daisuke Matsuzaka (23), Yu Darvish (22) y queda empatado con Edinson Vólquez.
La pregunta: De mantenerse el mismo sistema, ¿convocará Cuba a sus mejores jugadores a competencias internacionales, independientemente de su ideología?
Lo extraño pero real: El average de bateo de Cuba en 2026 fue de .168. Anteriormente, el peor average había sido en 2017 con .282, 114 puntos menos. Una predicción atrevida: República Dominicana y Venezuela clasificarán por América a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 en este Clásico Mundial.
