Un fin de semana para el castrismo como enfermo terminal

    «¡Candela, candela para dentro! Ahora sí se calentó esto… Es mucho el abuso», grita un manifestante anónimo plantado en las afueras de la sede del Comité Municipal del Partido Comunista de Cuba (PCC) de Morón, en la provincia de Ciego de Ávila, mientras graba con su teléfono móvil. Es aún viernes 13 de marzo, y decenas de vecinos están plantados en las afueras del inmueble donde una fogata consume muebles, papeles y todo lo que pueda servir a la combustión. Un joven gira alrededor del fuego envuelto en una bandera cubana. Alguien propone quemarla, pero quien graba el video insiste en que no: «porque esa es la de nosotros, esa es la de la libertad de nosotros», responde enérgico. 

    El joven de la bandera trepa en el asta y la hace ondear con sus manos. Otra vez se escucha el grito de «¡candela, candela para dentro!» y a coro la gente responde, al ritmo de sus cacerolas: «libertad», «libertad», «libertad». Luego resuena algo que parece un disparo y un joven manifestante cae en la acera. «Le dieron, mira le dieron a uno y después dicen que no tiran», dice quien registra el momento en su teléfono. Otro a su lado dice: «¡Oye le tiraron, acaben con esto!», al tiempo que otros manifestantes rodean al herido y lo cargan en busca de ayuda. 

    Es aún viernes 13, casi sábado. Para la gente de Morón, como en casi toda la isla, el día ha parecido eterno entre apagones, montañas de basura, calderos vacíos, hospitales en decadencia, trabajos cerrados y escuelas sin maestros ni alumnos. La crisis no da respiro y la gente de El Vaquerito no aguantó más. Decenas se movilizaron ante las puertas del edificio que representa la máxima autoridad local. Nadie les dio una solución para sus reclamos: electricidad y alimentos. Tampoco los pudieron convencer con los argumentos de siempre. «No más muela», respondieron. 

    En la mañana del sábado, la prensa oficialista local despachó la protesta como un acto de vandalismo. También aseguró, sin identificarlos, que había cinco detenidos y que se reportaba una persona lesionada, alguien que sufrió una caída «en estado de embriaguez». En las redes sociales circulan imágenes de un joven que cae al piso tras escucharse un disparo. 

    El oficialismo asegura en la mañana del sábado que el municipio está en calma, y contraataca con «un acto de reafirmación revolucionaria frente a la sede del Partido Municipal de Morón», pero en el mismo post un usuario cuelga un análisis de la escritora y académica cubana Mabel Cuesta, compartido por la profesora Alina Bárbara López Hernández en su perfil de Facebook.

    «No son hechos vandálicos, es desobediencia civil», razona Cuesta, quien aclara —dirigiéndose a sus colegas en la academia estadounidense— que se trata de «la misma que celebramos cuando sucede en otros lugares del mundo. Cuando los de abajo dicen basta y se enfrentan contra los símbolos y su materialidad: una estatua, una tienda, una sede de un partido que es rector de la Constitución y mata de hambre, insalubridad, falta de energía, agua potable, medicinas y asistencia médica a ocho millones de personas».

    Mientras, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, reaparecía este sábado en X para decir que «no habrá impunidad» para los manifestantes de la localidad avileña, justo cuando aún muchos siguen procesando su anuncio del viernes en la mañana, cuando admitió, tras varias semanas de desmentidos en la prensa oficialista, que Cuba y Estados Unidos dialogan en busca de un acuerdo «beneficioso para ambos pueblos».  

    Protesta en Morón, Cuba, 13 de marzo de 2026
    Protesta en Morón, Cuba, 13 de marzo de 2026 / Imagen: YouTube (captura de pantalla)

    ¿Locos por un acuerdo?

    Díaz-Canel apareció ante las cámaras a primera hora del viernes 13 con un rostro pálido y cansado, con expresión endurecida. Entre los concurrentes, lo observaba Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias «El Cangrejo», coronel del Ministerio de Interior, y nieto favorito de Raúl Castro, quien no ostenta ningún cargo público, partidista ni legislativo, pero ha sido señalado reiteradamente por medios estadounidenses como el principal negociador de La Habana con Washington. También estuvo presente en la última reunión del Buró Político del PCC y el Consejo de Ministros, donde primero se informó sobre las conversaciones en curso con el gobierno estadounidense.

    Díaz-Canel reconoció lo obvio, que el diálogo con Estados Unidos tiene lugar en «momentos de extrema tensión» para su gobierno, y que en circunstancias como estas «han aparecido personas, instituciones, que han facilitado que se construyan determinados canales que nos permitan dialogar». Ciertamente, sus palabras parecieron sugerir que no han tenido más opción que sentarse a negociar y que, tal como recientemente dijo a medios estadounidenses el presidente Donald Trump, «tienen muchísimas ganas de llegar a un acuerdo», lo cual presumiblemente vendría a ser, en los términos del inquilino de la Casa Blanca, «una toma amistosa» de Cuba.

    El gobernante cubano dejó claro que las conversaciones se desarrollan con la anuencia de Raúl Castro, retirado de la gestión gubernamental, y que las decisiones son «colegiadas con la máxima estructura del partido, del Estado y el gobierno».

    Raúl Guillermo Rodríguez Castro (extremo derecho) en la más reciente reunión del Buró Político del Partido Comunista de Cuba
    Raúl Guillermo Rodríguez Castro (extremo derecho) en la más reciente reunión del Buró Político del Partido Comunista de Cuba / Foto: YouTube (captura de pantalla)

    En un giro de 180 grados con respecto el relato oficial sostenido por el aparato de propaganda hasta hace unos pocos días, y en un contexto de máxima presión tras la captura de su principal aliado, el mandatario venezolano Nicolás Maduro, y del bloqueo energético a la isla decretado a fines de enero por la administración Trump, Díaz-Canel afirmó que «el propósito de estas conversaciones es, en primer lugar, identificar cuáles son los problemas bilaterales que necesitan una solución», así como «identificar áreas de cooperación para enfrentar las amenazas y garantizar la seguridad y la paz de ambas naciones».

    Según una publicación en Bloomberg, la parte estadounidense estaría apostando por una estrategia basada en la presión económica cuyo objetivo es reconfigurar del poder político interno y que la isla quede bajo una suerte de protectorado económico, con una gran dependencia financiera de Washington.

    El artículo señala que no se prevé invasión militar directa, pero sí, en efecto, un proceso gradual de presión financiera, aislamiento energético y negociaciones con figuras del propio sistema político cubano que puedan encabezar una transición controlada.

    Presos políticos, primera moneda de cambio

    Casi 24 horas antes de que la gente del barrio El Vaquerito en Morón se lanzara a protestar frente a la sede del Partido Comunista, otra noticia comenzaba a circular en las redes sociales de Cuba: serían liberado 51 presos en los próximos días, una acción gubernamental atribuida por el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, a un supuesto «espíritu de buena voluntad» y a «[las] estrechas y fluidas relaciones entre el Estado cubano y la Santa Sede» ante la «proximidad de las celebraciones religiosas de la Semana Santa». Por supuesto, se trata de la misma fórmula retórica empleada en los últimos días del mandato del presidente Joe Biden, cuando la isla fue excluida, casualmente, pero solo por unos días, hasta la llegada de Trump al Despacho Oval, de la lista de países patrocinadores del terrorismo. 

    La cifra de propuesta resulta ínfima en comparación con los más de mil 200 presos políticos reportados en el último informe de Prisoners Defenders, organización no gubernamental que tras la intervención de Díaz-Canel comenzó a reportar los primeros casos de personas excarceladas, eso sí, bajo régimen de libertad condicional o de reclusión domiciliaria.

    «Las informaciones recibidas indican que entre el grupo de 51 excarcelados podrían encontrarse presos comunes, como ocurrió en enero de 2025», advirtió en un video compartido a medios independientes Javier Larrondo, al frente de esa entidad defensora de derechos humanos con sede en España. 

    «Desde Prisoners Defenders continuamos contrastando la información con familiares y fuentes directas para ofrecer datos verificados y transparentes», aseguró Larrondo, quien hasta la tarde de este sábado habría confirmado las excarcelaciones de 17 presos políticos y cuatro presos comunes.

    Entre los nombres verificados se encuentran: Ibrahín Ariel González Hodelin, de 26 años, quien cumplía nueve años de prisión en la cárcel de Mar Verde, en Santiago de Cuba; Ariel Pérez Montesino, de 52 años, condenado a 10 años, de la prisión de Guanajay, Artemisa; Juan Pablo Martínez Monterrey, de 32 años, sentenciado a 11 años, de la prisión Ceiba 5, Artemisa, y Ronald García Sánchez, de 33 años, quien purgaba 14 años en la prisión Toledo 2, Marianao, La Habana.

    Asimismo, aparecen Adael Jesús Leyva Díaz, de 29 años, condenado a 13 años, del Combinado del Este, La Habana; Oscar Bárbaro Bravo Cruzata, de 27 años, sentenciado a 13 años, de la cárcel La Lima, en Guanabacoa, La Habana; José Luis Sánchez Tito, de 34 años, sancionado a 16 años, del Combinado del Este, La Habana; Roberto Ferrer Gener, de 52 años, quien cumplía a 15 años en esa misma prisión.

    También han sido excarcelados Yussuan Villalba Sierra, de 35 años, condenado a 10 años, del Combinado del Este; Eduardo Álvarez Rigal, de 36 años, con pena de 13 años, de la prisión de La Lima, Guanabacoa, y Wilmer Moreno Suárez, de 37 años, sentenciado a 18 años de cárcel, del Combinado del Este.

    Negociación contra las cuerdas

    En su intervención del viernes, Díaz-Canel justificó la previa negación de que hubiera conversaciones en curso con Estados Unidos; arguyó que no es «práctica del liderazgo de la Revolución Cubana, responder a las campañas especulativas sobre este tipo de tema», puesto que, dijo, «se trata de un tema que se desarrolla como parte de un proceso muy sensible, que se conduce con seriedad y responsabilidad, porque afecta los vínculos bilaterales entre las dos naciones y demanda enormes y arduos esfuerzos para encontrar solución y crear espacios de entendimiento, que nos permitan avanzar y alejarnos de la confrontación».

    «En los intercambios que se han sostenido, la parte cubana ha expresado la voluntad de llevar a cabo este proceso, sobre bases de igualdad y respeto a los sistemas políticos de ambos Estados, a la soberanía, y a la autodeterminación de nuestros gobiernos», añadió Díaz-Canel.

    Con un tono menor respecto a la habitual beligerancia dirigida a Estados Unidos —que sin ir más lejos tuvo un punto alto hace solo unas semanas cuando fueron recibidos los cadáveres de 32 militares cubanos muertos durante el ataque norteamericano del 3 de enero en Caracas—, el mandatario reconoció esta vez que «hay factores internacionales que han facilitado estos intercambios», y que, por cierto, desde hace más de tres meses no entra un barco de petróleo a la isla.

    Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba
    Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba / Foto: YouTube/Presidencia de Cuba (captura de pantalla)

    En retrospectiva, luego la «extracción» de Maduro hacia Nueva York, La Habana perdió todo el suministro de petróleo venezolano, que ya había menguado notablemente con respecto a los años de bonanza chavista y que, además, en los últimos meses, con el despliegue estadounidense en el Caribe, se había resentido aún más. Para entonces, casi el 60 por ciento de la isla padecía apagones simultáneos, y la generación de electricidad reportaba un déficit de más de mil 700 megawatts durante el horario de mayor demanda. 

    El 29 de enero, Trump declaró un bloqueo energético mediante orden ejecutiva que incluyó amenazas de altos aranceles para aquellos países que suministraran combustible a la isla, considerada por su gobierno una «amenaza inusual». Poco más de dos semanas antes, el propio Díaz-Canel había negado que existieran conversaciones con representantes de Washington, aunque se refirió a «contactos técnicos en el ámbito migratorio».

    Ya en el mes febrero, el viceministro cubano de Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, volvió a asegurar que no se había iniciado ningún diálogo con los estadounidenses. Incluso, este 10 de marzo, el vocero oficialista Jorge Legañoa negó en televisión nacional que hubiese un diálogo bilateral: todo eso no era más, dijo, que una campaña mediática para «confundir, dividir y desmovilizar».

    Sin embargo, desde hace semanas se trataba más bien de un secreto a voces en ciertos ámbitos del gobierno y en los propios medios estadounidenses. 

    Donald Trump, presidente de Estados Unidos
    Donald Trump, presidente de Estados Unidos

    En febrero, un funcionario de la administración Trump no solo confirmó a Axios que había conversaciones entre el secretario de Estado, Marco Rubio, y el nieto de Raúl Castro, sino que esos contactos estaban siendo «sorprendentemente amistosos». Luego, el pasado 7 de marzo, el mismo presidente norteamericano insistió públicamente en que «Marco Rubio está hablando con Cuba ahora mismo» y que podría cerrar un acuerdo «en una hora».

    Igualmente trascendió un encuentro entre El Cangrejo y el equipo de Rubio en Saint Kitts durante la cumbre de la Comunidad del Caribe (CARICOM). Algunos medios han referido que Trump estaría presionando para que Díaz-Canel sea relevado de su cargo, algo que, a todas luces, no tendría en principio el mismo peso de la captura de Maduro en Venezuela.

    En medio de la mayor crisis económica en la historia contemporánea de Cuba, y sin que la presión llegara aún al extremo actual, Raúl Castro propuso en diciembre último el aplazamiento del Congreso de PCC previsto para abril de este año. Se trata de la instancia máxima, el ritual por excelencia de decisión política en el país; de modo que reina el suspense…

    Por su parte, el jefe de la Casa Blanca no ha dejado de afirmar que el régimen cubano está cerca de su fin. En su reunión con presidentes latinoamericanos de derecha, celebrada recientemente en Doral, Florida, Trump afirmó que Cuba está «en sus últimos momentos de vida tal como era». De hecho, afirmó que, una vez resuelta la cuestión iraní (que ciertamente pudiera alargarse más allá de sus cálculos), su administración, y Rubio en particular, se concentrará plenamente en cerrar un acuerdo respecto a Cuba.

    A la espera de lo que esté por venir, ya es domingo 15 de marzo de 2026 y le han impuesto nuevas medidas de vigilancia y control a la gente de El Vaquerito, en Morón, donde hace dos noches se hizo la luz con el fuego de la protesta.

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    Katia Monteagudo
    Katia Monteagudo
    Nació en el centro de Cuba, pero es ya chilanga por adopción. Pertenece a la generación del linotipo, a la mismísima era del plomo, pero sigue en el oficio por puro deseo casi 40 años después de haberse licenciado en la Universidad de La Habana.

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