Starlink sobre Cuba: satélites en el cielo, límites en tierra

    Sobre Cuba pasan miles de satélites cada noche. A unos 550 kilómetros de altura, como una hilera de luces que a veces puede verse a simple vista, la constelación de Starlink atraviesa el cielo de la isla mientras abajo, en muchas casas, la pantalla del teléfono queda congelada, la llamada se corta o el servicio simplemente desaparece junto con la electricidad.

    Internet desde el espacio, orbitando sobre un país donde conectarse sigue siendo, para la mayoría, un acto costoso, lento y controlado.

    El anuncio revelado por Axios el 17 de abril —según el cual funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos propusieron en La Habana ayudar a establecer los servicios de internet mediante la instalación de Starlink— volvió a poner sobre la mesa algunas preguntas: ¿qué significa ofrecer Starlink a Cuba en medio del colapso eléctrico, la crisis económica y el monopolio estatal de las telecomunicaciones?

    ¿Se está hablando con esta propuesta solo de tecnología o también de control informativo, acceso ciudadano y disputa política? ¿Qué implica para un sistema centralizado que una familia pueda conectarse sin pasar por la red estatal?

    El mapa oficial de cobertura de Starlink muestra a Cuba como «no disponible» / Captura del 21 de abril de 2026.
    El mapa oficial de cobertura de Starlink muestra a Cuba como «no disponible» / Captura del 21 de abril de 2026.

    Qué es Starlink y cómo funciona

    Starlink nació dentro de SpaceX, la empresa aeroespacial fundada por el magnate empresarial Elon Musk, con la idea de llevar internet desde el espacio a cualquier punto del planeta. La propia biografía del servicio en X resume esa ambición con una frase: «Internet desde el espacio para humanos en la Tierra».

    A diferencia de los servicios tradicionales, que dependen de cables de fibra óptica, torres de telefonía o infraestructura terrestre, Starlink opera mediante la constelación satelital más grande del mundo, con más de 6 750 satélites actualmente en órbita, según su sitio oficial. Estos satélites vuelan en órbita baja, mucho más cerca que los sistemas geoestacionarios convencionales.

    Esa cercanía permite que la señal viaje mucho más rápido, reduciendo la latencia hasta rangos de entre 20 y 40 milisegundos y ofreciendo velocidades que pueden superar los 100 Mbps, suficientes para videollamadas, transmisiones en alta definición o incluso juegos en línea. Pensado inicialmente para lugares donde las redes convencionales no llegan, el servicio cubre zonas rurales, desiertos, alta mar, regiones amazónicas y otros territorios remotos.

    El funcionamiento es, en esencia, simple: una antena instalada en tierra se conecta directamente con el satélite más cercano y transforma la señal espacial en internet doméstico o móvil. Cada usuario recibe un kit compuesto por una antena parabólica —la conocida dish—, un router Wi-Fi y cables de conexión. La antena se orienta automáticamente y busca el mejor enlace disponible.

    En otros países, la empresa ofrece planes diferenciados, desde el servicio estándar para hogares y negocios hasta opciones portátiles diseñadas para conexión en movimiento.

    Captura página web Starlink/ 21 de abril de 2026.
    Captura página web Starlink/ 21 de abril de 2026.

    Pero incluso una tecnología pensada para funcionar en medio del océano o en una selva necesita algo básico: energía. Para operar requiere un cielo despejado, una ubicación elevada y, sobre todo, electricidad constante: un detalle menor en muchos países, pero decisivo en la isla caribeña bajo el mandato del Partido Comunista. 

    Cuba: entre la órbita y la prohibición

    Aunque Starlink no está disponible oficialmente en Cuba, los satélites sí sobrevuelan el territorio nacional. El propio Elon Musk escribió el 16 de marzo de 2026 en X que «funciona en Cuba, solo que no puede venderse allí», al responder a un usuario que preguntaba sobre el servicio.

    La cobertura existe, pero no la autorización del Estado cubano para comercializar el servicio.

    Según la Resolución 272/2015 del Ministerio de Comunicaciones, la entrada al país de terminales de comunicación satelital —como las antenas y routers de Starlink— requiere permisos especiales que, en la práctica, rara vez se conceden. Esto convierte su uso en una zona gris legal marcada por restricciones, advertencias oficiales y posibles sanciones.

    Equipos de Starlink decomisados a viajeros por la Aduana General de la República de Cuba. (Facebook/Aduana de Cuba)
    Equipos de Starlink decomisados a viajeros por la Aduana General de la República de Cuba. Foto: Facebook/Aduana de Cuba

    Sin embargo, la realidad cubana suele abrirse paso por rutas paralelas. Desde hace meses circulan reportes de equipos instalados en viviendas particulares y zonas rurales, así como ofertas en el mercado informal que oscilan entre 1.300 y 1.800 dólares, a lo que se suma una mensualidad que puede rondar entre 90 y 150 dólares, según el tipo de cuenta y el intermediario que la gestione, cifras inalcanzables para la mayoría de los cubanos y que, al cambio informal, equivalen a cientos de miles de pesos.

    Una búsqueda el 21 de abril de 2026 en Revolico, un portal de anuncios clasificados, arrojó varios resultados. En el primer anuncio se detalla: 

    Otro anuncio disponible es: 

    Ventas en Revolico

    En los grupos públicos en Facebook «Starlink Habana Cuba» (más de 17 300 miembros) y «Starlink Santa Clara cuba y venta de antenas microtick» (más de 2200) también es posible hallar ofertas relacionadas con este servicio, por fuera del circuito estatal. 

    «Tenerlo en estos dos últimos meses me ha cambiado por completo la rutina. Antes tenía que esperar la madrugada para que la conexión estuviera un poco más estable o moverme de un cuarto a otro buscando señal. Ahora puedo atender pedidos desde la casa, hacer videollamadas con clientes y hablar mejor con mi familia fuera de Cuba. Para mi negocio, más que comodidad, ha sido una herramienta de trabajo», declaró a El Estornudo un emprendedor que reside en La Habana y pidió anonimato por temor a represalias.

    Ante la interrogante de si tiene temor a que le decomisen los equipos o le impongan una sanción explica este cubano, de 48 años. «Aquí absolutamente todo es penalizado. Escuchar a Radio Martí, las antenas que cogen canales extranjeros, jugar a la bolita… hasta respirar si te descuidas. Es decir, un poco de temor, claro. Pero así vivimos siempre, y por todo. ¿Dónde compramos los dólares para poder obtener la comida que no venden en pesos? En el mercado negro. ¿Cómo resolvemos sacarnos una muela? Pagando… Y todo es por la «izquierda». Pero, ¿qué hacemos? Tenemos que seguir viviendo».

    Cómo se conecta Cuba por fuera de Cuba

    Un reportaje publicado por 14ymedio el 5 de abril de 2026 describe cómo la operación comienza mucho antes de encender la antena: en la Aduana. Según el medio, algunos viajeros desarman los equipos para volverlos «irreconocibles» en el escáner, los esconden dentro de televisores, torres de computadora o entre cables y piezas electrónicas. En otros casos, el paso depende de sobornos a funcionarios fronterizos.

    Una vez dentro del país, el siguiente reto no es menor: instalar la dish en una azotea con suficiente cielo abierto, pero lo bastante discreta como para no llamar la atención del vecindario ni de las autoridades. Algunos usuarios, según el mismo reporte, la camuflan detrás de muros, dentro de falsas cajas de aire acondicionado o la pintan de gris cemento para confundirla con la estructura del techo.

    No termina ahí. Como el servicio no se comercializa oficialmente en la isla, muchos cubanos recurren a cuentas activadas en terceros países —principalmente Estados Unidos o México— y utilizan planes de itinerancia o roaming gestionados desde el exterior. Esto significa que la conexión que llega a una casa en La Habana, Matanzas o Santa Clara, en realidad suele estar registrada legalmente fuera de Cuba.

    Satélites de Starlink
    Satélites de Starlink

    El otro gran obstáculo es la electricidad. En un país donde los apagones pueden prolongarse durante horas o incluso más de un día, la estabilidad de la conexión no depende solo del satélite, sino de la capacidad de mantener viva la antena en tierra. Por eso muchos usuarios la conectan a UPS, baterías de litio o pequeños sistemas solares, una especie de doble independencia: del monopolio de Etecsa y del sistema eléctrico nacional.

    Un reportaje de elTOQUE, uno de los medios cubanos que más ha dado seguimiento al tema, añade otra capa a este fenómeno. El medio consultó al especialista estadounidense en infraestructura de internet Doug Madory, director de análisis en Kentik, quien explicó que Starlink podría activarse técnicamente en Cuba incluso sin autorización oficial, como ya ocurrió en Irán durante las protestas de 2022. Aunque eso mantendría el servicio en un limbo legal y bajo el riesgo de sanciones para usuarios y proveedores, confirma que la posibilidad técnica existe aun cuando el Estado no lo autorice.

    Alrededor de esta tecnología prohibida ya ha comenzado a formarse un pequeño ecosistema. Un solo equipo puede alimentar una red doméstica o incluso una red vecinal improvisada, compartiendo Wi-Fi entre varias viviendas y convirtiendo a su propietario en un proveedor informal de internet. Según el propio reporte de elTOQUE, en algunos casos la señal se redistribuye mediante repetidores instalados en casas cercanas, lo que permite ofrecer conexión a vecinos por cuotas mensuales inferiores al costo del servicio completo.

    Vecinos consultados en La Habana aseguran que algunas redes compartidas cobran entre 20 y 50 dólares mensuales por vivienda.

    Cada antena escondida en una azotea no solo habla de acceso tecnológico; también evidencia la incapacidad del monopolio estatal para ofrecer una conexión suficiente, estable y compatible con la vida económica contemporánea.

    Por otro lado, la posibilidad de una red paralela adquiere otra dimensión en un país donde durante protestas y momentos de tensión social se han reportado cortes selectivos del servicio móvil. En ese contexto, una conexión satelital independiente podría convertirse no solo en una herramienta doméstica, sino en una vía alternativa para circular información en tiempo real.

    La señal y el control

    Más que una discusión tecnológica, el debate sobre Starlink en Cuba toca uno de los nervios más sensibles de la vida nacional: quién controla el acceso a la información y la comunicación en un país donde Etecsa sigue siendo la única puerta oficial a internet.

    La posibilidad de una conexión que no dependa directamente de la red estatal transformaría rutinas muy concretas: familias separadas por la emigración podrían comunicarse con mayor estabilidad; estudiantes acceder a clases y bibliografía en línea; emprendedores sostener sus negocios digitales; periodistas y activistas publicar y recibir información con menos intermediación.

    Sin embargo, esa posibilidad sigue enfrentándose a límites materiales y políticos: el alto costo de la tecnología, la dependencia de una infraestructura energética frágil y la capacidad del Estado para regular, restringir o criminalizar cualquier vía paralela de acceso.

    Sobre Cuba, la señal existe. Lo que sigue en disputa es quién decide quién puede usarla.

    El Estornudo contactó a Etecsa y al Ministerio de Comunicaciones para conocer si existe alguna posición oficial sobre el uso de servicios satelitales no autorizados como Starlink en Cuba, pero no obtuvo respuesta.

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