La brujería de Joao del Monte

    Joao del Monte aparece en el escenario de Marula Café en Barcelona con un sombrero de plumas sobre sus dreadlocks amarillos. Otras noches aparece con adornos dorados en los dientes o una falda que gira mientras él baila flamenco. En una misma noche canta, improvisa y se mueve como si cada gesto fuera parte de un ritual antiguo. Durante unos minutos, la música se vuelve otra cosa: una mezcla improbable de reparto, hip-hop, bulería y cantos afrocubanos. 

    Todo esto sucede en la «Fiesta del Monte», un proyecto que el artista impulsó hace cuatro años para reunir a músicos cubanos emigrados en España. Lázaro Joao Aguilera Duporte tiene 33 años y nació en Guantánamo, donde conoció el hambre por la libertad y la imaginación de quien crece rodeado de límites. Allí fue un niño inquieto, a veces incomprendido, que encontró en la escuela de arte y la danza una salida para todo lo que no cabía en su barrio.

    Mucho antes de instalarse en Barcelona, cuando aún vivía en La Habana, ya era un rostro conocido en las fiestas Hapes: encuentros clandestinos que ocurrían en distintos puntos de la ciudad y reunían a músicos, performers y jóvenes cubanos. Luego formó parte del grupo musical Interactivo, y así comenzó su carrera musical de una manera más seria. 

    Hoy se define como un cantor. Pero Joao del Monte es más bien un brujo del ritmo y del baile, alguien que toma fragmentos de muchas tradiciones y las mezcla hasta convertirlas en algo nuevo. Algo que, como su próximo disco, él llama brujería.

    Joao del Monte
    Joao del Monte / Foto: Cortesía de JdM

    En tu Instagram te defines como artista y creador que une raíces. ¿Qué raíces son las que te sostienen?

    Yo desde muy pequeñito estudié danza contemporánea y folclórica. Entonces, cuando llegué aquí a España, vi un espacio de las raíces de nosotros que no habíamos explorado del todo. Porque en Cuba mayoritariamente la influencia española está más bien en la arquitectura y en algunos otros aspectos de la cultura, pero no necesariamente la música.

    Las raíces que a mí me definen son esa mezcla que convierte al cubano en un ser que es tan especial musical, culturalmente. Las raíces africanas y las raíces flamencas en específico, lo más gitano, por decirlo de alguna manera.

    Cómo te defines hoy: ¿Joao del Monte o Chopán el 24?

    Chopán el 24 es un pseudónimo para definir una vertiente de mi trabajo que no es necesariamente Joao del Monte. Es decir, cuando estoy bajo el pseudónimo de Chopán el 24 es cuando más bien rapeo y estoy con el proyecto Soniqueton. Un experimento que hice el año pasado, que unió a varios productores para crear una sonoridad. Y ahí no podía firmar como Joao del Monte porque Joao del Monte cumple otra función en mi vida y tiene otra misión. 

    Y Chopán el 24 realmente fue como una especie de juego porque yo tenía que definir cómo iba a ser el alter ego que iba a asumir. Como ese proyecto busca hacer guiños al reparto y fusionarlo con otras cosas, me pregunté cómo se llamaría un repartero. Luego se me ocurrió escuchando música clásica con un amigo mío lo de Chopán el 24. 

    ¿Entonces el «soniqueton» es un sonido?

    «Soniqueton» viene de la palabra «soniquete», que en el flamenco se utiliza para definir la particularidad con que los cantadores y bailadores llevan el ritmo. Sobre todo, el ritmo de bulería: cómo tú llevas la rítmica y cómo la haces tuya. A eso se le llama soniquete. Y el «ton» es para unirlo con una cosa fonética latina que viene pues del reggaetón y que remite también a lo que es ser latino. 

    Lo que comenzó siendo una tentativa de disco, terminó siendo el sonido que ahora mismo hago. Me pregunté cómo sonaría el reparto si lo hacemos desde aquí, desde Europa, quienes estamos viviendo aquí, que no tenemos siquiera ese folclore y esa realidad del cubano que vive en Estados Unidos. 

    Como sería una radiografía de tu infancia en Guantánamo.

    Guantánamo para mí fue el lugar donde descubrí el amor que siento por la libertad. Fue un lugar que me enseñó el poder de la humildad, el poder de la sencillez. También era un lugar que siempre estaba un poco en contradicción con mi personalidad. Yo era un niño muy inquieto y Guantánamo era un lugar que todo el tiempo estaba llamando a que la gente tuviese un tipo de conducta, una manera de ser. 

    Crecí en un barrio bastante caliente y soy hijo único de mi madre. Entonces, era mezcla de sobreprotección con obsesión. También era un cariño que no se sabía gestionar, porque mi madre era muy jovencita y yo era como el hermano menor de mi mamá. Todavía lo soy, somos como hermanos ahora porque mi mamá es muy joven y mi papá también. 

    Y por otra parte la escuela de arte me dio otro espacio. Guantánamo fue también para mí puertas abiertas —y sería injusto que no dijera eso— al mundo la creatividad. Toda mi vida he cargado con ese mágico accidente de haber nacido en Guantánamo.

    Eres un showman que mezcla música con danza, performance e identidad. ¿Te consideras más músico o narrador de historias?

    Me considero, en cualquier caso, un cantor. Me considero músico en la misma medida que me considero bailarín o que me consideraría, si me da por pintar mañana, pintor. Creo que eso es un poder que tenemos todos y que muy pocos nos lo tomamos en serio. Si me tengo que definir, soy una persona que intenta narrar su paso por esta existencia valiéndose de las herramientas que he ido teniendo. Soy una persona que simplemente está narrando la película que es su vida.  

    En tu música confluyen funk, hip-hop, flamenco, trap, reparto y trova cubana. ¿Cómo llegaste a esta mezcla de estilos? 

    Básicamente es pura hiperactividad. Muchos lo verían como una bendición, pero realmente es muy difícil en estos días, cuando la gente tiene que autodefinirse como algo concreto, cuando la gente necesita entender del todo qué es lo que está escuchando y ponerle un nombre específico. Y ser una persona como yo, tan plural, se vuelve a veces un impedimento para llegar quizá a más personas —porque solo le llegas a gente tan hiperactiva como tú.

    Yo simplemente observo; hay cosas que me resuenan menos, cosas con las que me identifico más. Todos esos géneros que has mencionado tienen un punto en común, y es que en su estado puro les hablan a ciertos sentimientos… Porque el flamenco es simplemente el sentir de un pueblo que no pertenecía a ningún lado y que fue muy maltratado. El hip-hop nace en los barrios negros, como una expresión de empoderamiento de un sector eh bastante marginado. Y el reparto… lo mismo. Creo que al estudiar folclore siento empatía por todas esas cosas. 

    Joao del Monte
    Joao del Monte / Foto: Cortesía de JdM

    Barcelona es ahora mismo tu trinchera creativa. ¿Qué encontraste ahí que no podías encontrar en Cuba? 

    Yo he encontrado en Barcelona muchas cosas, pero lo primero es que he encontrado una familia. Un equipo que ha querido mis ángeles y mis demonios creativos. Y eso fue algo que me hizo mucha falta en Cuba, porque era un poco incomprendido. Entonces, aquí encontré una familia que empezó a soñar el mundo de Joao del Monte junto conmigo.

    Yo vine a España por un musical donde yo era protagónico y coreógrafo. Luego me quede aquí porque llegó la pandemia. En ese momento también sentía que a mi identidad le faltaba un pedazo. Primero me radiqué en Sevilla. Allí me sumergí en el mundo del flamenco. Pasan ciertas cosas que hacen que la gente ponga el ojo en mí. Y como siempre, cuando la gente piensa o yo doy por sentado que voy a hacer una cosa, mi cuerpo me lleva para otro lado. Empecé a viajar por toda España hasta llegar a Barcelona. 

    Un año y medio después de quedarme, empieza una emigración muy heavy de artistas de mi generación hacia Barcelona. Cuando hice la Fiesta del Monte realmente era con la idea de crear un espacio donde toda esta gente que estaba llegando pudiera encontrarse, aunque fuera una vez al mes. Para tener un lugar donde nuestra vibra se mantenga lo más intacta posible. Me di cuenta de que nosotros tenemos el fuego para levantar una nueva cubanidad desde aquí. Y así nace la Fiesta del Monte, que ya lleva cuatro años.

    ¿Qué buscas construir con esta fiesta? 

    En este punto ya es terapéutico, algo que necesito. Lo que empezó siendo para cubanos terminó siendo para la gente del mundo. Y lo que terminó siendo para la gente del mundo, vino a ser literalmente un ritual colectivo donde la gente va a sanarse. A sanar el espíritu a través de la música. Ahora mismo cuento con una banda hermosa.

    Joao del Monte
    Joao del Monte / Foto: Cortesía de JdM

    Tu imagen —algunas veces con sombrero de plumas, joyas en tus dientes, vistiendo una saya mientras bailas flamenco— rompe con la idea tradicional de un hombre negro y cubano. ¿Esa estética es una provocación, o simplemente eres tú?

    Yo soy así. Por eso me botaron de Guantánamo. El arte también debe generar ese debate y esa incomodidad, porque al final es un festejo a la libertad. En cuanto a la idea de qué es un negro cubano, creo que hay que relajarse un poco porque la masculinidad ya va por otro lado. La ropa femenina siempre me ha parecido más bonita que la masculina.

    Pero cuando monto a Joao del Monte se mezcla todo eso porque él es todos los juegos que no pude jugar en Guantánamo. Él es todo ese espacio de libertad, de sacar la lengua, de ser espontáneo. A mí me divierte también provocar ese tipo de incomodidad en la gente. ¿Qué te puedo a decir? Me encanta.

    La situación económica y política de Cuba es un tema recurrente en tus redes sociales. ¿Por qué?

    Lo que pasa es que mi corazón me dicta estar del lado de mi gente. Porque no soy ni nieto, ni primo, ni sobrino de nadie. Yo sí sé lo que es pasar trabajo, que tus padres tengan que trabajar durísimo para comprarte un par de zapatos al año. Sé lo que es pasar hambre, lo que es pasar frío, y estar en la calle. Como también sé lo que es el abuso de los policías y que te discriminen por tu color.

    Todo lo que hablo en mis redes sociales lo digo desde la espontaneidad más grande, desde la empatía y desde el vivir en carne propia el sufrimiento de mi gente. También sé que para hablar de política hay que saber, porque hay mucha gente que te va a atacar cuando no entiende tu visión.

    Creo que los artistas que venimos del pueblo deberíamos hablar en este momento preciso en nombre de la gente que nos ha puesto en ese lugar. Porque nosotros somos hijos de esa tierra, porque nosotros somos hijos de esas madres… Porque pudiera ser cualquiera de nosotros. Si yo me hubiese quedado en Cuba, quizás yo estuviese muerto o preso. No se trata de política, se trata de humanidad. Entonces ahí es donde se diferencian los trabajadores de la cultura y los artistas. 

    ¿En qué proyecto estas trabajando ahora?

    Sacaré un disco este año que se llamara Brujería del Monte. Y creo que es el final de un ciclo; también porque tengo 33 años, que es la edad de Cristo. Ha habido varias tentativas de sacar el disco antes, pero tengo una manera de crear un poco anacrónica respecto a la manera en que se supone que se deberían hacer las cosas. Eso va mucho con la frecuencia en que yo esté en cada momento. 

    Nosotros hicimos el álbum Brujería del Monte hace dos años. Todo iba apuntando a que iba a salir entonces. Pero cuando ya estaba terminado sentí que a ese álbum le faltaba algo. Le faltaba la temperatura sonora del reparto y de la música urbana.

    ¿Qué haces cuando no estás encima de un escenario? 

    Actuar. No hay una separación entre yo y Joao…; creo que ese es el gran dilema de mi vida. De hecho, el único lugar donde soy totalmente yo es en el escenario. 

    Todo lo demás es una búsqueda para sobrevivir. Todo el tiempo fuera del escenario estoy buscando cómo inventarme una excusa para estar encima del escenario. 

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    Tailyn de la Caridad Jiménez Sevilla
    Tailyn de la Caridad Jiménez Sevilla
    Periodista y feminista. Entre pedazos de Cuba y México.

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