Ada Ferrer: «La Patria debe ayudar a dar vida»

    Ada Ferrer, historiadora cubanoamericana ganadora del Pulitzer, publica ahora Keeper of My Kin, unas memorias íntimas sobre ruptura y separación familiar que constituyen también un registro público, nacional, del drama del exilio. Días atrás, su carta abierta a Miguel Díaz Canel —en la que le recuerda que «la soberanía no se puede comer»— desató una respuesta del gobierno en Granma. Ferrer habló en exclusiva con El Estornudo.

    ***

    Una mañana de abril de 1963, una madre con su bebé de nueve meses en brazos hacía la fila en el aeropuerto internacional de La Habana para tomar un avión a México. Suspendidos los vuelos directos a Estados Unidos, aquel corredor civil era la única salida al mundo occidental. El padre de familia había dejado Cuba unos pocos meses antes y esperaba por ellas en Nueva York, trabajando a razón de 48 dólares semanales en una fábrica de bicicletas. La fila en Rancho Boyeros transcurría en calma, mientras los oficiales de aduanas revisaban con rigor las pertenencias de cada pasajero. Todo equipaje que sobrepasara los límites de 5 dólares y 30 libras era inmediatamente objeto de inspección y confiscación.

    Una oficial se acercó a la joven madre con la mirada fija en los pequeños pendientes de oro de la bebé, un regalo de su abuela al nacer. Colocó sus manos en el lóbulo de la oreja de la criatura y estuvo a punto de quitarle el primer arete.

    «Pero en el último minuto cambió de opinión y los dejó en su lugar».

    Ada Ferrer era aquella bebé. La historiadora cubanoamericana y premio Pulitzer estaba en tránsito hacia una dimensión que cambiaría para siempre su vida, la del núcleo familiar que dejaba atrás y la de sus propios descendientes —tal como ha ocurrido con millones de familias cubanas en los últimos 70 años.

    La escena abre Keeper of My Kin (Guardiana de los míos), las memorias de una hija inmigrante, el nuevo libro de Ferrer que publica la editorial Scribner este 19 de mayo, con una presentación especial de la autora el jueves 21 en el Santuario de las Artes en Coral Gables.

    Keeper of My Kin, último libro de Ferrer
    Keeper of My Kin, último libro de Ferrer

    Profesora de historia en la Universidad de Nueva York durante 29 años y actualmente en Princeton, Ferrer ganó el Pulitzer en 2022 por su libro Cuba: An American History, que también recibió el Los Angeles Times Book Prize en la categoría de historia. Delicadamente escrito por quien es considerada una de las más prestigiosas historiadoras del presente, Keeper of My Kin reconstruye la saga de 50 años de su familia entre Cuba, Miami y Nueva York tras la llegada de Castro al poder. Sus páginas constituyen un retrato de amor y pérdida, del drama de la separación y las consecuencias para quienes quedaron atrás, incluyendo a un hermano de nueve años fruto de un matrimonio anterior, a quien su madre dejó al cuidado de la abuela porque el padre se negó a dejarlo salir del país.

    La historia familiar ha sido reconstruida a través de numerosas cartas, documentos y registros oficiales en Cuba y Estados Unidos, conversaciones con su madre y otros familiares y una memoria individual, que muchas veces contrasta con los recuerdos de otros parientes sobre los mismos hechos.

    Tras dos meses en México, el padre de Ferrer consiguió finalmente tramitar los visados y enviar el dinero para que pudieran volar a Miami. Durante esas primeras horas, la madre y la bebé, auxiliadas por un viejo conocido de la familia, lograron llegar a la Torre de la Libertad, en el Downtown, donde eran procesados y recibían ayuda los recién llegados.

    Así refleja el libro los momentos iniciales en Estados Unidos:

    «Para los cubanos que llegaron a Miami sin un lugar donde quedarse, que fue nuestro caso, el personal del Centro de Refugiados emitió vales para hoteles locales. Esto fue en 1963. El sur de los Estados Unidos todavía estaba segregado, y Miami era una ciudad del sur. Eso significaba que los recién llegados fueron asignados a hoteles por raza. Alguien, tal vez Bebo (el amigo de la familia), asignó a mi madre, que en Cuba era ampliamente considerada mulata, a un hotel blanco. Más tarde me dijo que todos los cubanos, independientemente de cómo hayan sido percibidos en Cuba, fueron asignados a hoteles blancos, a excepción de un hombre muy oscuro que viajaba solo».

    El libro nació de My Brother’s Keeper (La guardiana de mi hermano), una conmovedora historia publicada por Ferrer en 2022 en The New Yorker sobre la experiencia familiar y, sobre todo, las secuelas que sufrió su hermano mayor Poly al quedar en Cuba. Todos pensaban que quizás el padre cambiaría de opinión y le permitiría reunirse con su madre, o que Estados Unidos resolvería en poco tiempo el problema cubano. Cuando Ada volvió a ver a su hermano Hipólito, tras El Mariel, habían pasado 26 años. Su vida estuvo marcada por el trauma y la tragedia.

    «Cuando yo publiqué aquel artículo pensé: ‘esta es una historia cubana, le ha pasado a tantas personas’. Pero luego empecé a recibir mensajes, cartas de personas de muchos lugares, incluso de gente cuyos abuelos habían sobrevivido a Auschwitz», cuenta Ferrer a El Estornudo. Su libro, dice, conecta con inmigrantes de todos los orígenes: «ya sean de Cuba, El Salvador, de cualquier lugar, siempre hay detrás un dolor profundo por la separación».

    En circunstancias donde los inmigrantes se han convertido en el villano favorito de sectores extremistas en el país, añade: «Los tratan como si no fueran humanos. Yo solo intento humanizar la inmigración. En general, la gente no se va de sus países para pasarlo bien, se van porque tienen que hacerlo, y dejan a las familias porque no tienen más remedio. No son simples estadísticas. Hay innumerables historias de familias que se quieren, que sufren, que intentan lo más que pueden mantenerse unidas a pesar de la separación».

    En el caso de los refugiados cubanos, Ferrer resalta la diferencia en el tratamiento que recibían las primeras víctimas del éxodo, como su propia familia, y quienes llegan ahora. Muchos cubanos pensaban que las políticas de Donald Trump no se aplicarían a ellos, sino a otros: haitianos, mexicanos, salvadoreños. Hoy comprenden que «no hace distinciones», y que igualmente «los envía por meses a Alligator Alcatraz, a cárceles en Texas, Louisiana y Washington».

    Doctora en Historia por la Universidad de Michigan (1995), Ferrer analiza bajo el prisma académico las contradicciones de cierto sector del exilio cubano frente al concepto de legalidad migratoria. «Uno habla con ciertas personas y te dicen: ‘yo lo que quiero es que la gente llegue legalmente’, y resulta ser que vinieron por El Mariel o por la frontera», dice. «La Ley de Ajuste Cubano funcionó como una amnistía. No importaba cómo llegaba la gente, si tenían paroles vencidos o si habían entrado con visas de turista y se quedaron —lo cual también era ilegal. Todo eso fue perdonado por la Ley de Ajuste, que abrió un camino a la residencia, y lo sigue haciendo».

    Las primeras críticas a Keeper of My Kin han sido notables. Martha S. Jones, autora de The Trouble of Color: An American Family Memoir, la califica de una historia fascinante sobre «lo que se necesita para formar y mantener una familia a través de generaciones, incluso frente a la agitación política y las elecciones imposibles».

    Mirta Ojito, autora de Finding Mañana: A Memoir of a Cuban Exodus —quien presentará el libro el 21 de mayo en Coral Gables—, escribe: «La familia Ferrer se quedará contigo para siempre porque la suya es la historia de todos los cubanos en las últimas siete décadas… una memoria triunfante de amor y pérdida».

    La soberanía no se puede comer

    El pasado 6 de mayo, Ferrer publicó en The New York Times una carta abierta al gobernante Miguel Díaz Canel en la que afirma que «la continuidad no es lo que quiere la mayoría de los cubanos», pues para muchos de ellos «se siente como una condena a muerte».

    La historiadora cubanoamericana, que a partir de 1990 ha realizado numerosos viajes académicos y familiares a Cuba, aseguró al gobernante cubano que se opone a cualquier acción militar y reconoció que el embargo «hace que todo sea más difícil». Pero también le recordó que entre el 40 y el 89% de los cubanos viven en la pobreza y que las sanciones de Estados Unidos no justifican la paralización de las reformas económicas prometidas, las políticas monetarias desastrosas y mucho menos el encarcelamiento de artistas como Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Osorbo, o el acoso a la historiadora Alina López Hernández.

    «Cuba se desmorona, y la soberanía empieza a parecer una abstracción. No se puede comer soberanía. Y para sobrevivir, la gente debe comer», escribió.

    La misiva desató «insultos de ambos lados», desde los defensores del embargo y la línea dura del exilio a los voceros del régimen cubano. Enrique Ubieta, un apparatchik del PCC, publicó una encendida respuesta a Ferrer en Granma —sin reproducir su carta— en la que acusa a Ferrer de llamar «a la rendición», insiste en que el socialismo «es la única garantía de la soberanía cubana» y la emplaza a elegir entre «el lado del agresor o el lado del agredido».

    «¿Por qué la indignada académica insiste en que negociemos, si las alternativas son la sumisión o la muerte?», escribió Ubieta.

    La también autora de Insurgent Cuba: Race, Nation, and Revolution confiesa que no logró pasar de los primeros párrafos de la columna de Granma por «las mentiras» que contenía. «Mi carta solo pedía un diálogo nacional cubano, que no es ni sumisión ni muerte. Pero ellos solo pueden ver la situación a través del conflicto con Estados Unidos». 

    La respuesta del régimen hace emerger a la historiadora: «A principios del siglo XX, después de las Guerras de Independencia, muchos miembros del Ejército Libertador —mayoritariamente negro— reclamaban a Tomás Estrada Palma y a Calixto García sus derechos, pedían trabajos, y la respuesta de aquellos líderes era: ‘Eso ahora no conviene; cuando ellos se vayan entonces lo hacemos.’ Es justo lo mismo que ocurre hoy: no puedes criticar al gobierno cubano porque están los Estados Unidos».

    Ferrer reflexiona sobre su propia frase acerca de la soberanía y la alimentación. Dice que le vino a la cabeza hace unos seis meses y responde a las críticas recientes desde La Habana con una sola pregunta: «La gente en Cuba está sufriendo, ¿quién soy yo para decirle a nadie que la soberanía es más importante que la supervivencia?»

    Tras definirse como «soberanista», admite que el propio concepto «tiene sus límites» —de ahí la frase que tanto escozor provocó en el gobierno cubano. Y lo ilustra con el concepto de la canción Patria y Vida, algo sobre lo que nadie debería tener que escoger.

    «La Patria debe ayudar a dar vida», dice.

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