Ramón Saúl Sánchez: «El pueblo de Cuba se va a liberar a sí mismo»

    Ramón Saúl Sánchez ha pasado por todas las fases de la oposición contra el castrismo. Pocos como él para entender décadas de lucha por la democracia en la isla. «Es beneficioso que diga que yo cumplí prisión en Estados Unidos por mi lucha en contra del régimen», advierte desde el primer momento en que accede a hacer un recuento de más de 50 años de resistencia como exiliado cubano en Florida, donde llegó con tan solo 12 años en 1966 y al poco tiempo se integró a distintos movimientos opositores desde territorio estadounidense.

    «En ese tiempo me negué a hablar ante un gran jurado federal que investigaba un supuesto atentado a Fidel Castro cuando vino a Naciones Unidas en 1979», refiere sobre las razones que lo llevaron a cumplir más de cuatro años en prisión, de una condena de nueve. «Simplemente ese fue mi delito: permanecer en silencio», aclara. 

    Sánchez, a sus 71 años, se mantiene desde hace unas tres décadas como líder de Movimiento Democracia, la organización opositora de exiliados cubanos con sede en Miami, enfocada en la resistencia civil no violenta, una vía que adoptó después de salir de la cárcel a inicios de la década de los 80 del pasado siglo. 

    «Durante ese tiempo en la cárcel, por supuesto, tuve muchas oportunidades de meditar sobre una cosa tan hermosa como la libertad y si había que adquirirla a través de una cosa tan horrible como la guerra, la violencia, la guerra de guerrilla, lo que fuere… Y ahí me hice el propósito de plantearle al exilio cubano la metodología de la lucha cívica no violenta. Y eso fue lo que hice cuando salí de prisión», rememora en diálogo con El Estornudo.

    También recuerda que en esos inicios lo tildaron de loco y hasta se ganó algún que otro sobrenombre, porque aún no se entendía su metodología «blanda» para derrocar una dictadura militarista como la de los Castros. «Hubo quien me puso Florecita, pero el que me lo dijo no se atrevía a montarse en el bote y tirarle flores a los muertos en las aguas cubanas», recuerda.

    Sánchez, por más de tres décadas, ha sido un activo organizador de disímiles flotillas de barcos hacia la isla para exigir el derecho que asiste a todos los cubanos, refrendado también en la Declaración Universal de Derechos Humanos, de regresar a su país natal, además de intentar llevar ayuda en numerosos momentos de crisis, entre otras motivaciones humanitarias y políticas. 

    Dentro del exilio en Estados Unidos, Ramón Saúl es reconocido por su vasta experiencia en este tipo de acción, que ahora vuelve a retomar, junto a otros jóvenes coterráneos y otras organizaciones del exilio, en respuesta a la reciente manipulación narrativa del régimen de aceptar una flotilla organizada por la izquierda europea con ayuda humanitaria, cuando por esas mismas razones nunca les han permitido a ellos entrar ni a las aguas ni al territorio nacional.

    «En cada una de las flotillas que hicimos nosotros siempre hemos reclamado el derecho al retorno. Con el tiempo, el desgaste es lógico. También tengo cáncer. No tengo, digamos, la energía que tenía antes, pero sí el espíritu con la gente, con los cubanos dentro y fuera de Cuba. Curiosamente hemos tenido una buena receptividad internacional, aunque el gobierno de Estados Unidos ha estado ‘sentado’ sobre nosotros, cerrando puertas, tratando de cortar influencias. Tengo hasta una orden de deportación y no lo han hecho porque un juez impidió que lo hicieran. Pero seguimos en la lucha», afirma Sánchez, quien ahora vuelve a estar en la organización de una próxima flotilla hacia la isla.

    «Cuando parecía que ese planteamiento, a lo mejor, iba a languidecer, aparece un grupo de jóvenes cubanos muy entusiastas: Anamely Ramos, Salomé García Bacallao, Norge Rodríguez… Ellos empezaron a hablar de una flotilla. Ya había como cuatro proyectos de flotilla para coger los barcos y salir para allá, pero yo les digo: ‘cuidado, cuidado, que si salen le van a quitar los barcos, los van a meter en un juicio y hasta ahí llegaron’», refiere sobre el inicio de la futura acción que ahora organiza.

    El mayor obstáculo

    Para Ramón Saúl lo primero es lograr que la actual administración de la Casa Blanca autorice este tipo de iniciativa pacífica para llevar ayuda humanitaria por vía marítima hacia Cuba. De hecho, junto a otras organizaciones del exilio y activistas independientes, enviaron desde mediados de marzo último una solicitud formal al Departamento de Estado, en busca de una excepción específica de las regulaciones vigentes, emitidas bajo la Proclama Presidencial 6867 de 1996.

    Esta disposición fue aprobada durante la administración Clinton y ha sido ratificada por todos los presidentes de EE. UU. desde esa fecha, cuando se declaró una emergencia nacional relacionada con la navegación hacia Cuba, tras el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate. El decreto establece que «el ingreso no autorizado de embarcaciones sujetas a la jurisdicción de Estados Unidos en aguas territoriales cubanas viola las leyes estadounidenses y es contrario a la política de Estados Unidos».

    «Esos muchachos y muchachas no descansan», refiere Sánchez sobre la iniciativa de organizar una flotilla hacia la isla entre varias generaciones de opositores exiliados y activistas independientes. «Estoy tan orgulloso de ellos, porque son el espíritu de la nación cubana, el alma de la nación cubana. Entre todos estamos haciendo el trabajo, pero he aprendido mucho. Tienen esa creatividad del luchador cubano. Cuando los escucho, recuerdo un verso de Facundo Cabral y digo: ‘pobrecito mi tirano, piensa que el esclavo soy yo’», subraya.

    Aunque la iniciativa aún está en una fase inicial, por ahora el trabajo se ha concentrado en conseguir un barco grande para llenarlo de ayuda humanitaria, además de llevar, como en otras ocasiones, fuegos artificiales y rayos láser para hacer letreros en el aire. «Tenemos un transmisor de televisión que una vez dijimos que íbamos a llevar en una flotilla, pero desgraciadamente el gobierno de Estados Unidos nos dijo que si lo encendíamos, nos iban a confiscar el barco y a meternos presos», refiere Sánchez sobre uno de los disímiles desencuentros con las autoridades estadounidenses durante las más de 20 flotillas que ha dirigido desde mediados de los 90.

    «Sé que hay gente que no quiere creerlo, pero siempre [Estados Unidos] nos ha aguantado las manos para no molestar la digestión con el régimen. Y no es porque haya una afinidad filosófica o ideológica. No es eso. Son intereses. ¿Cuáles? Que el régimen amenace y vaya a crear otro éxodo masivo. También el régimen ha estado metido bajo el ala, primero de la Unión Soviética, y ahora bajo la de papá Putin, y eso le da una dimensión geopolítica a la causa de nosotros. Cuando Estados Unidos dice ‘te voy a abrir los ojos, régimen de Cuba’, Putin dice: ‘cuidado que le abro los ojos a tus intereses por acá’. Es lo mismo que pasó con el macabro entendimiento Kennedy-Jrushchov, que nos condenó a vivir permanentemente bajo tiranía. Creo que es necesario que el cubano lea la carta número 10 para que se indigne, como estoy yo indignado cada vez que menciono eso», cuestionó el líder de Movimiento Democracia, un gran convencido de que la lucha contra el régimen tiene que ser con creatividad.

    El dirigente del exilio cubano Ramón Saúl Sánchez, del Movimiento Democracia / Captura de pantalla
    El dirigente del exilio cubano Ramón Saúl Sánchez, del Movimiento Democracia / Captura de pantalla

    La idea hasta ahora es bojear la isla con el barco que consigan. Ir de un puerto a otro a 12 millas de distancia para no violar las aguas cubanas y sus autoridades no los vayan a agredir. Tampoco van a infringir el decreto presidencial de EE. UU. para que no les puedan quitar la nave, según lo que han estado analizando con un grupo de abogados que los asesora desde hace años.

    «Eso lo vamos a hacer alrededor de Cuba y lo único que le vamos a pedir al pueblo es que salga a la calle para que el barco entre. Todo lo que vamos a llevar: comida, alimentos, médicos, enfermeros será para ayudarlos. Queremos empezar por La Habana para darle bastante peso a la capital, aunque todavía estamos buscando el barco», refiere sobre algunas de las ideas que proyectan.

    «Todo el tiempo vamos a estar diciendo que entregaremos directamente la ayuda humanitaria al pueblo, porque el régimen se la coge, como está pasando con la de México. El gobierno de ese país y toda la gente que ahora estaba en esa flotilla saben que el régimen se queda con la ayuda o se la cobra a la gente. Pero a ellos no les importa, porque todavía respaldan una tiranía de casi 70 años, que da golpes y encarcela por simplemente sacar un celular y grabar una manifestación. Hay que ser muy ruin para apoyar eso. Tampoco me pueden decir que están haciendo un acto de caridad, porque no es verdad. Ellos saben lo que hacen, a menos que sean ciegos», comenta Ramón Saúl, quien conoce muy bien cuáles son los principales obstáculos para hacer realidad esta nueva iniciativa, en medio de las negociaciones entre La Habana y Washington, mayores tensiones entre ambos países y una escalada en la crisis interna de la isla.

    Para el líder opositor, la proclama presidencial es un gran impedimento para este proyecto. «Me he reunido con los guardacostas y con varias entidades. Les he pedido que expliquen públicamente qué va a hacer EE. UU. con el decreto. Ellos han dicho que lo van a poner en vigor. Eso lo sabía, pero deben decirlo, porque si la gente no lo sabe, cogen su barquito y salen para Cuba si aquello se cae, y ahí mismo van presos, les quitan el barco, es un desastre. Si lo hace uno, bueno, pero si lo hacen cien, quinientos, mil, imagínense el caos. Entonces, hemos dicho que vamos a trabajar junto con las autoridades para crear maneras de transportar ayuda, sin que los americanos se alarmen y no nos dejen salir», razona.

    Por eso, señala, han creado un plan de contingencia para hacer una red de apoyo con voluntarios —ya sean camioneros, yatistas, pescadores, pilotos, dueños de almacenes o de comercio— para recolectar ayuda y poder responder como exilio si hay un cambio de régimen. «Mi sueño  es que si yo no llego a ver a mi patria libre, por mi edad y porque el cáncer puede ser un factor, por lo menos saber que el relevo generacional sigue ahí en las flotillas», dice Sánchez, quien no olvida cómo fueron los inicios de estas acciones, a mediados de los años 90, en el pasado siglo.

    «Democracia», un barco símbolo

    Ramón Saúl recuerda que la primera flotilla la organizó para recordar el primer aniversario del hundimiento del remolcador 13 de Marzo por parte del régimen; una masacre que el 13 de julio de 1994 costó la vida de 37 personas, incluyendo diez niños y uno de tan solo seis meses de vida. También se propuso reclamar el derecho al retorno. 

    La idea no era solo entrar a las aguas territoriales, sino también poder desembarcar para reclamar la reunificación de la familia cubana, rememora. «Cuba, antes del 59, tenía solamente 66 mil ciudadanos en el exterior, según el propio régimen. Ahora tiene más de tres millones. Así que es un país dividido, por lo que nos parece muy importante la reunificación familiar y la reintegración de la nación cubana en su territorio nacional, que ahora está esparcida por el mundo», comenta Sánchez sobre las motivaciones de aquella acción inicial, tras conseguir un barco y bautizarlo con el nombre de Democracia. 

    El derecho a regresar a la Patria es uno de los principales reclamos de los movimientos en el exilio. Foto Facebook/ Anamely Ramos.
    El derecho a regresar a la Patria es uno de los principales reclamos de los movimientos en el exilio. Foto Facebook/ Anamely Ramos.

    «Ese barco se convirtió en un símbolo desde el 13 de julio de 1995, un año después de la masacre del remolcador. Salimos hacia Cuba con 13 embarcaciones y unas 70 personas a bordo. También fuimos con aviones de Hermanos al Rescate, de otros grupos y de nuestra organización. Llegamos hasta el límite de las aguas internacionales, cerca de Cuba. Solamente entramos con «Democracia», pero el régimen nos estaba esperando con once patrulleras, dos aviones Mig, un helicóptero y otro avión grande», recuerda Sánchez, quien no olvida cómo las patrulleras del régimen intentaron hundir su barco.

    Aunque han pasado más de 30 años desde aquel día, Ramón Saúl detalla cómo trataron de esquivar la agresión hasta que los violentaron. Hubo varios heridos a bordo, refiere. También cuenta que el piloto fundador de Hermanos al Rescate, José Basulto, sobrevoló La Habana para quitarles presión. «Pensamos que nos iban a hundir por el golpe que nos dieron, pero el barco resistió y pudimos regresar. Hasta ese momento nuestra organización se llamaba Comisión Nacional Cubana, pero desde ese momento lo cambiamos para Movimiento Democracia. Por eso nos gusta decir que nacimos y nos bautizamos en aguas cubanas», añade.

    A pesar del mal tiempo, del trabajo que se pasa en una flotilla, de los tremendos obstáculos para el viaje, de los costos del combustible para los barcos, de las veces que recaudaban dinero en las esquinas, todo se hacía con un amor tremendo por Cuba, dice Ramón Saúl. 

    Sin embargo, señala, en la segunda flotilla uno de los barcos se hundió tras zarpar, con saldo de un fallecido en medio del rescate, y la operación tuvo que ser cancelada. Para la tercera flotilla ya había ocurrido el derribo de las avionetas y lo demás ya es historia: Clinton aprobó el decreto presidencial 6867, que contribuyó enormemente a diezmar la participación de los cubanos en estas operaciones. 

    Desde entonces, cuenta Sánchez, ya todo se hizo más difícil. «Nadie quería perder sus barcos, aunque seguimos haciendo flotillas. También comenzamos una lucha contra ese decreto. Hasta tuve que hacer huelgas de hambre para que nos devolvieran barcos confiscados. Llevamos al gobierno a las cortes, logramos en algún grado modificar ese decreto, pero siempre permaneció más o menos intacto, como un instrumento para impedir que realizáramos flotillas», destaca el líder opositor.

    El soberano de la lucha contra el régimen

    «Que no me hagan cuento ni los políticos, ni los presidentes, ni los agentes políticos, porque yo lo he vivido todo. Empecé la lucha cuando tenía 15 años y ya tengo 71. Tampoco le creo a ninguno cuando dice que nuestro enemigo es su enemigo, porque el propósito principal de ese decreto es mantener relaciones internacionales con el régimen de Cuba», apunta sin ambages.

    Ramón Saúl sostiene que el soberano en la lucha contra el régimen es el pueblo de Cuba, el que está dentro de la isla y el que tuvo que emigrar. «Pobrecito del pueblo que piense que un presidente extranjero, una ley extranjera, un político extranjero lo va a hacer libre», reflexiona a propósito del diálogo que sostienen las autoridades cubanas con el gobierno de Estados Unidos

    A su entender, la lucha del exilio por casi 70 años ha sido para reconquistar la personalidad de la nación, que ha sido pisoteada por el propio régimen. «Cuba es hoy el único país en el hemisferio, y tal vez en el mundo, que tiene tres potencias extranjeras en su territorio: China, Rusia y Estados Unidos. Ese régimen ha sido títere de cuanto imperio se encuentre por el camino. Por eso, lo primero para que alguien quiera ser solidario es reconocer quién es el soberano, que es el pueblo de Cuba. Lo segundo: si alguien nos quiere dar solidaridad, ese alguien no debe conectarse con el farsante que pisoteó la soberanía de los cubanos, porque eso es una ofensa. Soy una persona liberal de pensamiento, creo que el diálogo es lo más maravilloso que puede existir para evitar conflictos, pero con ese régimen no existe diálogo. Ahora mismo Estados Unidos está implorando para que haya otra Delcy Rodríguez en Cuba, pero ese tipo de visión, como la de Venezuela, yo no la quiero para mi patria. Imagino que ahora los venezolanos se estén preguntando hasta dónde va eso, porque la libertad así no camina», argumenta.

    Sánchez, del Movimiento Democracia / Foto: EFE
    Sánchez, del Movimiento Democracia / Foto: EFE

    Sánchez explica, además, que mientras Estados Unidos está haciendo negocios con Venezuela, sacando petróleo, y Donald Trump le manda un cheque a Delcy Rodríguez de 380 mil millones de dólares, el pueblo venezolano sigue en las calles pidiendo comida. También las madres tienen que hacer huelgas de hambre en las plazas para que les suelten a sus hijos presos políticos. Además, añade, ese gobierno no quiere que los presos sean liberados porque son factores de soberanía y pueden empezar a movilizar a las masas. 

    «Por eso salimos al frente desde el principio. Ahora es que Marco Rubio [Secretario de Estado] ha dicho que no se va a buscar a alguien para estabilizar económicamente al país.  No puede haber ninguna negociación con el régimen y si Estados Unidos quiere ayudar, que se desconecte del régimen y se conecte con el pueblo de Cuba», razona Sánchez.

    «Nosotros hemos planteado al gobierno de Estados Unidos cuatro puntos fundamentales para el cambio de régimen. Primero: apoyar las manifestaciones populares que están pasando en Cuba ahora mismo, que no llegan a una mayor escala porque no tienen apoyo. Segundo: activar Internet para la isla. Tercero: advertir al régimen que no puede reprimir a los manifestantes. Decirle al que dé la orden que lo  ‘vamos hacer un tostón como hicimos con Maduro’. Cuarto: hacer un plan de contingencia para que, desde ahora, el cubano sepa que el cambio va a ser para progresar. En cualquier país capitalista, en una situación de crisis, muchas cosas siguen funcionando, pero en Cuba no, porque hay una economía vertical; todo depende del Estado. Bueno, desde ahora los cubanos deben saber que su exilio se preparó junto con la solidaridad de Estados Unidos y de otros países para llevar ayuda de emergencia si cae el régimen», explica.

    Sánchez insiste en que esos cuatro puntos son sencillos para Estados Unidos. «No tienen que invadir, no tiene que morir ningún marine por nosotros. No quiero una invasión para mi país. Hemos luchado contra eso y bastantes invasiones hemos tenido. Necesitamos ser independientes, amigos de Estados Unidos y de todos los países del mundo. Sueño con que llegue el día en que no haya un gobierno en mi país que esté tirando paletadas de odio contra otros pueblos. Yo creo que el pueblo de Cuba se va a liberar a sí mismo, pero ojalá no pase nada que nos traumatice de por vida, como una intervención armada o como otra Enmienda Platt», analiza.

    «Tengo absoluta fe en el pueblo de Cuba, a pesar de los tantos porrazos que le han dado, a pesar de tanta indolencia y tanta complicidad en el mundo, tanto de sectores de derecha como de izquierda, como aquí en Estados Unidos, donde hay congresistas de izquierda que quieren ver al régimen para siempre y congresistas de derecha que quieren hacer negocio con ellos», argumenta Ramón Saúl, quien reiteró su confianza en el pueblo y los talentos de la isla.

    «¿Sabes quién no le tiene nada de fe?», se pregunta y luego responde: «El régimen de Cuba, que sabe que si le suelta las manos y sus cadenas, ese pueblo se va a empoderar económicamente y los va a lanzar por la borda».

    Sánchez confiesa que quiere volver a Cuba por dos razones: ver a su pueblo libre y ayudarlo a servir. Explica que el exilio cubano siempre ha sido la primera fuente de ayuda humanitaria en casi 70 años para la isla. Cada año, en remesas  son más de siete mil millones de dólares. Asimismo, refiere que el cubano come ahora por cuenta del exilio.  

    «Esa experiencia que hemos obtenido fuera, junto con la voluntad de ir a servir a nuestra patria, que no es ir a quitarle nada a nadie, será una oportunidad tremenda. Imagino a Cuba en democracia como un país que va a desarrollarse, manteniendo una relación positiva, de cordialidad y respeto con Estados Unidos. Ojalá que sea así, aunque por ahí he escuchado a un sector muy pequeño que quiere que Cuba sea el estado número 51 de la Unión. Para esos, yo tengo una mejor idea: que Estados Unidos sea la séptima provincia de Cuba. Siempre he dicho que tengo dos patrias, pero Cuba tiene el mismo tamaño moral y espiritual que Estados Unidos. Sí creo que los cubanos vamos a hacer que nuestra nación resurja. Vamos a reunir a la familia en el territorio nacional y crear un edificio grande donde quepamos todos, con todos los derechos».

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    Katia Monteagudo
    Katia Monteagudo
    Nació en el centro de Cuba, pero es ya chilanga por adopción. Pertenece a la generación del linotipo, a la mismísima era del plomo, pero sigue en el oficio por puro deseo casi 40 años después de haberse licenciado en la Universidad de La Habana.

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