Sontag nos habla del implacable derretimiento del tiempo que implica una fotografía, el cuerpo frágil de papel que proyecta el mundo y lo sobrevive....
Descansa en soledad, indio oriental, honrado por el panóptico patrio de quienes fuimos colonizando a todos tus personajes hasta declarar, sin demagogia ni despedida ni duelo: «Mario Limonta soy yo».
El cubano-asturiano, por demás, tenía suerte para el gol, sobre todo para saltar y colar el balón en la portería de un cabezazo. Un mal partido del Real Madrid valía la pena solo por ver qué se sacaba de la manga ese día. Como Cruyff muchos años después, Chus no solo entendió que no es necesario correr tanto cuando se juega con inteligencia, sino que el fútbol es, antes que todo, un espectáculo.
Inmediatamente, la policía del lenguaje ha protestado porque Luis Manuel Otero no ha replicado ningún lema de obediencia ni se ha comportado como un pionero. Estos oficiales tienen delante de sí el testimonio vivo de alguien que venció al castrismo, pero lo que necesitan es que el castrismo no deje de triunfar.
Si hasta hace poco le robaban el tiempo, ahora le han quitado su espacio. Su nueva condena será observar, a la distancia, que Cuba ni siquiera es aquella que dejó de ver el 11 de julio de 2021.
El país está roto. No existen los avengers para salvarnos, y sí una casta de millonarios pedófilos que son nuestros dueños. Ellos pueden decir quién se queda y quién se va. Si no les gusta lo que publicas, pueden ir por ti.
Leandro Eduardo Campa fue (o es) un escritor nacido en La Habana, Cuba, en 1953. Llegó a los Estados Unidos con el éxodo del Mariel. Medio vagabundo, elegante y mitómano (según dicen), vendía prendas falsas en las calles de South Beach o de la Pequeña Habana.