Hierro, gritos y disparos: cómo se vivió el motín en la prisión cubana Canaleta

    Un motín en Canaleta, la cárcel cubana de alta seguridad ubicada en Ciego de Ávila, dejó la noche del pasado 18 de febrero un saldo de un joven muerto, al menos siete fallecidos más tras la represión y varios heridos trasladados en ambulancias. Las noticias de lo ocurrido ocuparon la cobertura de medios independientes y los muros de Facebook de activistas y ONG de derechos humanos. A su vez, el impacto de las denuncias obligó al Gobierno cubano a abandonar el silencio férreo que ha impuesto sobre lo que ocurre en su sistema penitenciario.

    Decenas de audios y videos tomados durante esas horas de revuelta, a los que tuvo acceso El Estornudo, permiten describir escenas de lo ocurrido y conocer lo que se respira tras las rejas: rabia, desamparo, hambre, y una crítica al régimen del Partido Comunista de Cuba (PCC) que ya no se susurra, sino que se grita, y no solo por los presos políticos. Lo que comenzó como una protesta relacionada con las precarias condiciones del sistema penitenciario, terminó en bastonazos, sangre y un silencio oficial que intenta tapiar, otra vez, la grieta por la que se filtra la realidad de los penales de la isla.

    ***

    De una parte, alguien grita con voz ronca: «¡Patria y Vida, cojone!». Desde el edificio de enfrente repiten en coro la frase que invierte el lema oficial «Patria o Muerte». De fondo: chiflidos agudos, golpes metálicos contra las rejas, cubetas estrellándose contra el piso. El poder, acostumbrado al silencio, escucha su nombre convertido en consigna.

    «Eso es música para mis oídos —risas—. Vamos a seguir, vamos a seguir: Díaz-Canel, singaooooo. Abajo Díaz-Canel. Vamos, que esto está cogiendo fuerza. Viva Donald Trump, cojone. Asesinos. Son unos terroristas. Ya esto se acabó, pinga. Qué lindo suena esto. Este es el sonido de la libertad». La grabación dura cuatro minutos y medio. Todo está oscuro; apenas destellos de las luces altas del patio intermedio. Las voces se superponen, se pisan, se empujan. Pero, cuando el que dirige el coro alza la voz, el penal entero parece una sola garganta.

    ¿Qué los llevó a ese punto? ¿Por qué, en plena madrugada, decenas de hombres dejaron de intentar dormir para gritarle al poder desde las celdas?

    Otro video registra el momento que, según varios testimonios, encendió la chispa. Desde detrás de unas rejas se ve un pasillo lateral. Dos hombres vestidos de verde arrastran un cuerpo por los brazos; otros dos lo sostienen por los pies. Un civil camina al lado. Desde la celda alguien pregunta: «¿Qué pasó, asere? ¿Se ahorcó o lo ahorcaron?».

    —Le dieron una mano de palo y ahora qué le pasó, asere.

    —Perro, se ahorcó.

    —¿Cómo que se ahorcó? Lo ahorcaron. ¿Cómo fue la vuelta esa? Tremendo. Estos batistianos están acabando con todo.

    Según otro testimonio en audio, al que tuvo acceso El Estornudo, «un muchacho protestó por la comida, lo molieron a golpes en la celda y luego se ahorcó». Eran alrededor de la una de la madrugada del 19 de febrero de 2026. La noticia corrió de celda en celda como un fósforo encendido. Después vinieron los gritos, el motín, y la respuesta: golpes repartidos «por todos lados». Siete muertos más, varios heridos graves. Entre los fallecidos, aseguran, Giancarlos, «un niño», y El Perro, un preso con padecimientos psiquiátricos.

    El opositor José Daniel Ferrer, exiliado en Miami, también denunció en redes sociales que entre los presos muertos estaría Jorge Archivar Castillo, alias Pilita, aunque a sus familiares no se le ha informado nada hasta este momento. 

    La organización de derechos humanos, Prisoners Defenders, informó además que entre los fallecidos está un joven conocido como  «El Chino de Baraguá»; y entre los heridos aparecen Daniel Labrada Morales y  Luis Fariña, «golpeados brutalmente». Fariña hoy está en neurología del hospital de Morón, a 40 km de la prisión». 

    Por su parte, Diario de Cuba informó que, tras la respuesta de las fuerzas del Estado, varios activistas han identificado entre los heridos a Giorkis Vargas Ramos, miembro del grupo disidente Cuba Primero, y Yumel Rodríguez Carbó, preso por un delito común.

    Según reportes de activistas, Vargas Ramos recibió disparos de balas de goma a corta distancia, además de fracturas en el cráneo y las costillas, y fue trasladado en estado grave al Hospital de Morón. En tanto, Rodríguez Carbó, también permanece en estado crítico tras sufrir fuertes golpes en la cabeza.

                                                             ***

    Cuando amanece, el tono cambia. Ya no es solo euforia ni coro. Es tensión.

    En otros videos, grabados con la luz del día, se escucha: 

    «Ahora es que hay que seguir. Se cayó el comunismo». «Estamos aquí con una puerta trancada. Nosotros desarmados, y míralos a ellos. Dicen que hay una pila de muertos, a ver si nos siguen matando a los presos».

    «Aquí nos tienen trancados y con un ejército afuera. La brigada de la calle, la especializada, está ahí».

    «El oficial Jimmy y el jefe de unidad dicen que si abrimos las puertas no nos van a hacer nada, pero hay ciento y pico de boinas negras».

    «Si nos pasa algo, fueron los comunistas».

    Del otro lado hay al menos una decena de uniformados: policías, tropas especiales Boinas Negras, escudos antimotines, cascos, armas largas colgadas al pecho. También perros. Permanecen de frente a los presos, inmóviles, como si esperaran una orden o una excusa. «Estamos desarmados», repiten.

    «Esto está lleno de policías y si abrimos las puertas nos van a matar a palos.
    Les pedimos que nos apoyen, que nos ayuden con lo que estamos haciendo». (Les dicen a quienes puedan acceder a las imágenes)

    En un momento, alguien enfoca a tres guardias que rodean a un recluso. «Están tirando gas pimienta, mira cómo le dejaron la cara». Más adelante se escuchan detonaciones. «Están tirando tiros estos…». La frase se pierde entre gritos.

    El jefe de la prisión, mayor Noel Morales López de Ciego de Ávila, fue identificado e incluido en la base de datos Represores Cubanos, por su responsabilidad en la represión desatada en el penal. El proyecto de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba (FDHC) añadió que el oficial fue visto «pisoteando la cara a un recluso conocido como Iván El Gordo», según una denuncia difundida por el activista Yonimiler Del Río Polo.

    Por su parte, Prisoners Defenders reportó que el Tte. Coronel Carlos Martínez Rodríguez, conocido como «Carlito el Cojo», fue quien dirigió la masacre de la prisión de Canaleta. «Es uno de los represores más crueles del sistema penitenciario cubano», publicó la ONG con sede en España.

    ***

    Otros videos, grabados en la noche, muestran un pasillo largo, atravesado por varias rejas intermedias. En una de ellas, una máquina de soldar chisporrotea justo en la cerradura. Las chispas iluminan por segundos al grupo de hombres reunidos en un extremo: algunos en short, otros en camiseta, varios descalzos. No tienen nada en las manos. Solo miran cómo el hierro se sella.

    Cuando intentamos reconstruir ese momento, la respuesta fue breve: «Era la policía para que los presos no salieran».

    El motín, entonces, ya no era solo un grito. Era un cerco. Y el hierro volvía a imponerse sobre la voz.

    El silencio oficial empezó casi al mismo tiempo que los bastonazos. Durante más de 24 horas no hubo una sola palabra pública del Ministerio del Interior. Cuando la noticia ya circulaba en redes y había llegado a medios internacionales, el Minint se pronunció. No habló de muertos ni de heridos graves. Dijo que había «restablecido el orden con racionalidad y determinación» y redujo lo ocurrido a un «incidente que alteró el orden». La sangre no apareció en el parte oficial. Solo la versión del brazo represor del Estado imponiendo, también en el lenguaje, su propia normalidad.

    Desde 2023, organizaciones independientes como el Centro de Documentación de Prisiones Cubanas y Cubalex han documentado en esa prisión denuncias reiteradas de hambre, reducción de raciones, golpizas, castigos en celdas de aislamiento, falta de atención médica y muertes bajo custodia en contextos de presunta negligencia. Con más de 3 mil internos y en medio de la crisis económica que atraviesa el país, el penal arrastra reportes constantes de desnutrición, enfermedades sin tratamiento y restricciones a las visitas. 

    ***

    A las 10:00 de la mañana del 19 de febrero, una anciana —que pidió no revelar su nombre y ofreció detalles a El Estornudo a través del perfil en Facebook de una sobrina— llegó desde Jicotea hasta las afueras de la prisión. Alguien le había avisado que «algo terrible estaba pasando». Se quedó allí trece horas. No vio a su nieto. Nadie le dio una explicación. Solo vio entrar camiones cargados de Boinas Negras y patrullas que cerraban el perímetro. Con el paso de las horas fueron llegando otras madres. Se reconocían en la misma pregunta y en el mismo miedo. Esperaron juntas, bajo el sol. Días después, todavía no ha podido hablar con él. No sabe si está herido. No sabe si está vivo.

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