enero 24, 2026

Enero y las señales del colapso anunciado: ¿qué viene después?

Cuba se sostiene apenas por ayudas humanitarias, donaciones puntuales y el respaldo limitado de los pocos aliados estratégicos que le quedan. 
Cuba, crisis
Un basurero en Cuba (Foto referencial: CubaNet)

SANTIAGO DE CUBA. – Tras un diciembre particularmente duro, enero llegó marcado por la escasez extrema de alimentos, apagones prolongados y la paralización de servicios básicos. La asfixia económica sobre el régimen de La Habana es casi total.

El pasado martes, los puertos marítimos de La Habana y Santiago de Cuba recibieron simultáneamente dos buques con unas 2.400 toneladas de arroz procedentes de China. Sin embargo, el cargamento apenas alcanzará para distribuir entre una y dos libras por persona —y no en todas las provincias— de forma gratuita.

Venta de huevos en Facebook (Captura de pantalla)

En lo que va de mes, en la provincia de Santiago de Cuba solo se han entregado dos latas de sardinas donadas y una libra de azúcar parda como parte de la canasta básica. Nada más.

La ayuda china incluye un donativo total de 60.000 toneladas de arroz y una asistencia financiera estimada en 80 millones de dólares, lo que consolida al país asiático como uno de los principales respaldos políticos y económicos del régimen cubano. Aun así, estos aportes están muy lejos de compensar la magnitud de la crisis estructural que enfrenta el país. 

“Dos sardinitas a principios de mes y una libra de azúcar que estaba mojada y con peste a viejo. Nada de arroz. Este mes he tenido que comprar casi 30 libras y todavía no llega el normado”, dijo a CubaNet Gisela Díaz, residente en La Maya, Santiago de Cuba.

Aunque Santiago figura entre las provincias “beneficiadas” con la distribución del arroz chino —junto a La Habana, Pinar del Río, Artemisa, Mayabeque, Isla de la Juventud, Guantánamo y Granma—, al cierre de esta nota la entrega aún no había comenzado. Incluso cuando llegue, la cantidad será prácticamente irrisoria frente al consumo real de la población, lo que empuja a millones de cubanos hacia el mercado informal.

Precios que anulan el salario 

Los precios reflejan la verdadera magnitud de la crisis: una libra de arroz cuesta entre 180 y 300 pesos, una de frijoles entre 450 y 500, un litro de aceite entre 1.000 y 1.200 pesos y un cartón de huevos asciende hasta 3.500 pesos. Productos que durante décadas formaron parte de la canasta básica —aceite, café, cárnicos— hoy solo pueden adquirirse en mercados privados o en tiendas estatales en dólares, a precios cada vez más prohibitivos.

Entre diciembre y enero, según comerciantes y consumidores, los precios aumentaron entre 50 y 100 pesos en la mayoría de los productos básicos. Con un salario medio mensual de 6.506 pesos, comprar solo lo mínimo necesario para una familia pequeña se vuelve un desafío casi imposible.

(Captura de pantalla)

La santiaguera Dianelis del Río, cuyo salario mensual no llega a no llega a 5.000 pesos, gastó más de 13.000 en una sola compra de fin de semana. Tanto ella como su esposo se las arreglan para aumentar sus ingresos, a sabiendas de que con ese sueldo se mueren de hambre. 

“Siempre compro lo justo para mi esposo, mi hijo y para mí. Esta vez no exageré, pero tuve que comprar 10 libras de arroz a 265 pesos cada una”, explicó.

Entre ese arroz, cinco libras de pollo, dos libras de carne de cerdo, un litro de aceite, 10 huevos, tres libras de picadillo, dos de frijoles, algunos vegetales, un jabón de baño y algo de vianda, el dinero se evaporó. “Todo me cupo en dos bolsitas de nailon. Aun así, no pude garantizar la merienda de mi hijo que está en quinto grado. Es increíble lo poco que vale mi trabajo en este país”, denunció la mujer residente en La Maya. 

Inseguridad alimentaria: de coyuntura a supervivencia

La inseguridad alimentaria en Cuba se agravó de forma estructural tras la contracción del subsidio venezolano, que durante más de dos décadas cubrió cerca del 60% de la demanda energética de la Isla y buena parte de sus importaciones de alimentos.

(Captura de pantalla)

Como resultado, el país derivó en una crisis energética crónica que paralizó la producción agrícola, la industria alimentaria y la cadena de frío, reduciendo además la capacidad estatal de importar bienes básicos. Incluso antes del colapso definitivo del eje Caracas–La Habana, ocurrido el pasado 3 de enero, más de 4,2 millones de cubanos —el 37,8% de la población— ya sufrían carencias severas.

Entre 2017 y 2024 la producción nacional de arroz cayó más del 58%, el maíz un 38% y la zafra azucarera cerca de un 90%. Como consecuencia, los precios de los alimentos se multiplicaron por 10 o más, empujando a la población hacia el mercado informal como única vía de subsistencia.

La alimentación no es el único problema 

Pero la crisis no termina al comprar: también afecta cómo cocinar. Apenas una semana después de los acontecimientos en Venezuela, la estatal Cuba petróleos (CUPET) anunció la suspensión indefinida de la venta de gas licuado en Santiago de Cuba y otras provincias orientales. Aunque se informó de un buque procedente de Rusia, no se precisaron plazos de descarga ni distribución.

Como consecuencia del paro, en el mercado informal de Santiago de Cuba, el gas ya se cotiza hasta en 25.000 pesos, cuando hace dos semanas se hallaba en 13.000. Mientras, el cilindro completo alcanza los 35.000, unos 5.000 más que hace pocos días. 

Israel, de 42 años, presintió que el de la segunda semana de enero sería el último carro de gas que entraría al punto de La Maya, donde vive. No se equivocó, pues a partir de esa fecha detuvieron la venta. 

(Captura de pantalla)

“Prioricé comprar el gas y dejé la comida para después”, relató. “No compraba desde febrero de 2025 porque siempre se acababa antes que llegara mi número en la cola. Previendo eso, tomé 4.000 pesos que tenía destinado para alimentos y pagué un turno por la izquierda. De no haberlo hecho, tampoco habría alcanzado, como la mayoría que allí estaba”, contó. 

“Ya tengo gas, luego veré qué como. Es una preocupación menos, porque cocinar con leña me está haciendo daño”, reconoció Israel. 

Asimismo, la escasez de gas licuado ha obligado a miles de familias a regresar a la leña y al carbón, cuyos precios también se han disparado. Ahora mismo un saco de carbón puede alcanzar los 2.000 pesos en la provincia, cuando en diciembre costaba entre 900 y 1.500.

El futuro no es alentador

Aunque el Gobierno insiste en que 2026 será un año de “recuperación económica”, con un crecimiento del PIB del 1% y la reactivación de sectores clave, la mayoría de los analistas prevén una profundización del colapso. 

El cese total del suministro de petróleo venezolano ―solo parcialmente compensado por el crudo mexicano― mantiene al sistema eléctrico, al transporte y a la producción nacional en una situación de extrema fragilidad. Las afectaciones energéticas, que ya sobrepasan picos del 60% anticipan apagones más prolongados, interrupciones en la cadena de abastecimiento y mayores dificultades para sostener otras actividades estratégicas. 

En paralelo, el régimen enfrenta un margen financiero prácticamente agotado. La renegociación de la deuda con el Club de París el pasado miércoles ―tras sucesivos aplazamientos― expone la incapacidad del Estado para cumplir compromisos externos y estrecha aún más el acceso a nuevas fuentes de financiamiento. En este contexto, ni los respaldos de sus aliados, Rusia y China, parecen capaces de revertir una dinámica de deterioro que avanza hacia un punto límite que podría ser imposible de sostener.

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