enero 25, 2026

“Con el alma hecha tiras, sobreviví”: entrevista a Félix Luis Viera

Con una amplia obra premiada en Cuba y otros países, Félix Luis Viera es uno de los más destacados autores cubanos de los últimos 50 años.
Félix Luis Viera; Literatura;
Félix Luis Viera (Foto: Facebook/Omnikizzy Productions)

LA HABANA, Cuba – Con una sólida obra narrativa y poética – seis poemarios, tres libros de relatos y ocho novelas- que ha sido premiada en Cuba y otros países, Félix Luis Viera (Santa Clara, 1945) es uno de los más destacados autores cubanos de los últimos 50 años. Residente en Miami desde 2015, accedió gentilmente a responder este cuestionario para CubaNet.   

¿Cómo te iniciaste en la literatura?

Siempre tuve esa obsesión, pero no pude entrarle en la adolescencia. Soy hijo único, a los 16 años me quedé huérfano de padre, quedamos solos mi madre y yo, y para subsistir, debí continuar con urgencia una carrera de nivel medio —que antes, vacilante, había comenzado— muy distante de las Humanidades: contabilidad y control económico. Así, estuve lejos de un ambiente propicio para la estimulación de la creación literaria, y a la par debí trabajar día tras día —a veces noche tras noche— y en ocasiones sábados y domingos en algo que detestaba, más asistir cuando me lo requirieran a lo que llamaban “trabajo productivo”, en el campo o en una fábrica. No obstante, iba escribiendo cositas que guardaba para algún día —la mayoría no pasó la prueba del tiempo— mientras esperaba un ambiente más propicio. Fue duro, muy duro, resistir sin claudicar. Hasta que, en 1979, con ayuda de algunos amigos, pude trasladarme a la Dirección de Cultura y entonces la vida se me hizo menos árida. Ya en 1976 había recibido el Premio David de Poesía y eso me ayudó para el traslado. Todo se hacía más difícil pues vivía en una ciudad de provincia.

 ¿En qué terreno te sientes más cómodo, en la poesía o la narrativa?

No sabría decirte, en ambos me siento, como suelo decir, en velatorio y verbena. La creación literaria (no sé si será igual para otros autores) algunas veces resulta andar de fiesta íntima y otras de íntimo pesar. Es una maldición imprescindible.

Nunca como en “El corazón de un rey” fue tan bien descrita en una novela el ambiente de la década de 1960 en una ciudad del interior de Cuba, en este caso, Santa Clara. ¿Cuánto hay de autobiográfico en ella?

Mucho. Los personajes son tomados de la vida real, o al menos, lo fundamental de ellos y su entorno, hombres y mujeres que existieron y aún me parece que existen.  Esa novela ha tenido bastante atención por parte de la crítica. Algunas de las personas que han escrito sobre ella afirman que, si bien Santa Clara es la referencia directa, resulta una historia que aborda mucho de lo que ocurrió en el lustro 1963-1968 en Cuba. “Es una epopeya de lo civil”, afirmó el escritor colombiano Marco Tulio Aguilera. Me costó mucho trabajo escribirla. Me llevé el borrador para México en 1995 y dejé una copia en resguardo en casa de una amiga. La escribí con trocitos de cinta de máquina de escribir, con papel robado, a veces reciclable —incluido el papel carbón—, y a veces con hambre. El borrador —la primera versión— fue escrito de 1990 a 1995. Luego la trabajé mucho y no quise apurarme para publicarla; me avisaban que no sería fácil (tenía 700 cuartillas) y decidí priorizar «Un ciervo herido».

¿Y qué hay con Un ciervo herido? ¿Qué relación tuviste con las UMAP?

Estuve 6 meses en 1966. Me dieron baja porque yo era el único sostén de la familia y se había violado la ley en mi caso. En mi novela me baso en mis experiencias y en testimonios de quienes habían llegado antes que yo.  Aquello fue terrible. El solo hecho de quitarle su hijo a una madre sin decirle para dónde lo llevan es suficiente vileza.  En octubre pasado se cumplieron 60 años del establecimiento de las UMAP. Allí estuvieron jóvenes y no tan jóvenes —los había de 40 años y más— cuyos únicos “delitos” serían pertenecer a una denominación religiosa, ser homosexuales, desenvolverse en eso que llamaban la “dulce vida” o de algún modo mostrarse contestarios del régimen.

¿Por qué el sexo y el erotismo están siempre presentes en tu narrativa?

Y a veces también en mi poesía. “El estilo es el hombre”, sentenció Georges-Louis Leclerc. Y creo que así es. Cada escritor debe tener una voz y un mundo —por supuesto que no me refiero a un mundo físico—, si se sale por alguna razón, por dinero, por estar en onda, por obedecer a un factor externo cualquiera, etcétera, está jodido.

¿Cuál de tus novelas prefieres?  

“Con tu vestido blanco”, “El corazón del Rey”, “Un loco sí puede”, “Un ciervo herido”, “Irene y Teresa”, son de lo mejorcito que he escrito.

Viviste en México y adquiriste la ciudadanía de ese país. ¿Qué significó México para ti? 

Viví 20 años en Ciudad de México, del 31 de mayo de 1995 al 11 de junio de 2015. Fui por una semana para un encuentro cultural, una semana que duró 20 años… La sangre del tequila tiene un alto componente autobiográfico. Para mí México significó un reencuentro con la vida, otro natalicio, la resurrección…Pero, de cualquier manera, es terrible quedarse lejos de la tierra, y más para quien resulte muy aferrado a ella, como es mi caso.

A los 5 meses de estar en México comencé a escribir “Un ciervo herido” y los poemas que conforman “La patria es una naranja”; luego, continué con el —arduo— trabajo de “El corazón del rey”. Y he continuado escribiendo hasta hoy. Lo cual resulta difícil cuando has “renunciado” a tu currículum, y a los lectores de tu país, como es el caso obligado de la mayoría de los escritores cubanos que emigramos.

Uno de tus poemarios se titula “La patria es una naranja” … ¿Cómo te ha marcado estar fuera de Cuba?

“La patria es una naranja” contiene mucha tristeza; varios de sus poemas los escribí lagrimeando casi. Como te decía, abandonar la tierra, la familia, es algo terrible. Ya hoy puedo afirmar que con mucho esfuerzo personal y con eso que llaman el alma hecha tiras, sobreviví.

¿Cuál es el próximo libro que nos deparas? 

Hace poco publiqué “Tania”, una novela corta que se desarrolla en Ciudad de México. Mis tres libros más recientes —no debemos decir “los últimos”— tienen como escenario Ciudad de México. Ahora, trabajo en un libro de relatos que se desarrollan también allí. Se trata de relatos, no de cuentos, porque hay diferencias: el relato puede asumir subtramas y varios personajes que a su vez se hallan más trabajados, más completos que en el cuento, y por lo tanto resulta más extenso.  Digamos que el cuento es el hombre que cruza la calle de acera a acera, y el relato es el mismo hombre que cruza la calle, entra en el parque, da unas vueltas, saluda a un amigo que le cuenta su tragedia y se encuentra con una mujer y estalla toda una historia con nortes y sures y pasados y futuros. El título provisional es “NO QUIERO QUE TE VAYAS” — “Ocho relatos de amor de la vida real en la Ciudad de México”. Asimismo, estoy trabajando en un poemario que habrá de titularse (espero tener gasolina para concluirlo): “En edad de morir”.

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Luis Cino

Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956). Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Se inició en la prensa independiente en 1998. Entre 2002 y la primavera de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003. Reside en Arroyo Naranjo. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.

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