MADRID, España.- El Gobierno cubano intenta reposicionar a la isla en el mercado turístico europeo en medio de una de las peores crisis del sector en décadas. La estrategia fue presentada en la Feria Internacional de Turismo (Fitur), en Madrid, donde las autoridades apostaron especialmente por el público español como vía para recuperar un flujo de visitantes que se ha desplomado desde antes de la pandemia y no ha logrado repuntar de forma sostenida.
El ministro de Turismo, Juan Carlos García Granda, dijo en Fitur que Cuba es “una isla ideal para hacer turismo” pero que atraviesa “algunas dificultades” pero que “Cuba se reinventa todos los días” y que el Gobierno tiene “la intención de trabajar muy fuerte para recuperar ese mercado”, en referencia al europeo.
Durante sus declaraciones, el funcionario insistió en que “la seguridad” es uno de los principales activos del país frente a otros destinos del continente americano y lamentó que, especialmente en España, “todas las noticias sobre Cuba realmente tengan un matiz traumático”, en alusión a la cobertura sobre la crisis económica, social y energética que vive la isla. Esa narrativa oficial que pretende minimizar la situación en el país choca con la realidad cotidiana de millones de cubanos y con las advertencias de gobiernos extranjeros sobre la escasez de electricidad, agua, combustible y servicios básicos. Así como la imagen de destino seguro contrasta con la realidad de los últimos años, marcada por un aumento de robos, asaltos violentos y homicidios, algunos de ellos con víctimas extranjeras, en un contexto de empobrecimiento generalizado y debilitamiento de los servicios públicos.
Quitando importancia al impacto de los apagones en el sector, García Granda sostuvo que “el turismo internacional surgió en Cuba en una etapa que se conoce como período especial de carencias mayores que las que tenemos ahora, y desde entonces cuenta con infraestructuras propias para no depender del sistema electroenergético nacional”. Añadió además que polos como Cayo Coco y Cayo Largo “tienen generación eléctrica propia”, marcando una diferencia explícita entre las condiciones de los hoteles y las que enfrenta el pueblo cubano.
Mientras tanto, desde el discurso difundido por medios estatales, Cuba promociona en Europa un amplio catálogo de “multidestinos” que incluye playas, ciudades patrimoniales y enclaves naturales del occidente y el centro del país, presentados como espacios seguros y plenamente operativos. Varadero, La Habana, Trinidad, Viñales, Santa Clara y los cayos del norte figuran entre los principales reclamos.
No obstante, más allá de las ferias y campañas de imagen, el turismo cubano continúa lastrado por una crisis energética crónica, problemas de conectividad aérea, deterioro de infraestructuras y un entorno económico marcado por la escasez y la falta de transparencia. En un país donde los hoteles de lujo funcionan con prioridad mientras la población soporta largos cortes eléctricos y carencias básicas, la apuesta por el mercado europeo busca sobre todo un salvavidas financiero para un modelo que no ofrece señales de reformas profundas ni soluciones estructurales.
De acuerdo con cifras oficiales, Cuba pasó de recibir alrededor de 4,7 millones de turistas en 2018 a poco más de 1,8 millones en 2025, un descenso que evidencia el deterioro estructural de una industria clave para que el régimen obtenga divisas.








