noviembre 28, 2025

Algunas viñetas sobre la fase terminal del régimen castrista

Las narraciones sobre las actividades recientes de la dictadura cubana resultan cada vez más pasmosas.
Una parada de ómnibus en La Habana
Una parada de ómnibus en La Habana (Foto: CubaNet)

LA HABANA, Cuba. – En una serie de trabajos periodísticos publicados en este mismo diario digital en estos días iniciales de la semana, mis colegas de CubaNet, trabajando cada uno por su lado, pero aportando todos a la causa superior de esclarecer la lastimosa situación que padece ahora mismo nuestra desdichada Cuba, nos ofrecen elementos para calificar ese catastrófico estado de cosas, y lo que es peor: constatan la ausencia de vías adecuadas para empezar a salir de ese berenjenal.

Lo peor es que los pasos determinantes para que los mismos habitantes de esta Gran Antilla nos quedáramos sin los mecanismos que, en los países de nuestro hemisferio, han servido para realizar un decidido cambio de rumbo cuando esto último se hace necesario, se perdieron de manera definitiva en fecha tan lejana como el mismo año 1959, el mismo en que treparon al poder Fidel Castro y sus compinches.

A la caída del régimen del general Fulgencio Batista, los nuevos mandamases prometieron celebrar elecciones en un plazo de varios meses. Pero ese ofrecimiento formal fue sustituido por una consigna pasmosa, que planteaba exactamente lo contrario: “¿Elecciones para qué?”. Y en verdad, si ya el instaurador del nuevo régimen dominaba por completo las riendas del poder, ¿qué sentido tendría (para él mismo, quiero decir), convocar a una consulta electoral que únicamente podría socavar ese poder omnímodo?

Fue así que Cuba se mantuvo la friolera de 17 años sin celebrar nada parecido a unas elecciones. Y cuando las realizó en 1976, fue solamente para escoger a unos concejales que nada o poquísimo decidían. Los diputados eran votados por las distintas asambleas municipales, pero como el número de candidatos era idéntico al de las curules, se garantizaba que todos fuesen “electos”. En fin, unas “elecciones” ajustadas a las más rancias tradiciones comunistas.

Cuando, con el paso de los años, el “socialismo del siglo XX” instaurado por Castro dio paso al llamado “socialismo del siglo XXI”, se permitió la existencia de candidatos opositores que, en teoría, podían triunfar. Otra cosa es que en países como Venezuela o Nicaragua, se cambien descaradamente las cifras de los votos recibidos por cada candidato, o se meta preso al que disiente.

Pero en países que no han llegado a esos extremos se observan resultados diferentes. Es el caso de la fraterna Bolivia, donde, en medio de la difícil situación económica entronizada por el despilfarro de los recursos públicos perpetrado por los gobiernos del MAS (Movimiento al Socialismo), los ciudadanos pudieron optar por otros partidos y candidaturas. Hemos visto que esto condujo a la elección de un nuevo presidente (Rodrigo Paz), que encamina a sus electores y al país por una senda diferente.

Pero es hora ya de hacer un breve resumen del cuadro tétrico de Cuba que mis colegas de CubaNet han descrito en sus artículos de días recientes. Comenzaré por Ana León, quien publicó el lunes un texto de título esclarecedor: “SOS Cuba: del secretismo de Castro a la negligencia de Díaz-Canel”.

El trabajo periodístico hurga en los temas asistenciales que durante decenios han sido enarbolados por el régimen, en forma mentirosa, como supuestos ejemplos de una admirable actividad… Pero el bajante del texto es francamente lapidario: “El Gobierno de Díaz-Canel, perpetuador del desastre creado por Fidel Castro, ha convertido exitosamente a Cuba en un ecosistema hostil a la salud, la rehabilitación y la vida”.

Es una forma de resumir, para consumo general, una realidad que los cubanos de a pie estamos padeciendo durante los últimos meses. Me refiero, por ejemplo, a la epidemia de chikunguña y otras arbovirosis. Aunque, de inicio, las autoridades sanitarias del país mantuvieron un silencio sepulcral sobre la amplia difusión de esos males, hoy se reconoce que hay miles de casos. Incluso la Organización Panamericana de la Salud (OPS) “ha señalado a Cuba como el país con mayor índice de infestación por chikunguña en todo el continente americano”.

Por su parte, el economista Orlando Freire Santana, vuelve a insistir en un tema que resulta recurrente dentro de la prensa alternativa cubana: “La nociva contratación gubernamental de los productos agropecuarios”. El especialista recapitula el pésimo trabajo de la Empresa de Acopio, el monopolio estatal que fija los precios de manera unilateral, pero que, además, a menudo no recoge las cosechas y las paga tarde y mal.

Aquí viene al caso hacer una pequeña digresión, e incursionar en la versión actual de la Constitución, la cual data de 2019. Su artículo 18 establece que “en la República de Cuba rige un sistema de economía socialista basado en la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción como la forma de propiedad principal, y la dirección planificada de la economía (…)”.

Para decir en pocas palabras la situación absurda en la que se encuentra hoy lo que queda de la economía cubana: el mismo sistema tildado de “socialista” (que es, para empezar, el que metió al aparato productivo del país en el atolladero en que se encuentra) es el que está llamado a corregir los errores anteriores y, supuestamente, relanzar la economía hacia nuevas cotas más elevadas.

Creo que el grado de desesperación que embarga a los dirigentes cubanos se puede constatar al leer el texto: “Un espejismo llamado ‘contratación directa’: la carnada del régimen para inversores extranjeros”. Esto quiere decir que, en medio del “corralito” que impide a los inversores extranjeros disponer libremente de las divisas de sus cuentas bancarias, pretenden camelarlos con esos cambios pequeños, puntuales y nada significativos.

Mientras tanto, la colega Gladys Linares incursiona en lo que espera después de la muerte a los habitantes de esta Isla otrora llamada “la perla de las Antillas”. Desde un comienzo, la periodista aclara que no pretende referirse a las causas de la muerte de un vecino suyo muy estimado (una arbovirosis), sino, dice, “voy a referirme al grotesco fenómeno en que se ha convertido los servicios funerarios” en el país.

Y sí, forzoso es reconocer que los pagos paralelos por prestar los servicios fúnebres elementales, la reclamación de pagos adicionales por realizar los actos más simples que se supone que garanticen unos funerarios que se respeten medianamente, los que en el artículo se enumeran en forma detallada, resultan sobrecogedores.

Deseo terminar el presente artículo haciendo una cita a un interesante texto del colega Luis Cino. Su título expresa una realidad que, de manera documentada, con datos precisos, se ilustra en el texto: “Fue mayor la represión anticomunista bajo el castrismo que durante la República”.

Se trata, claro, de una faceta más de la represión que ha constituido una característica infaltable en la actividad del régimen castrocomunista. Pero si el amigo Cino demuestra, de manera documentada, que la represión, ¡pero no la dirigida contra demócratas o libertarios, sino contra comunistas!, fue más severa en estos decenios que bajo lo que ellos llaman “la República mediatizada”, ¡creo que sobra cualquier comentario adicional! ¡Se ha demostrado sin lugar a dudas la naturaleza absolutamente represiva del régimen castrocomunista!

ARTÍCULO DE OPINIÓN Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

Sigue nuestro canal de WhatsApp. Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de Telegram.

Hipólito Echegoyen

Periodista independiente radicado en Cuba.