LA HABANA.- Este noviembre, derrochando ditirambos y frases altisonantes, la Cuba oficial conmemora los 50 años del inicio, en 1975, de la intervención militar cubana en Angola. En tan redondo aniversario es oportuno revisar algunos aspectos de la historia, muy distorsionada por el castrismo, de aquella contienda.
Los primeros cientos de efectivos de las Tropas Especiales del Ministerio del Interior enviados a Angola con el mayor secreto, en noviembre de 1975, en el marco de la llamada Operación Carlota, consiguieron imponer en el gobierno a Agostinho Neto, del comunista Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), al derrotar en Cabinda y Quifandongo e impedirles tomar Luanda a sus rivales, la UNITA y el FNLA, las otras dos guerrillas independentistas que habían combatido a los portugueses.
Para sostener al régimen del MPLA, los cubanos tendrían que permanecer en Angola durante más de catorce años. Para 1976, Cuba llegó a tener 70 000 soldados en Angola. Entre 1975 y 1989, 350 000 soldados cubanos pasaron por Angola, un país once veces mayor que Cuba y a 11 000 kilómetros de distancia, océano Atlántico de por medio. Un empeño militar de tal envergadura, como jamás había sido emprendido más allá de sus fronteras por un país del Tercer Mundo, fue posible gracias al control totalitario de la sociedad cubana por parte del régimen de Fidel Castro y al enorme equipamiento logístico soviético.
Lo que pudo ser otra guerra civil más en el continente africano se convirtió en un conflicto de alcance internacional, donde la Unión Soviética y Cuba apoyaron al MPLA, y Estados Unidos, Sudáfrica y China, a la UNITA.
Las fuerzas cubanas y del MPLA nunca lograron el control total del territorio angolano. Las guerrillas de Jonás Savimbi se convirtieron en la más terrible pesadilla de los mejores generales cubanos. Las minas antipersonales y las emboscadas de la UNITA son recuerdos pavorosos presentes en los relatos de los cubanos que pelearon en Angola. Refieren que gran parte de la población local ayudaba a la UNITA; muchos que por el día se mostraban como simpatizantes del MPLA, cuando caía la noche se tornaban en seguidores de Savimbi, quien, por motivos étnicos, tenía mucho arraigo en el sur.
La historiografía castrista ha exagerado en cuanto a la magnitud de las fuerzas sudafricanas a las que tuvieron que enfrentarse en varios momentos durante su estadía en Angola. Por ejemplo, en Cuito Cuanavale, donde los cubanos y las FAPLA, encerrados en un perímetro defensivo, resistieron el empuje de los sudafricanos desde diciembre de 1987 hasta julio de 1988. Sin contar a los cubanos, solamente los soldados de las FAPLA sobrepasaban 4 a 1 a los sudafricanos.
El Batallón Mecanizado 61, la única unidad convencional del ejército regular sudafricano que peleó en Cuito Cuanavale, contaba con unos pocos tanques Leopard y 55 carros blindados. La infantería fue el Batallón 32 Búfalo, integrado por antiguos insurgentes angolanos del FNLA dirigidos por oficiales sudafricanos.
El régimen cubano considera que en Cuito Cuanavale tuvo una gran victoria. Pero en realidad fue una victoria pírrica. Basta con revisar las pérdidas de ambos bandos. Mientras que los sudafricanos tuvieron 31 muertos, solo hasta abril de 1988, las FAPLA tuvieron 4 785 muertos. Se desconoce la cantidad de bajas mortales cubanas. Las fuerzas cubanas perdieron 94 tanques, cientos de blindados y nueve MIG-23.
También exagera la historiografía castrista en cuanto a la contribución cubana a la independencia de Namibia y al fin del apartheid en Sudáfrica.
Las fuerzas combinadas cubanas, de las FAPLA y la South West Africa People’s Organization (SWAPO) avanzaron hasta 20 kilómetros de la frontera entre Namibia y Angola, pero no pudieron cruzarla. Ya Sudáfrica había aceptado la Resolución 435 del Consejo de Seguridad de la ONU para conceder la independencia a Namibia.
En cuanto al fin del régimen del apartheid, más que la presencia cubana en Angola, pesó el embargo internacional al que estaba sometida Sudáfrica y el auge de los movimientos nacionalistas negros.
Tanto el presidente sudafricano Pieter Botha como Fidel Castro y los soviéticos estaban ansiosos por salir de Angola y evitar una guerra convencional de mayor envergadura y de imprevisibles consecuencias. Recordemos que, según reveló Fidel Castro en 2006, el gobierno sudafricano, ante su crítica situación militar en el sur de Angola, llegó a analizar el empleo de armas nucleares contra las tropas cubanas, y que el plan de contingencia cubano, ante tal eventualidad, habría sido la voladura de una gigantesca represa en la frontera, lo que hubiera ocasionado que millones de litros cúbicos de agua arrasaran varias ciudades de Angola y Sudáfrica.
La firma de los acuerdos de paz entre Cuba, Sudáfrica, Angola, Estados Unidos y la Unión Soviética en 1988 fue uno de los últimos episodios de la Guerra Fría.
Según cifras oficiales, 2 655 cubanos murieron en Angola. Pero otras fuentes aseguran que fueron miles más. Millares de cubanos regresaron de Angola mutilados, con los nervios destrozados y víctimas de extrañas patologías, a un país que se adentraba en una grave crisis luego del derrumbe de la Unión Soviética.
Más allá de satisfacer las ansias de Fidel Castro de jugar a la guerra, ¿para qué sirvió todo ese sufrimiento?
Tras el retiro de las tropas cubanas de Angola, la UNITA siguió la guerra contra el gobierno de Eduardo Dos Santos, el corrupto sucesor de Neto. Los acuerdos de paz de Lusaka de 1994 entre el MPLA y la UNITA no se pudieron poner en práctica hasta ocho años después. La guerra civil no concluyó hasta después de la muerte de Savimbi, quien fue ultimado por una patrulla gubernamental que se topó casualmente con él en la selva en febrero de 2002. Luego de su muerte, UNITA aceptó convertirse en un partido político. Angola, que ha modificado cinco veces la constitución, desde 1992 renunció al marxismo-leninismo y abrazó el multipartidismo y la economía de mercado.
