Su llegada a Chile fue fruto de un intercambio cultural. El estallido social, la maternidad y luego la pandemia marcaron un giro inesperado: no pudo regresar con su hijo a Cuba. «No decidí emigrar, fueron cuestiones extras a mi voluntad», confiesa.
En Santo Tomás, Atlántico, municipio ubicado en el Caribe colombiano, las personas se flagelan por la salud propia o de sus familiares. Le llaman «pagar una manda». Se trata de una promesa que hacen directamente a Jesús de Nazaret.
Los colores vivos, y cada elemento que lucen, son toda una experiencia visual. La gente que los observa bailar puede verse también reflejada en los espejos que cada uno porta en el disfraz. Es un gran jolgorio, un disfrute colectivo: yo soy tú, tú eres yo.
Para Otero, este grupo de santos en Párraga, milagrosos, desvalidos, pero también más potentes que todo lo demás, nos enseñan que, «a pesar de los diferentes colores o tamaños, tenemos que salir y romper la vitrina de cristal».
«Proteger el país no es lo mismo que proteger… el control», decían en ‘El4tico’ Kamil Zayas Pérez y Ernesto Ricardo Medina, detenidos esta semana por la Seguridad del Estado cubano.
La joven influencer cubana y su madre fueron condenadas a dos años de limitación de libertad por grabar y publicar la visita de un agente del Ministerio del Interior a su vivienda en marzo pasado.