Hay pocas certezas sobre Raúl Guillermo Rodríguez Castro. Se sabe, por supuesto, de su genealogía «real» y que por una malformación en un dedo de una mano le llaman «el Cangrejo», cosa que no le incomoda. Hasta ahora su vida pública ha consistido en aparecer detrás de su abuelo, Raúl Castro, cuidándole siempre las espaldas con una pose casi paródica de los agentes de seguridad en las películas de Hollywood.
Sus nombres son Luis Barrios Díaz, Yosandri Mulet Almarales, Gerardo Díaz Alonso y Manuel de Jesús Guillén Esplugas, y todos murieron mientras cumplían penas de privación de libertad.
El castrismo descubrió la «diplomacia de los cuerpos» cuando entendió que los presos podían funcionar como marcadores de valor para realizar transacciones. En otras palabras, contaba con una especie de moneda para negociar en momentos difíciles, solo que el valor del cambio no estaba asignado aquí a «objetos», sino a «sujetos».
Las masivas protestas del 11 de julio de 2021 demostraron que el miedo podía romperse. Las que hoy recorren Cuba demuestran que esa lección sobrevivió a la represión.