LA HABANA.-Hasta ayer mismo fueron los generadores eléctricos de gasolina y diésel pero, en medio de la peor crisis con los combustibles, con la dolarización total del poco que aún se comercializa de modo racionado en las estaciones de CUPET y con el litro superando los cuatro mil pesos (unos ocho dólares) en el mercado informal, el nuevo “producto estrella” del régimen son los paneles solares y los “kits fotovoltáicos”. Llegan con precios para el mercado minorista que oscilan entre los 800 usd, por un módulo “sencillo” de 1.5 kw, hasta los más de cuarenta mil usd por un sistema capaz de generar electricidad para todos los equipos de alto consumo de más de una casa, un barrio o una gran empresa.
Probablemente más de un centenar de negocios entre estatales y privados en la Isla se promocionan en Internet ofreciendo la instalación de generadores solares, como si la opción estuviese al alcance de todos, lo que a la vez envía un mensaje engañoso de que, como entidades del Gobierno o afines a este, han encontrado una solución a la crisis. La cual que es posible implementarla a gran escala, en un contexto donde el salario promedio anual ni siquiera alcanza para adquirir un pequeño panel de 500 watts, y aún así sin los componentes necesarios para el funcionamiento.
Aunque también una buena parte de las ofertas más publicitadas de paneles y kits provienen de mipymes privadas, de emprendimientos personales desde los Estados Unidos, y hasta de empresas extranjeras establecidas en Cuba (como All Novu, que además comercializa electrodomésticos con una red de tiendas propia en varias ciudades del país) el grueso de ellas dependen (tanto para su abastecimiento como para la importación de equipos y componentes) de empresas mayoristas e importadoras. Las cuales en su totalidad son estatales, pertenecientes a ministerios como el de Energía y Minas (el caso de Tienda Lucendi SRL o el de SunCar SRL) o el de Informática y Comunicaciones (tiendas y sucursales de COPEXTEL, de Correos de Cuba) y hasta el mismísimo Ministerio de las Fuerzas Armadas (con CIMEX y subsidiarias como principales importadoras de sistemas fotovoltáicos, además de Solar Mariel LTD, en asociación con Reino Unido, y TRD, como una de sus comercializadoras minoristas más conocidas).
En el caso específico de CIMEX, de acuerdo con un informe de ventas al cual pudimos acceder recientemente, la comercialización mayorista a clientes del “sector privado” se disparó en un 300 por ciento tan solo entre los meses de enero y febrero, cuando los ingresos por concepto de sistemas fotovoltáicos (incluyendo todos los demás componentes además de los esenciales: paneles, inversores y baterías) superaron los 20 millones de dólares (específicamente 20 millones 235 mil usd). Una cifra que rebasó en más de tres veces las ventas de plantas eléctricas de combustible en todo el año 2024 y el primer trimestre de 2025, considerado por la empresa que pertenece a GAESA como el mejor período para ese renglón.
Igualmente, describe el mismo informe, se han disparado los contratos de importación con ocho empresas estatales y 26 privadas (entre nacionales y mixtas), alcanzando cifras récords que, de concretarse las entregas, superarían ampliamente lo ingresado hasta lo que va de 2026, así como las ventas de lo que aun queda en almacenes. Esto, unido a lo importado, arrogaría unos 170 millones de dólares para el cierre de diciembre, de acuerdo con lo que en el documento llaman “cálculos más conservadores”.
De acuerdo con fuentes consultadas en el propio CIMEX, la mayoría de sus proveedores son empresas chinas establecidas en Panamá, además de varias pequeñas empresas en México, y al menos dos en Canadá, dos en España y una en Reino Unido, muchas de ellas tributando partes a la Empresa de Componentes Electrónicos de Pinar del Río. Lo cual aseguraría que puedan satisfacer totalmente la demanda de este año, incluso en los volúmenes considerables que están demandando comercializadoras como COPEXTEL y proyectos estatales “de alta prioridad” como los de los Ministerio de Energía y Minas, Salud Pública y los ministerios de Educación y Educación Superior.
En cuanto a estos últimos casos, reportes en la prensa oficial hablan de la distribución de más de 20 mil módulos fotovoltáicos en toda la Isla como “estímulo” a trabajadores de los llamados “sectores priorizados”. Sobre todo médicos, maestros y “obreros vanguardias”, casi que obligados a endeudarse con el banco, con créditos exorbitantes, cuando no quedan opciones para enfrentar los largos apagones que sufren a diario y cuando sus salarios no les alcanzan para adquirir ni siquiera el más “barato” de los kits.
Varios de estos “beneficiados” con los que hemos podido conversar, reconocen que estarán endeudados incluso hasta después de muertos, en tanto, en algunos casos, los plazos se extienden por más de veinte años de descuentos a sus salarios, cuando el valor del módulo solar que han recibido como “estímulo” ronda los 70 mil pesos, más de lo que muchos logran con sus oficios en un año.
Una situación que recuerda aquella otra durante la llamada “Revolución Energética” impulsada por Fidel Castro, cuando millones de cubanos fueron obligados tanto a adquirir los módulos de cocción comprados por el régimen a China, como a endeudarse con el banco a pesar de que apenas un año después de adquiridos la mayoría de los equipos no funcionaba debido a la mala calidad de los lotes importados.
“Algo similar sucederá muy pronto con los paneles solares”, nos advierte Liam González, técnico dedicado a la instalación de módulos fotovoltáicos en una de las empresas estatales que comercializan kits solares. “El problema no está en los paneles sino en las baterías de gel que estamos poniendo”, y argumenta: “Eso es una tecnología que ya muy pocos países usan porque requiere que sean reemplazadas con frecuencia. Cualquier mala manipulación puede destruir todo el sistema. (…) Se usó en los 80 y 90 pero ahora, aunque son un poco más costosas, se busca las baterías de LiPoFe, porque pueden durar hasta 10 años. (…) esos kits que estamos instalando ahora a los médicos y vanguardias, en un año o dos no van a funcionar, entonces van a tener que endeudarse otra vez para comprar baterías, que son más costosas que el mismo panel”, concluye el especialista.
“Pan para hoy y hambre para mañana”, nos advierte Nicolás, un médico de Camagüey que ya instaló un kit solar en su vivienda, pero igual poco le preocupa si podrá pagarlo o si lo disfrutará mucho o poco, puesto que, como nos ha dicho: “ayer fueron las plantas eléctricas y todos pensaron que eso resolvería el problema, ahora pocas están encendidas. Antes, los grupos electrógenos, igual apagados. Ahora son los paneles solares y quizás el año que viene se bajen con otra cosa: el viento, el biogás, hasta la fuerza de las ideas. El asunto es tenernos dormidos, a ratos contentos, aún cuando sepamos que esto no tiene arreglo”.









