
«Los dirigentes hablan de ‘esfuerzos’ mientras nosotros estamos inventando qué comer»
La falta de artículos de primera necesidad salta a la vista al recorrer las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) de Holguín.

La falta de artículos de primera necesidad salta a la vista al recorrer las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) de Holguín.

La autorización del Banco Central de Cuba para que empresas operen con criptomonedas en pagos al exterior abre interrogantes sobre riesgos, control y viabilidad en medio de una crisis económica profunda y un sistema financiero restringido.

La escasez de efectivo en los bancos cubanos golpea directamente a los ciudadanos, obligados a soportar largas colas para retirar sumas limitadas, mientras crecen las denuncias de privilegios y manejo discrecional del dinero en las sucursales.

La apertura del régimen a la inversión de cubanos en el exterior llega tarde y bajo las mismas reglas opacas de siempre, marcadas por el control estatal, la falta de garantías y un historial de medidas que terminan asfixiando al sector privado.

El modelo no cambia con este tipo de parches, sino que se aplican unas tiritas allí donde la herida abierta exige sutura cuanto antes.

En medio de apagones cada vez más prolongados, el régimen cubano ha convertido la crisis eléctrica en un nuevo negocio. A través de empresas estatales vinculadas al poder, la venta de paneles solares y kits fotovoltaicos genera millones de dólares mientras miles de cubanos se endeudan para intentar enfrentar la falta de electricidad.

A medida que se hizo evidente la paralización del transporte, muchas familias comenzaron a hacer compras de pánico.

Este fenómeno alimenta el malestar que hoy se expresa a viva voz en las calles, junto a los apagones, la falta de agua, la escasez de medicamentos y el colapso del transporte público.

El proceso para poder importar combustible favorece a empresas conectadas con el poder político.

Un solo pomo de aceite puede absorber hasta un tercio del ingreso mensual de una familia asalariada.

La falta de artículos de primera necesidad salta a la vista al recorrer las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) de Holguín.

La autorización del Banco Central de Cuba para que empresas operen con criptomonedas en pagos al exterior abre interrogantes sobre riesgos, control y viabilidad en medio de una crisis económica profunda y un sistema financiero restringido.

La escasez de efectivo en los bancos cubanos golpea directamente a los ciudadanos, obligados a soportar largas colas para retirar sumas limitadas, mientras crecen las denuncias de privilegios y manejo discrecional del dinero en las sucursales.

La apertura del régimen a la inversión de cubanos en el exterior llega tarde y bajo las mismas reglas opacas de siempre, marcadas por el control estatal, la falta de garantías y un historial de medidas que terminan asfixiando al sector privado.

El modelo no cambia con este tipo de parches, sino que se aplican unas tiritas allí donde la herida abierta exige sutura cuanto antes.

En medio de apagones cada vez más prolongados, el régimen cubano ha convertido la crisis eléctrica en un nuevo negocio. A través de empresas estatales vinculadas al poder, la venta de paneles solares y kits fotovoltaicos genera millones de dólares mientras miles de cubanos se endeudan para intentar enfrentar la falta de electricidad.

A medida que se hizo evidente la paralización del transporte, muchas familias comenzaron a hacer compras de pánico.

Este fenómeno alimenta el malestar que hoy se expresa a viva voz en las calles, junto a los apagones, la falta de agua, la escasez de medicamentos y el colapso del transporte público.

El proceso para poder importar combustible favorece a empresas conectadas con el poder político.

Un solo pomo de aceite puede absorber hasta un tercio del ingreso mensual de una familia asalariada.
