SONGO LA MAYA, Santiago de Cuba. – Rosale Estrada Bueno, de 17 años, fue víctima de un brutal ataque la tarde de este jueves cuando regresaba a su vivienda, ubicada en la comunidad de Los Ramos, en el municipio Songo La Maya, provincia de Santiago de Cuba. El agresor, su excuñado, la estaba acechando y, al verla pasar, la atacó por la espalda con un arma blanca, asestándole al menos 10 puñaladas, según confirmó una fuente cercana a la familia.
A pesar de la gravedad de las heridas, la joven sobrevivió. Fue trasladada inicialmente al policlínico Carlos J. Finlay de la localidad y luego remitida al Hospital Infantil Sur, conocido como La Colonia, en la cabecera provincial, donde fue operada y se mantiene evolucionando “bien”.
Hasta el cierre de esta nota, no se ha esclarecido oficialmente el móvil del ataque. Lo que sí se conoce es que el agresor es trabajador del área administrativa —cajero, según confirmaron vecinos— del mismo policlínico al que fue llevada la víctima tras el ataque, y que se encontraba separado de la hermana de Rosale.
“Ese hombre se ensañó con ella, quería matarla. Menos mal que la muchacha gritó y los vecinos salieron. Por eso él se fue corriendo”, relató una vecina de la víctima, quien pidió permanecer en el anonimato.
El agresor fue capturado en la tarde de este jueves; sin embargo, durante su traslado hacia la estación de la Policía en La Maya logró escapar. Más adelante, fue localizado y detenido nuevamente.
Tras el hecho, la Dirección General de Educación del municipio emitió un breve comunicado en el que confirmó la agresión, pero evitó mencionar los detalles. La entidad se limita a señalar que se trata de una estudiante del IPU Elvira Cape, del municipio Songo La Maya, que fue atacada durante su traslado a casa por “un individuo ajeno a la institución”.
“La DGEP repudia energéticamente estos hechos de violencia incompatibles con nuestro sector de Educación y los valores de humanismo, cívica y respeto a la vida que rigen en la sociedad cubana”, señala el texto oficial.
Aunque la nota institucional indica que la joven se encontraba “estable”, fuentes cercanas confirmaron más tarde que su estado es delicado.
En redes sociales, compañeros de aula, vecinos y personas cercanas a la víctima expresaron su indignación por los hechos. “No fue dentro de la institución, pero ha sido demasiado fuerte. Además de que es joven, se refleja una vez más el alto nivel de agresión y miedo en las calles de Cuba, sin importar el día o la noche”, escribió Adrián León Estalella.


“No importa si fue dentro o fuera de la escuela; el problema es que siguen los asesinatos y los intentos de asesinatos y no pasa nada. Gracias a Dios todavía vive”, comentó Aleida Pérez.
El ataque contra Rosale ocurre, además, en un contexto de creciente violencia en el municipio. El pasado día 11, este medio informó sobre el asesinato de Hernán Casternaux Serrano, de 31 años, en la misma localidad. El joven recibió un disparo mortal en la cabeza tras intentar mediar en una riña durante una fiesta. El agresor fue hasta su casa, buscó una escopeta y le disparó a quemarropa.
¿Fue un intento de feminicidio?
Con los datos disponibles hasta el cierre de esta nota, no es posible afirmar de forma concluyente que lo ocurrido con Rosale Estrada Bueno sea un intento de feminicidio, porque no existe información sobre el móvil del ataque ni detalles sobre su posible sesgo de género.
Al mismo tiempo, varios elementos descritos en el reporte —la violencia extrema del ataque, la presunta intencionalidad homicida y el vínculo familiar con el agresor— encajan con patrones que los observatorios independientes de violencia machista en Cuba suelen analizar cuando documentan violencia feminicida.
En su metodología de registro, el Observatorio de Género de la revista Alas Tensas (OGAT) y la plataforma feminista YoSíTeCreo en Cuba (YSTCC) explican que, una vez recopilada la información, buscan al menos un elemento que permita identificar ese sesgo, “es decir, un elemento como mínimo que asegure que la causa de la violencia es el hecho de ser mujer la víctima”, y señalan que ese criterio se aplica también a categorías como el “intento de feminicidio”.
En un informe, el OGAT describe que puede considerar un hecho como intento de feminicidio “por lo brutal de la agresión, el ensañamiento y el tipo de lesiones que fueron descritas”, al explicar un caso documentado. En el ataque contra Rosale, la versión recogida por este medio —múltiples puñaladas por la espalda, acecho previo y huida— apunta a una agresión letal.
En las dos primeras semanas de enero, el OGAT YoSíTeCreo en Cuba confirmaron dos feminicidios. Desde 2019, ambas plataformas han verificado al menos 300 crímenes machistas en la Isla, pese a operar en un contexto marcado por la criminalización del activismo feminista, el acceso limitado a fuentes institucionales y la ausencia de una tipificación específica del feminicidio en la legislación cubana.
Mientras las autoridades utilizan expresiones como “asesinato por razones de género” o “violencia de género extrema”, los colectivos independientes insisten en la necesidad de nombrar el problema como feminicidio y exigen la creación de protocolos públicos de registro y una ley integral contra la violencia de género.
El Estado cubano no publica de forma sistemática estadísticas anuales con metodología detallada ni ofrece datos desagregados con enfoque interseccional accesibles a la ciudadanía. Esta opacidad institucional sigue siendo un obstáculo para dimensionar la verdadera magnitud del fenómeno.








