El salario llega, el dinero no: cubanos pasan meses sin poder retirar efectivo

Trabajadores y jubilados cubanos pasan meses sin poder retirar el dinero depositado en sus tarjetas.
Un día de pago a jubilados en el Banco de Crédito y Servicios de Songo La Maya
Un día de pago a jubilados en el Banco de Crédito y Servicios de Songo La Maya (Foto de la autora)

SANTIAGO DE CUBA ― El salario del doctor Roberto Serrano Delis llega puntualmente cada mes. Lo que no llega es el dinero. Hace alrededor de tres meses que este especialista de la salud, con casi cuatro décadas de servicio, no ve un peso en efectivo de su sueldo. La transferencia aparece reflejada en su tarjeta bancaria, pero convertirla en billetes se ha vuelto prácticamente imposible.

La alternativa, casi siempre, es acudir a los llamados “buquenques”, intermediarios que entregan efectivo a cambio de quedarse con entre el 40 y el 50% del monto transferido.

Han sido tres meses en los que ha tenido que “inventar” para sobrevivir. Su historia resume la realidad que hoy enfrentan miles de trabajadores estatales cuyos salarios existen únicamente en una pantalla.

“Ya no basta con cobrar una miseria que no alcanza para nada; ahora ni siquiera eso. Ya me olvidé de ese salario y trato de llevar la vida con otras actividades que me generan algún ingreso. He pensado mil veces en no ir más a trabajar, pero tengo un compromiso ineludible con mis pacientes. Por ellos no cuelgo los guantes”, denunció el doctor en declaraciones a CubaNet.

Los trabajadores de la salud y la educación, junto con los jubilados, figuran entre los más golpeados por la creciente escasez de efectivo. Si antes el principal obstáculo era soportar largas filas frente a una sucursal bancaria o lidiar con las constantes fallas de conectividad, ahora la respuesta suele ser mucho más breve y desoladora: no hay dinero.

La escasez de efectivo se agrava, además, en medio del proceso de bancarización impulsado por el Gobierno desde 2023 para incrementar el uso de los pagos electrónicos y reducir la circulación de dinero en efectivo. Sin embargo, la realidad ha terminado siendo muy distinta a la prevista.

En varias ocasiones las autoridades han reconocido las dificultades que enfrenta el sistema bancario para garantizar efectivo a la población. El Banco Central de Cuba ha atribuido la situación a problemas de liquidez, a la baja captación de dinero por los bancos y a limitaciones para abastecer de billetes las sucursales del país.

Como parte de su estrategia para aumentar los pagos digitales y ordenar la demanda de efectivo, el Banco Central anunció el 17 de julio nuevas disposiciones, entre ellas la eliminación del límite de 5.000 pesos para pagos en efectivo entre actores económicos, cambios en las comisiones y bonificaciones y modificaciones de los umbrales aplicables a las transferencias. Los billetes de 2.000 y 5.000 pesos habían comenzado a circular gradualmente desde abril.

Diversos economistas han explicado que la falta de efectivo no responde únicamente a dificultades operativas. A su juicio, detrás de la crisis confluyen la elevada inflación, la pérdida de confianza en el peso cubano y la creciente preferencia tanto de ciudadanos como de empresas por mantener sus recursos fuera del sistema financiero formal. A ello se suma que numerosos negocios particulares rechazan las transferencias porque posteriormente tampoco logran retirar efectivo de los bancos.

En ese contexto, la escasez de billetes dejó de ser únicamente un problema bancario para convertirse en un negocio. Cada vez más personas pagan comisiones desproporcionadas con tal de obtener dinero en efectivo de inmediato. Quienes no pueden esperar semanas o meses para cobrar aceptan perder hasta la mitad de sus ingresos.

El doctor Serrano, por ejemplo, recibe alrededor de 13.000 pesos mensuales. Si decide recurrir al mercado informal, terminaría obteniendo entre 6.500 y 7.800 pesos, dependiendo de si la comisión aplicada es del 50 o del 40%. 

La situación resulta todavía más dramática para quienes viven exclusivamente de una pensión. Gisela Díaz, jubilada desde 2022, cobra 3.800 pesos mensuales. Si necesita convertir ese dinero en efectivo, apenas conservaría entre 1.900 y 2.280 pesos para enfrentar todo un mes.

“Es muy triste que yo no pueda siquiera colaborar con los gastos de la casa después de trabajar toda la vida. Me siento completamente inútil y una carga para mi familia. Meses atrás hacía mi fila el día dispuesto para los jubilados y podía cobrar o sacaba el dinero pagando un 10% de comisión y solo perdía 380 pesos. Ahora eso quedó atrás. La vida del cubano duele más cada día”, lamentó la mujer, de 64 años.

A principios de junio, las autoridades anunciaron la detención de un hombre que se dedicaba a entregar dinero en efectivo a cambio de transferencias en Santiago de Cuba, aplicando una comisión del 20%. Durante el registro de su vivienda fueron ocupados alrededor de 380.000 pesos y otros bienes. La información fue divulgada por el perfil oficialista “Héroes del Moncada” y posteriormente replicada por varios medios independientes.

Sin embargo, para las personas consultadas por CubaNet, ese operativo apenas atacó una manifestación del problema y no su origen. “¿De dónde sale tanto efectivo si en Cuba no existen bancos privados?”, se preguntan varios de los entrevistados. A su juicio, resulta difícil explicar el funcionamiento de este mercado sin algún grado de complicidad de personas con acceso al dinero dentro del propio sistema bancario, una hipótesis sobre la que las autoridades no se han pronunciado ni han presentado información pública.

Por otro lado, en Santiago de Cuba la situación adquiere dimensiones todavía más complejas. A la escasez de efectivo se suman los prolongados apagones y los frecuentes problemas de conectividad que paralizan durante horas las operaciones bancarias.

En municipios como Songo-La Maya, donde el acceso a internet depende prácticamente del servicio eléctrico, las posibilidades de realizar cualquier trámite quedan reducidas a las escasas horas en que existe corriente.

“Varias veces me he mandado para el banco de La Maya con la esperanza de poder cobrar mi pensión. He estado dos o tres horas en la cola esperando mi turno y, cuando por fin llega, se va la corriente y con ella la conexión. Así, sin más, te dicen que regreses mañana. En esa gracia se han desmayado personas, viejitos que madrugan o vienen desde lejos, por pasar tantas horas bajo el sol y sin comer nada”, contó Milagros Zamora, de casi 80 años.

Si sobrevivir con salarios y pensiones pulverizados por la inflación ya era una tarea casi imposible, hacerlo sin poder acceder siquiera a ese dinero ha empujado a muchos cubanos a buscar nuevas formas de subsistencia.

Ofelia Matos comenzó a vender termos de café y turrones para complementar los cerca de 5.000 pesos que recibe por concepto de su pensión y la de su esposo fallecido.

“Ese dinero nunca ha sido suficiente, pero era algo. Ahora estoy en cero. Tengo acumulados casi 15.000 pesos en la tarjeta y apenas 500 pesos en mi cartera. Es increíble. Con el efectivo trato de ver cómo sigo. Dentro de poco ni café ni turrones podré hacer porque la libra de azúcar anda por los 600 pesos y ya la cuenta no da”, dijo.

Para miles de cubanos, el salario ya no solo dejó de alcanzar. También dejó de estar disponible. Entre la inflación, los apagones y una crisis bancaria que mantiene el dinero atrapado en las tarjetas, cobrar se ha convertido en un acto meramente simbólico: el sueldo existe, pero sobrevivir depende de encontrar a alguien dispuesto a convertirlo en billetes, aunque el precio sea entregar la mitad de lo poco que se tiene.

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