Dormir sobre un cartón para cobrar la pensión: el castigo de envejecer en Cuba

La falta de efectivo, los apagones y las fallas del sistema bancario obligan a muchos jubilados a pasar la noche frente a las sucursales para intentar cobrar.
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Jubilados hacen cola desde la madrugada para cobrar la pensión. (Fotos: CubaNet)

HOLGUÍN, Cuba.- Son las nueve de la noche y Rolando Martínez, un señor de 77 años, ya colocó su cartón frente a la puerta del banco de la calle Aguilera en la ciudad de Holguín. “Voy a dormir aquí para cuidar la cola y ser mañana uno de los primeros en cobrar la chequera (pensión)”, dice. Con él, otras dos personas también de la tercera edad se turnarán la vigilia hasta el amanecer.

El cobro de la pensión en Cuba depende de la disponibilidad de efectivo, de turnos limitados y de horarios bancarios, y eso obliga a muchos jubilados a dormir frente a los bancos o a llegar de madrugada para asegurar un lugar. La situación se agrava por la falta de dinero en los bancos, los apagones, los cajeros automáticos rotos y la bancarización deficiente, que hacen que la cola avance muy lentamente o incluso se detenga por completo.

“Aquí aguantamos apagones, lluvia y hasta nos hemos enfermado”, advierte Rogelio Fuentes, un anciano de 73 años que velará por la cola toda la noche. “También pueden robarnos en la casa, porque muchos la dejamos sola por estar aquí”, agrega Fuentes.

Jubilados hacen cola para cobrar la pensión. Foto: CubaNet

De la repetida escena es testigo Loraine Pupo. “He visto viejitos durmiendo en cartones, ahí en la puerta del banco, para ser los primeros en la cola”, cuenta Pupo. “¿Y para qué, si no se sabe si al otro día habrá corriente o dinero?”.

Las enfermedades propias de la edad no le permiten a la mayoría de los ancianos hacer la cola desde el día anterior, como le ocurre a Roberto González, quien padece asma y reuma y ya lleva más de una semana sin lograr cobrar su pensión. “Cuando hay corriente no hay conexión y cuando hay conexión, se acaba el dinero”, afirma.

El sistema financiero nacional enfrenta limitaciones en la distribución de billetes. La circulación depende de los depósitos en efectivo que hacen las entidades estatales y el sector privado en las sucursales bancarias. Cuando estas organizaciones retienen el dinero, las bóvedas bancarias se quedan sin efectivo suficiente y se interrumpe el ciclo económico. A esto se suman los apagones, que provocan frecuentes caídas en los servidores del sistema.

“En este mismo mes, yo he venido ya cuatro veces al banco. Fui al cajero y estaban rechazando las tarjetas”, relata Juan Carlos Batista, otro pensionado que por un impedimento físico tampoco puede hacer la cola por la madrugada. “Como no había corriente, nos mandaron para el Banco Central para ver si allí nos daban solución, pero te topas con que no hay dinero”, describe el señor.

Las orientaciones de las instituciones bancarias son contradictorias frente a la disponibilidad real de fondos.
“A mí se me ha acumulado el dinero de la chequera de un mes para otro porque cuando voy al banco no hay dinero para cobrar”, advierte María Elena Ricardo. “Sin embargo, en el mismo banco nos dicen que no se puede dejar que se te acumule porque después es muy difícil que se pague todo el dinero junto”, dice la señora que hace trabajos informales para sobrevivir mientras espera cobrar la pensión.

Los obstáculos para retirar el dinero obligan a los pensionados a mantener sus montos depositados. La responsabilidad por los atrasos en los pagos recae frecuentemente sobre el cliente, aunque los afectados rechazan este tipo de justificaciones burocráticas. “Si el dinero queda retenido, no es por culpa de uno”, cuestiona Rosa Cruz. Y agrega: “Es un problema del banco porque no hay dinero”.

Holguín no es la única provincia donde el dinero no alcanza para pagar a los jubilados. En Guantánamo, la crisis obligó a las autoridades a exigir a los representantes de todos los municipios un aumento urgente de los depósitos en efectivo con el fin de garantizar el pago de las pensiones.

Por su parte, Carmelo Mesa-Lago, catedrático cubano de Economía y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Pittsburgh (EE.UU.), advirtió que el déficit de las pensiones en la isla superaba el 40%.

La magnitud de esta carencia monetaria afecta a un segmento mayoritario de la población dependiente de subsidios para subsistir. Cuba cerró 2024 con un 25,7 % de su población de 60 años o más, cifra que la convierte en la nación más envejecida de América Latina y el Caribe.

A esto se suma que el país cuenta con alrededor de 1.717.531 jubilados y pensionados acogidos a la Seguridad Social, incluidos los retirados por edad, invalidez y pensiones por causa de muerte. Todos ellos dependen de un sistema bancario colapsado.

Una cantidad tan elevada incrementa la carga presupuestaria anual. La distribución de los fondos se organiza mediante un cronograma escalonado según las fechas de nacimiento para evitar la asistencia simultánea de millones de beneficiarios. La falta de dinero anula este calendario organizativo y provoca que los ciudadanos con cobros aplazados coincidan inevitablemente con las fechas de los nuevos grupos.

“A nosotros nos ha tocado una vejez muy dura con toda esta situación”, lamenta Miguel Ávila, pensionado, quien esperará toda la noche frente al banco de la calle José Antonio Cardet. Su sentencia final no deja lugar a dudas: “Con razón los jóvenes tratan de irse del país para no tener una vejez tan mala en Cuba”.

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