LA HABANA, Cuba. – Esta película del dólar subiendo y el peso en caída libre ya la hemos visto unas cuantas veces. Es como cuando viene una de esas fechas “históricas”, “solemnes” y ya sabemos que la Televisión Cubana va a retransmitir El brigadista, El hombre de Maisinicú, Cangamba o cualquier otra de ese aburrido repertorio de “clavos” con que cuentan los comunistas para evocar una supuesta “épica revolucionaria” que apenas quedó en el deseo, en frustración, así como ha quedado esa “tasa flotante” que jamás tuvo capacidad de “flotación”.
Es algo feo decir “se lo advertimos”, “lo avisamos”, pero una vez más, teniendo en cuenta la desmemoria colectiva que tanto nos golpea, es necesario que todos —con carcajada incluida—, así como sabiendo la respuesta, reiteremos la pregunta sobre cuáles son en verdad las causas que mueven esta montaña rusa, cuando es evidente que no son ni la prensa independiente ni las redes sociales ni los “enemigos de la Revolución” ni los mipymeros (aunque entre estos hay unos cuantos siempre prestos a secundar las campañas contra elToque, y no porque no usen su TRMI como referencia o porque sean incondicionales al régimen, sino porque, al igual que este, les encanta robar mangos bajitos).
A no ser que, por fingir vergüenza —algo que no tienen la dictadura ni quienes viven bajo su sombra—, comiencen otra vez a sacudirse la culpa con publicaciones por encargo del PCC, lo cierto es que, ya con el dólar en la calle alcanzando los 500 pesos por 1, todavía ni las ciberclarias ni los “chicos listos” (así como el Sandro Castro, por ejemplo) han salido a rasgarse las vestiduras contra esos malvados “financistas” de los que no tuvimos más noticias después de aquellos dos operativos policiales que ahora sabemos fueron puro circo.
Es como si con el puñado de detenciones y decomisos realizados la víspera de implementar la “tasa flotante”, con el par de programas de Humberto López regañándonos, el Ministerio del Interior y el Banco Central hubiesen pretendido resolver definitivamente los asuntos de la inflación, la devaluación del peso cubano, la falta de confianza en los bancos, pero ya sabíamos por dónde, una vez más, venía “la cosa”, y aunque el truco lo tienen gastado, les funcionó con los asustadizos y desmemoriados, aunque apenas los días que necesitaban para hacer la zafra de temporada.
También sucede que están demasiado “entretenidos” con la montaña de problemas que se les ha venido encima con los acontecimientos en Venezuela; demasiado preocupados por un “chavismo” de “nuevo tipo” que se anuncia sin una gota de petróleo y con el director de la CIA —el demonio de los comunistas— siendo recibido con los honores que hasta ayer le hubieran correspondido a Bruno Rodríguez Parrilla (cuyo viaje a Caracas fue la ida por la vuelta).
Andan muy asustados, además, por el burro de Nicolás Maduro que, si no hizo angelitos en la nieve de Nueva York, y solo ha sido una broma generada por IA, aquí sí están muy conscientes de que sería muy capaz de hacerlos, así como algo mucho peor: sacar ante el juez los demonios que lleva dentro bajo la forma de secretos muy comprometedores.
Tan necesitadas del billete verde como todos en Cuba, las ciberclarias quizás estén ansiosas por volver a la carga con otra campaña para bajar el dólar, pero no creo que puedan esta vez. Primero, porque no es un asunto que se pueda resolver a golpe de consignas y desinformación, cuando la cuestión trasciende el deseo y requiere de acciones muy concretas que pasan por una reforma económica profunda que implicaría obligatoriamente un cambio político radical; y, segundo, porque no les han dado la orden de “atacar” cuando aún no cumplen bien la anterior: la orden de, a golpe de guapería barriotera y mucha “ciencia ficción”, intentar convertir el revés sufrido en Venezuela en la película de héroes y mártires que no fue. No hay modo de hacerlo. Pero, quizás para desviar la atención de eso que los tiene tan nerviosos, le echen mano de nuevo al tema del “dólar malo”, aunque sepan que es muy pronto para otra zafra de “mangos bajitos”.
La realidad, sin dudas, es que no han tenido tiempo de reaccionar al naufragio de la “tasa flotante” y al desbarranco sin frenos del peso cuando algo mucho más importante está a punto de hundirse, y ni los dólares guardados en la última zafra y el último circo les servirán para comprar la “salvación”. No mientras no acaben de ponerse de acuerdo sobre quién será nuestra Delcy Rodríguez, y a cuál de entre ellos designarán para que suba al helicóptero con los Delta Force.







