Nansen H. Tápanes (1969). Licenciado y master en Historia por la Universidad de La Habana. Ha publicado artículos en las revistas Cubanow (ICAIC) y Conexos, el portal Cubarte, Hypermedia Magazine y Rialta Magazine.
En ese sonido, en esa resistencia, en el movimiento de las agujas con la corona, encontré la continuidad que había sostenido toda la vida del reloj: un hilo mecánico y rítmico que ajustaba el pasado (la vida de mi padre), el presente (momento en que lo recibo el reloj y lo uso) y el futuro (el reloj en mi destino).
De esta forma, la crisis es metáfora de arribo a algún lugar, a una estación determinada que, a su vez, será puro tránsito. Crisis puede ser sinónimo de «vivir siempre en peligro», con la conciencia alerta de nuestra situación en el universo, dice Zambrano recordando a Nietzsche; porque es la vida, y no sus avatares y aventuras extraordinarias, «el acontecimiento más peligroso del universo».
«Podía ver a los sujetos debajo de mí, y sin duda era una pareja perfecta para ser los primeros en actuar en el escenario que había sido creado especialmente para ellos, y para otros que los seguirían, y yo sería su público».
Estas autopistas, de trazado llano y perfectas condiciones técnicas, atraviesan o bordean los diferentes departamentos, ciudades principales y secundarias, poblados y villas del Uruguay. A ambos lados de las rutas hay grandes extensiones de tierra cultivada y sin cultivar: la pampa, la «nada»… Una nada verde de diversas tonalidades, ondulada, silenciosa, sobria, de espíritu ascético y mesurado.
Con singular fuerza experimentó el Caribe insular la crisis que impactó al sistema-mundo capitalista en los años treinta del siglo XX. La estrecha dependencia con las potencias atlánticas...
‘Los placeres del exilio’ son, más que nada, la posibilidad de hacer una lectura que pudiéramos llamar imaginal y a contracorriente de la historia caribeña y americana; una novedosa forma de ver la realidad desde la conciencia de un sujeto que, aunque se sabe colonial, no vacila en apropiarse de la lengua del amo para lograr su independencia cultural y política.
En ese sonido, en esa resistencia, en el movimiento de las agujas con la corona, encontré la continuidad que había sostenido toda la vida del reloj: un hilo mecánico y rítmico que ajustaba el pasado (la vida de mi padre), el presente (momento en que lo recibo el reloj y lo uso) y el futuro (el reloj en mi destino).
Los colores vivos, y cada elemento que lucen, son toda una experiencia visual. La gente que los observa bailar puede verse también reflejada en los espejos que cada uno porta en el disfraz. Es un gran jolgorio, un disfrute colectivo: yo soy tú, tú eres yo.
Un poeta menor no necesita legarnos versos impresionantes (eso los salva del vacasagradismo). Los poetas menores son como pétalos que caen sobre el césped de un cementerio abandonado, sin el estrépito de los modismos ni las pedanterías del canon.