LA HABANA, Cuba. – Vamos a remitirnos a la información oficial para intentar desentrañar este enigmático paso al Estado de Guerra que ha llenado de incertidumbre a buena parte de la población cubana, y también a aquellos que en el exterior siguen las noticias procedentes de la Isla.
Se dijo que “en cumplimiento de las actividades previstas para el Día de la Defensa y con el objetivo de incrementar y perfeccionar el nivel de preparación y cohesión de los órganos de dirección y del personal, se reunió el Consejo de Defensa Nacional para analizar y aprobar los planes y medidas del paso al Estado de Guerra, como parte de la preparación del país bajo la concepción estratégica de la Guerra de todo el Pueblo”.
Sin embargo, “días de la defensa” hay muchos, a veces hasta uno mensual, y no siempre se reúne el Consejo de Defensa Nacional, y mucho menos se decreta el Estado de Guerra. Tampoco se da ese paso habitualmente en las actividades que se efectúan como parte de “la guerra de todo el pueblo”, que como se sabe, se implementó en los años 80 por iniciativa de Fidel Castro.
Entonces llegamos a la conclusión de que hay un elemento novedoso que hace que la dirigencia castrista adopte una decisión reservada para los momentos de máxima tensión política. Con independencia del alarmante desabastecimiento de combustible que enfrenta el país, tal novedad consiste en que, como nunca antes, el castrismo se siente acorralado y casi aislado a nivel internacional.
En el plano interno la maquinaria del poder teme que en cualquier instante la población se lance a las calles para protestar por las largas horas de apagones, los altos precios de los artículos de primera necesidad, la nula presencia de la denominada canasta básica, así como los bajos salarios que no alcanzan para nada. La reciente visita a la Isla del ministro del Interior de Rusia, más que una muestra de apoyo al régimen, parece haber servido para instruir a los represores cubanos en caso de que tengan que arremeter contra el pueblo.
En el ámbito internacional, por su parte, el castrismo contempla cómo cada día decrecen las muestras de solidaridad hacia el régimen. En América Latina son más los países que se suman al respeto a la democracia y los derechos humanos, y aborrecen a los regímenes totalitarios. Mientras tanto, organismos de integración como la CELAC ―de probada inoperancia tras la captura de Nicolás Maduro―, el ALBA y otros bien vistos por el castrismo se tambalean ante la incertidumbre política que reina en Venezuela. Hay que agregar las voces que se alzan en el Parlamento Europeo para que el viejo continente suspenda todo tipo de ayuda al castrismo.
Además, el Gobierno cubano pierde credibilidad y prestigio ante los organismos crediticios internacionales. Por estos días el flamante viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga ―sucesor del veterano Ricardo Cabrisas en tan difícil tarea― les suplicó a los acreedores de la Isla que consideren la mala situación financiera del país y perdonen el impago ―un vez más― de las deudas contraídas.
Ahora bien, lo que no queda claro es si se han analizado los planes del paso al Estado de Guerra para su futura, o casi inmediata implementación, o si ya estamos transitando por ese oscuro periodo. Porque, si tomamos en cuenta los apagones que a diario sufre el cubano de a pie, con 12 y hasta 20 horas consecutivas sin corriente eléctrica, nadie dudaría de que ya estamos en plena guerra.








