enero 27, 2026

Cambio de mentalidad, ¿hasta cuándo el mismo juego?

La demanda de Marrero evidentemente se vincula con lo ocurrido en Venezuela, con la amenaza aún latente de que ocurra algo similar en la Isla, pero también con las actuales negociaciones con los acreedores de la deuda cubana del Club de París.
Manuel Marrero Cruz anunció el aumento parcial de las pensiones para jubilados
Manuel Marrero Cruz anunció el aumento parcial de las pensiones para jubilados (Foto: Cubadebate)

LA HABANA.- En cuanto a la “flexibilización mental” que Manuel Marrero Cruz reclama una vez más a los mismos que el régimen elige dentro de sus filas precisamente por su “inflexibilidad político-ideológica” (aunque luego los veamos lejos, a ellos y a sus hijos, intentando  ponerse a salvo de los estragos del comunismo o más bien disfrutando de su rentabilidad en la distancia) habría que preguntarle al propio Primer Ministro, cuán maleables y dúctiles estarían dispuestos a ser (o fingirse) él y los generales a los que rinde cuentas. ¿De qué son capaces para remontar la actual policrisis que los ha puesto al punto del jaque mate?.

La demanda de Marrero —una criatura moldeada en y por GAESA— pudiera ser tan “sincera” como las otras con tufo “reformista” que ha lanzado al aire para reforzar la idea de que —aún después de la muerte de Fidel Castro, reacio tanto a las “reformas” de su hermano Raúl como a la normalización de las relaciones con Washington— existe una “fuerza retrógrada” al interior del propio régimen con el poder “ideológico” suficiente para vetar, frustrar o revertir cualquier cambio político o económico por pequeño que sea. Aún cuando ese supuesto “núcleo” de férrea terquedad no esté compuesto por los militares-empresarios de GAESA que, paradójicamente, han gozado hasta este minuto del poder de gestionar remesas y bancos, controlar las importaciones desde los Estados Unidos a pesar de sanciones,  y construir hoteles de lujo —bajo un esquema de lavado de dinero, sin ser auditados ni cuestionados— cuando el inhóspito contexto de las inversiones extranjeras, más que el descontento popular, reclamaba inversiones urgentes en el sistema eléctrico nacional.

La demanda de Marrero evidentemente se vincula con lo ocurrido en Venezuela, con la amenaza aún latente de que ocurra algo similar en la Isla, pero también con las actuales negociaciones con los acreedores de la deuda cubana del Club de París. A los que una vez más hay que convencer —con “gestos” y no con acciones ni fechas concretas (porque no las tienen)— de las “intenciones” de reformar y cambiar un sistema que, a pesar de reajustes y condonaciones, no ha dado signos de evolución, ni siquiera de mínimo cumplimiento de los compromisos de pagos, aunque sí de brutales retrocesos donde queda expuesta la verdadera esencia de una dictadura a la que el lucrativo “negocio” de las crisis, de las ayudas externas y la solidaridad internacional no le está saliendo así tan bien como había calculado bajo los fuegos artificiales del deshielo.

De acuerdo con funcionarios de GAESA que fueron protagonistas de lo ocurrido en aquellos años, y con los cuales he podido conversar a modo muy personal en torno a estos temas, Raúl Castro habría imaginado un “tratamiento” especial para con sus generales por parte de Barack Obama. Incluso, ya convencido de que el plan de Washington no iba por ahí sino por transformar al “sector privado” en un ente tan o más poderoso que GAESA, avizoró la oportunidad escondida en el revés y se apresuró a crear en las sombras, al interior del ejército y el Partido Comunista, un falso sector privado que acaparara los beneficios de programas y ayudas implementados con financiamiento europeo y de los propios Estados Unidos, pero el plan no funcionó sino apenas como una alternativa a corto plazo y que, con el tiempo, igual terminaría en la extinción o fragmentación del conglomerado de empresas que conocemos como GAESA.

De ahí las constantes arremetidas contra el verdadero sector privado. Como cíclicas depuraciones que emulan con las realizadas al interior del propio régimen, con el fin de que no llegue a forjarse y fortalecerse como tal, con lo que se cierran las oportunidades de avanzar hacia un cambio político a partir de las necesarias aperturas económicas. Así, como se ha visto en todos estos años, a una “oleada” de aperturas y cambios mínimos, de maquillaje, siempre le sucede otra oleada de cierres, destituciones, juicios ejemplarizantes, expulsión de empresarios, etcétera que siempre implican un retorno al punto de partida. El cual no pocos dudan en atribuir a ese supuesto grupo retrógrado, como si realmente tuviera ese poder descomunal, capaz de rivalizar con los planes y ambiciones de los militares-empresarios.

Según las mismas fuentes, más que a los cambios políticos —que en algún punto aceptaron como inevitables, y de los cuales estaban convencidos, aunque siempre bajo la condición de no ser desplazados del lugar que ocupaban— tanto Fidel Castro como Raúl temieron más a la certeza de no poder controlar las ambiciones de poder dentro de sus propias filas, a pesar de los profundos procesos de purgas internas (en especial las del 2009) que precedieron a la concreción del diálogo con Washington, que inicialmente transcurrió en absoluto secreto, en pequeña escala y a través de terceros (como pudiera estar ocurriendo ahora).

Las condiciones habían sido, solo hasta un punto, las más propicias para que GAESA, con su profundo entramado de empresas y testaferros, evolucionara poco a poco hasta ser legitimada en Washington como único gestor de los cambios económicos indispensables para, en el futuro más inmediato, erigirse en el reemplazo “natural” del Partido Comunista.

Eran los tiempos en que los militares, convertidos en empresarios, aspiraban a ensayar ese “capitalismo con características propias”, que emulaba con lo sucedido en China y Rusia a partir de los años 80 del siglo pasado, una vez convencidos de que el socialismo, así como lo vendían al mundo, no era económicamente compatible ni con sus aspiraciones políticas ni con las ambiciones más personales. Al final, la poca seguridad de garantizar la supervivencia del castrismo y sus herederos en ese acercamiento con Washington que ellos mismos habían iniciado, los hizo retroceder.

De ese momento hasta ahora, los reclamos de un cambio de mentalidad, la reiteración del mismo bucle discursivo, así como los fracasos en alcanzar esa condición ideal, han sido usados por los dirigentes cubanos ya para ganar tiempo creando expectativas en los desmemoriados e ingenuos, o ya para sacudirse la responsabilidad de encima y traspasarla a ese grupo fantasma de inflexibles que no son otros que ellos mismos negados a aceptar públicamente lo que es evidente: quieren dialogar porque tienen miedo pero no quieren negociar una salida a la crisis que pase por el abandono inmediato o paulatino del poder.   

En tal sentido, los cambios tantas veces anunciados y reclamados jamás llegarán a materializarse. No ofreciendo más camino que atrincherarse en el viejo discurso de la existencia de una facción retrógrada en el seno del PCC, de la “guerra económica” (ahora transformada en “economía de guerra”) y del “bloqueo” enemigo (sobre los cuales está totalmente montada la colosal estructura del centenar de off-shore, las empresas de envíos a Cuba, las donaciones, los programas de ayuda, los contratos de colaboración internacional, en fin, el sistema como tal, todos tributando obligatoriamente a los militares.

Evidentemente, los recurrentes reclamos de “cambios” así como la supuesta inflexibilidad que los impide, son parte de un mismo juego de simulaciones. De modo que nuestra pregunta, ante la demanda del Primer Ministro no debería ser por quiénes integran ese “clan retrógrado” al interior del PCC. El cual existe, aunque no con ese poder que usualmente le atribuimos (ayudando a reforzar el mito que tanto conviene a GAESA para sembrar la duda sobre si son ellos el verdadero gobierno cubano) sino por cuál objetivo persiguen los “cambistas” y “reformistas” al persistir durante tantos años en mostrarse como un régimen incapaz de avanzar en reformas y cambios aún cuando esa sería supuestamente su voluntad.

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