MIAMI.- En medio de un escenario regional marcado por tensiones políticas y señales de cambio, Manuel Morales, cubanoamericano y jefe de la Policía de Miami, reflexiona sobre el papel que deberían asumir las fuerzas del orden en Cuba ante un eventual proceso de transición. Lejos de una lógica de control y represión, Morales sostiene que la policía está llamada a proteger a la ciudadanía, garantizar el orden y acompañar el restablecimiento de las libertades.
En esta entrevista con CubaNet y Radio República, el jefe policial compara el modelo represivo vigente en la isla con la experiencia de sociedades abiertas como Miami y con su participación en la transición de Panamá. Morales subraya que muchos policías en Cuba forman parte del propio pueblo y deberán decidir si se colocan del lado de la comunidad o del miedo, en un momento en que —advierte— “el cambio viene, lo quiera o no el régimen”.
—Miami es una ciudad global, con personas de todo el mundo y un movimiento constante. Sin embargo, una de las grandes noticias en los últimos años ha sido la caída sostenida del crimen, especialmente si se compara con las décadas de los 80 y 90. ¿Qué nos puede decir al respecto?
—Miami siempre ha tenido la fama de ser la capital de las Américas. Todo lo que entra desde Sudamérica, Centroamérica y el Caribe hacia Estados Unidos pasa por Miami. Somos una ciudad de medio millón de habitantes, dentro de un condado de casi tres millones, y es un gran honor tener la responsabilidad de proteger a esta comunidad.
Yo entré al Departamento de Policía en los años 90 y recuerdo perfectamente cómo estaba el crimen entonces. Era increíble: tiroteos todas las noches, casi 200 homicidios al año. En los 80 llegamos a tener entre 220 y 225 homicidios anuales. Los robos armados eran constantes. Para que se hagan una idea, cuando comencé había alrededor de 4.000 robos al año. Imagínense cuántos robos armados eran por día.
Este año cerramos con menos de 300 robos. Es algo impresionante, sobre todo teniendo en cuenta que la población se ha duplicado y que recibimos muchos más visitantes que antes. Todo esto es resultado del trabajo de los hombres y mujeres del Departamento de Policía, que todos los días ponen su vida en riesgo para proteger a la comunidad, patrullando con respeto, dignidad y profesionalismo. Esa es la diferencia.
—Usted suele destacar mucho la calidad de los nuevos oficiales. ¿Qué tan exigente es el proceso para convertirse en policía en Miami?
—Es un proceso muy riguroso. De cada 100 personas que aplican, solo seleccionamos entre siete y diez. Luego vienen seis meses de academia y otros seis meses de entrenamiento en la calle con un oficial experimentado que los guía todos los días. Ser policía aquí es un honor y una responsabilidad enorme.
—En Cuba se difunde mucha propaganda negativa sobre Miami. ¿Cómo se hace un buen trabajo policial en una sociedad abierta y libre como esta?
—Primero que todo, hay que estar en este trabajo por las razones correctas. Ser policía no es solo un oficio, es una vocación de servicio. En Estados Unidos usamos la frase “to serve and protect”: servir y proteger. Y servir va primero.
Les explicamos a los oficiales desde la academia que tienen una de las posiciones más poderosas de una sociedad libre. Son parte de un grupo muy reducido que, bajo circunstancias legales y estrictas, puede privar a alguien de su libertad o incluso usar fuerza letal para proteger una vida. Por eso la responsabilidad es tan grande.
Gracias a Dios, la relación con la comunidad es muy buena. Aunque aquí cualquiera puede comprar y portar un arma legalmente, el nivel de violencia es bajo. Miami se ha convertido en una meca del turismo, la educación y la tecnología.
—¿Cuáles son hoy los principales indicadores de criminalidad en la ciudad?
—El crimen violento bajó un 23% este año. Los robos disminuyeron un 18%, los asaltos un 25% y los homicidios están en niveles históricamente bajos. El robo de autos bajó un 43% y los incidentes con armas de fuego han disminuido un 29% este año y un 57% desde 2021. Los homicidios con armas de fuego bajaron un 32%. Todo esto en una sociedad donde los adultos pueden comprar armas legalmente.
—Usted ha mencionado que los pilares de su gestión son la comunidad, la inteligencia y la tecnología. ¿Cómo funcionan en la práctica?
—Aunque los resultados son excelentes, el trabajo no ha terminado. Seguimos teniendo delitos, aunque muchos menos que antes. No podemos descansar.
La comunidad es clave. En Estados Unidos no se puede patrullar sin respaldo ciudadano. En Miami vemos protestas pacíficas, respetuosas, sin violencia. La gente entiende que sus derechos terminan donde empiezan los de los demás.
En cuanto a la inteligencia, antes el modelo era lanzar una red enorme y arrestar a todo el mundo, incluso por cosas menores. Eso generaba resentimiento. Hoy usamos inteligencia para enfocarnos en los verdaderos delincuentes que afectan la seguridad.
La tecnología nos ayuda, pero siempre respetando la privacidad. Todos los oficiales usan cámaras corporales desde 2018. Esto protege al ciudadano y al oficial, y garantiza transparencia.
—Para quienes vienen de países como Cuba, sorprende que haya tan poca presencia policial visible en Miami. ¿Cómo se logra seguridad sin intimidación?
—La diferencia no es la presencia, es el propósito. En Cuba la policía está para controlar e intimidar. Aquí, con unos 1.500 oficiales, protegemos una ciudad de medio millón de residentes y más de medio millón de visitantes diarios. No hace falta sembrar miedo para mantener el orden.
—Usted asiste a reuniones comunitarias donde los ciudadanos opinan libremente. ¿Cómo funciona eso?
—Servimos al placer de la comunidad. Si la comunidad no me quiere como jefe, yo no puedo estar aquí. Antes creíamos que la policía sabía más que los vecinos. En los 90 entendimos que eso no funcionaba. Hoy patrullamos como la comunidad quiere que patrullemos. Ellos nos dicen qué es prioridad.
—En el contexto internacional, vemos cambios importantes en países como Venezuela e Irán. ¿Qué mensaje tiene para los policías en Cuba?
—La temperatura está subiendo. El cambio viene, quieran o no los gobiernos. Lo vimos en Venezuela y lo estamos viendo en Irán. La policía siempre es parte del pueblo. Cuando se quitan el uniforme, vuelven a su comunidad. El pueblo siempre es más grande que cualquier fuerza represiva.
—Usted participó como policía militar en la liberación de Panamá. ¿Qué lecciones deja esa experiencia para Cuba?
—En 1989, tras la caída de Noriega, se evaluó quiénes podían quedarse en la policía. Los que participaron en la represión política fueron separados; el resto continuó sirviendo. Estoy seguro de que en Cuba hay oficiales que saben, en su interior, que lo que hacen está mal.
—Pensando en una transición en Cuba, ¿qué se necesita para garantizar orden y libertad?
—Será una combinación del empuje del pueblo, el apoyo de policías y soldados, y la ayuda de Estados Unidos como copiloto del proceso. Cuba tiene recursos, talento y una historia de prosperidad. Con el gobierno correcto, puede superar incluso a grandes potencias.
—Para cerrar, ¿cómo se sintió cuando el presidente Trump reconoció públicamente a los cubanoamericanos?
—Validó lo que siempre hemos sabido. Llegamos con nada, trabajando duro, sin depender del gobierno. Hoy los cubanoamericanos están en todos los niveles: política, negocios, academia. Miami es lo que es gracias al pueblo cubano. Eso es un orgullo inmenso.








