Sin censura: los retos de la prensa en la reconstrucción de Cuba

“Las bases de esa transición ya están armadas”, afirma Boris González Arenas, quien considera que el periodismo independiente cubano será decisivo para desmontar el monopolio informativo y construir una prensa plural.
Foto: Cubanet

LA HABANA, Cuba.- El monopolio de la información ha sido uno de los pilares del control político y social del régimen cubano durante más de seis décadas. Por lo que el advenimiento y la expansión del periodismo independiente no solo han representado un reto profesional, sino también un acto de resistencia frente a la represión y el exilio forzado.

En un contexto en el que la transición a la democracia parece un escenario emergente, muchos se preguntan cómo desmantelar la estructura propagandística del Partido Comunista de Cuba (PCC), cuál será el destino de los medios estatales actuales y cuáles serían los pilares necesarios para garantizar un ecosistema de prensa libre en una futura Cuba democrática.

Para abordar estas interrogantes conversamos con Boris González Arenas, historiador del arte, director de cine y destacado periodista y activista que ha documentado la realidad cubana durante más de 15 años a costa de una constante represión. Boris inició en la prensa independiente cuando no existían las redes sociales, en una época marcada por la existencia de blogs y con un acceso a internet sumamente restringido.

La voz y la labor de González Arenas a favor de la libertad de expresión y de los derechos humanos en general lo convierten en un referente clave para pensar el futuro del “cuarto poder” en la Isla.

—El artículo 55 de la actual Constitución prohíbe explícitamente la propiedad privada sobre los medios de comunicación de masas. En las primeras etapas de una transición, ¿cómo debería gestionarse el desmantelamiento de ese monopolio informativo del PCC sin crear un vacío de información o un caos?

—Yo creo que las bases de ese desmantelamiento ya están armadas desde hace muchos años porque la sociedad cubana dentro y fuera de la Isla, afortunadamente, ha podido ir armando diversas formas de hacer prensa. Durante 16 años he podido ver cómo el ecosistema de medios ha ido creciendo y, además, la tremenda capacidad para, en ciertos momentos, con ciertos objetivos, trabajar de manera conjunta.

Por ejemplo, recuerdo que hace unos tres o cuatro años un número grande de medios independientes hicieron una declaración conjunta sobre la situación de la libertad de expresión. Por lo que creo que ahí ya hay un capital para responder.

Hay personas en esos medios más volcadas a la información y hay otras que son empresarios, los que son más periodistas y los que son más empresarios que logran hacer de sus medios verdaderas agencias de prensa. No quiere decir que unos sean mejores que otros. Están, por ejemplo, El Toque, Diario de Cuba, 14yMedio, El Estornudo, Hipermedia y CubaNet.

Por lo que creo que las bases de esa transición ya están armadas. Lo que no hay es la legalización, lo que no hay es el fin del monopolio comunista para que esos medios tomen entidad.

Estoy convencido de que, además, cuando se levante el bloqueo comunista a la liberalización de los medios de divulgación, van a surgir nuevos. Entonces va a haber un ecosistema de medios mucho mayor, que fue lo que pasó en Cuba en el año 1902 cuando finalizó la ocupación norteamericana e inició la reconstrucción de una sociedad deshecha. En esos medios se cuestionaba todo: a los mambises, la presencia española y la estadounidense. O sea, había una verdadera libertad de medios que incluso se había ejercido durante la ocupación norteamericana.

Creo que eso es lo que está pasando en Cuba desde hace 30 años. Claro, con un enemigo militarizado y violento, que ha ejercido un atropello sistemático y una violencia exagerada contra nuestra libertad de expresión.

—¿Qué debería pasar con la infraestructura de los medios estatales actuales (Granma, la televisión cubana, las emisoras provinciales)? ¿Consideras viable transformarlos en verdaderos medios de servicio público —estilo BBC o RTVE— o el estigma político requeriría un cierre y refundación total?

—Pienso que esa red de medios tan desarrollada del PCC no va a tener mucho sentido que prevalezca. Ahora bien, tú acabas de usar el ejemplo de televisión española, pero en Brasil, por ejemplo, está la televisión parlamentaria y hay varios canales que son públicos. No conozco los detalles, pero eso existe en muchos países y debe tener sus matices.

Yo estoy de acuerdo con que haya televisión pública, que no es otra cosa que esa televisión que te va dando todo el tiempo lo que está pasando, por ejemplo, en el Parlamento de un país. Y eso es esencial para la fiscalización ciudadana del órgano legislativo. Hay canales que hacen mucho trabajo ciudadano, hacen documentales de cómo funciona la policía en las diferentes ciudades.

Creo que, en Cuba, en los primeros tiempos tendrá que haber un canal de formación cívica. Los cubanos no somos capaces de dimensionar la falta de educación tan grande que tenemos respecto a lo que es la democracia, su funcionamiento y valor. También esos medios públicos tendrán que mostrar lo que es la fiscalización ciudadana, algo que en democracia es tan importante, es decir, instruir al ciudadano de cuál es la función de los jueces, fiscales, abogados, policías, mostrar lo que es un servidor público.

Y no me extrañaría que funcionarios o trabajadores de la prensa de hoy aparezcan haciendo funcionar esos medios porque, además, hay una realidad, y es que hay una estructura de país que tú no puedes mandar para su casa. ¿Cuántos trabajadores hay hoy en los medios de difusión en Cuba? Miles. Esas son personas que saben hacer televisión, hacer prensa, y allí van a seguir estando, por supuesto, los que den la talla.

Ahora bien, los medios públicos no pueden ser partidistas, no pueden ser ni de izquierdas ni de derechas, deben ser imparciales.

—Los periodistas independientes en Cuba han sufrido detenciones, cercos policiales y exilios forzados. ¿Qué mecanismos institucionales o de supervisión internacional sugerirías para proteger la integridad física y jurídica de los reporteros durante el delicado proceso de transición?

—Efectivamente, la hostilidad del comunismo hacia el periodismo ha sido brutal. Nosotros somos particularmente activistas de derechos humanos —cualquier periodista es un activista de derechos humanos— porque reflejamos lo que un gobierno criminal no quiere mostrar. O sea, en Cuba se cometen crímenes de Estado y nosotros los estamos reflejando. Eso es distinto a México, a Guatemala o a Chile.

Pero nuestra función no es meramente en el sentido general de la defensa del derecho de libertad de prensa, sino que es, verdaderamente, reflejar y denunciar las tragedias que el régimen comunista criminal le produce a este país. Y por eso este régimen nos detesta, nos odia, porque tenemos voz, porque se nos oye y se nos ve.

Ahora bien, la transición es un momento delicado y es doblemente importante que los organismos internacionales estén observando porque todos estamos en una lista negra del régimen, o sea, asesinarnos a nosotros es, sin ninguna duda, una de las primeras acciones que ellos quisieran hacer porque la historia y su actuación así lo han demostrado. Por eso habría que estar muy atentos. Y ya existen mecanismos internacionales que nosotros explotamos: Reporteros Sin Fronteras, Article 19, Sociedad Interamericana de Prensa.

También pienso que los diplomáticos dentro de Cuba tendrán una función que —a veces— no están cumpliendo, que es, precisamente, la de observar y la de reclamar.

—El periodismo independiente cubano ha subsistido en gran medida gracias a fondos de cooperación internacional. En una Cuba democrática, ¿cómo imaginas la transición hacia modelos de negocio sostenibles (publicidad, suscripciones, cooperativas de lectores) en un mercado económico que estará empobrecido?

—En muchos países, los medios de prensa reciben diversas formas de financiamiento estatal. Lo público y lo privado entran siempre en todos los fenómenos de un desempeño social.  

En este sentido del financiamiento creo que CiberCuba es una referencia de medio que se mueve con las entradas en internet, no a partir de financiamiento internacional.

Creo que el apoyo público puede ser necesario, pero, por otro lado, es sabido que la prensa, y ahora en internet más todavía, se mueve muchísimo con la publicidad. Esa es una forma de financiamiento extraordinaria. Y seguirá existiendo, por supuesto, en una Cuba libre.

—El control del internet por parte de ETECSA ha sido un arma de censura. ¿Qué tan prioritaria es la democratización del acceso técnico a internet y las telecomunicaciones para que el nuevo ecosistema de medios realmente llegue a toda la población?

—Es absolutamente prioritaria, o sea, no hay ni cuestionamiento ni matiz respecto a la libertad en el uso de internet. Claro, en cuanto a los niños hay sus prohibiciones de acceso a ciertas aplicaciones o páginas porque requieren observación debido a que, por ejemplo, se prestan para el crimen organizado. Pero, fuera de eso, la apertura al servicio de internet tiene que ser absoluta porque es una herramienta extraordinaria de investigación, de estudio, de conocimiento.

El internet ha cambiado la forma de expresarnos, de movernos, de existir en democracia y, por lo tanto, es absolutamente importante y no puede haber ninguna agencia o empresa que limite el acceso a internet de los cubanos.

ETECSA es un cuartel con forma de empresa, o sea, es una empresa de telecomunicaciones (sociedad anónima), pero no es ninguna sociedad anónima, quienes la controlan son unos testaferros del régimen comunista. Y es GAESA, ese emporio del régimen, el que finalmente se lo coge y lo domina.

—El periodismo independiente ha hecho el trabajo que el oficialismo ha intentado ocultar y/o manipular. ¿Qué rol debe jugar la prensa en la reconstrucción de la memoria histórica de estas décadas de dictadura? ¿Deben los archivos periodísticos independientes nutrir las futuras Comisiones de la Verdad?

—Yo creo que ese rol en la reconstrucción de la memoria histórica ya lo están jugando los medios de prensa independientes.

Una vez yo entrevisté a Oscar Zanetti, quien es una maravilla de historiador, y él me hablaba de la importancia de la prensa hasta el año 1959, por toda la información que registró, pero, a la vez, del peligro que son los historiadores que hacen la historia de Cuba a partir de esos medios de prensa, y son dos cosas distintas.

O sea, en la prensa tú puedes todo el tiempo actualizarte sobre los debates que había en ese momento. Sin embargo, muchos historiadores hacen muy mal reproduciendo las conclusiones que hacía la prensa, que tenía muchísimos intereses partidistas o empresariales que sesgaban la observación del momento. Muchos historiadores reprodujeron, por ejemplo y sin más análisis crítico, las acusaciones de corrupción de la prensa contra Ramón Grau San Martín y Carlos Prío Socarrás (dos presidentes de la época republicana); nada de eso está necesariamente probado.

El periodismo es muy serio, pero la historiografía tiene una manera de corroborar su función y la prensa tiene otra. La prensa es una cosa del momento, es una cosa que está funcionando con otros códigos, con otras claves. Eso me lo decía Zanetti y es una observación interesantísima.

No va a pasar así con la prensa oficial, con la prensa castrista desde 1959. Claro que vas a sacar información provechosa, pero es una información absolutamente sesgada y hay fenómenos completamente ignorados por la prensa oficial. Realmente, lo interesante va a ser estudiar cómo la prensa oficial no reflejó lo que estaba pasando en Cuba. Por ejemplo, cómo ignoró la caída del comunismo en Europa.

Con la prensa independiente será diferente. Esos archivos van a nutrir tanto a los historiadores como a las futuras Comisiones de la Verdad. Y, en ese sentido, hay un peligro muy grande porque nuestro trabajo casi todo es online y se pudiera perder.

Además, nosotros somos un testimonio vivo de ese periodismo independiente y estoy seguro de que vamos a cumplir una función tremenda en cualquier Comisión de la Verdad o de investigación sobre los crímenes del castrismo, y un poco ser referencia para ese periodismo que va a surgir.

—¿Cuál es el principal vicio o deformación informativa que el sistema actual nos dejaría como secuela y que más costará erradicar en los medios del futuro?

—El vicio que el castrismo nos podría dejar como secuela es entender el periodismo como una actividad plegada a los grupos de poder.

Los periodistas de los medios oficiales son sujetos sin ninguna moral ni dignidad; puede ser que se rehabiliten, pero otros solo irán a buscar el mejor postor como han estado haciendo hasta hoy, cantándole loas al PCC o al cínico del momento, sea El Cangrejo, Sandro Castro o Díaz-Canel. Y lo seguirán haciendo sin ninguna compasión, como no la tienen hoy con el que se muere de hambre, o el que está en un hospital sin medicinas.

Esa infamia que tenemos hoy en los medios oficiales se va a filtrar en una sociedad libre hacia el periodismo libre y vamos a tener que ser muy sagaces para observar cómo se infiltran y cómo son capaces incluso de corromper áreas de lo que hoy es nuestro periodismo.

Hoy a nosotros, los periodistas independientes, nos es fácil saber dónde está la buena posición porque nos oponemos al régimen comunista y todo lo que sea el régimen comunista es adversario nuestro. Cuando haya democracia no va a ser tan fácil. Y va a ser una exigencia moral muy grande para nosotros escoger el partido, el grupo, el gremio del cual vamos a reflejar sus virtudes o sus defectos y ahí siempre está el peligro de que nos corrompamos.

Hoy no hay casi ese peligro porque no tenemos ningún lugar al que apelar para corrompernos, pero sí la vamos a tener difícil. Y ese gremio periodístico oficial se va a infiltrar entre nosotros y, por supuesto, en su momento puede incluso jugar un papel de favorecimiento de la corrupción de algunos de los miembros del periodismo independiente de hoy. Tenemos que estar muy atentos a eso.

Y para eso, por supuesto, una estructura moral poderosa está en enorgullecernos de lo que hemos sido hasta ahora, también como forma de cuidarnos mucho y no corrompernos mañana.

—Tras años de adoctrinamiento y propaganda en los medios estatales, ¿cómo se reconstruye la confianza del cubano de a pie en el oficio periodístico?

—Después de todas estas décadas de un periodismo sometido al poder es lógico que exista desconfianza ciudadana en los profesionales de la prensa. Ese ciudadano va a pasar sin transición. También ese ciudadano está educado para temerle al periodista independiente y para temerle al poder. Mientras exista el comunismo, hay un ciudadano entrenado para temerle al periodista libre, para temerle a las consecuencias que pueda generar la denuncia con un periodista libre y a las represalias del poder.

La reconstrucción de esa confianza la tienes que haber visto tú y la he visto yo. Es cuando una persona vence el temor que le tiene al periodista independiente, observa que el periodista independiente está haciendo ese trabajo porque verdaderamente siente el dolor y el sufrimiento de esa persona y tú logras ver cómo las barreras que tenías al principio con ciertas fuentes se quiebran y comienzan a ser auténticas colaboradoras del periodismo.

Yo creo que, no solo en el periodismo, como se vence siempre cualquier reticencia es demostrando día tras día tu solidaridad, tu calidad humana, tu empatía con el sufrimiento y con el dolor del otro. No solo el periodista, también el político. Hay quienes dicen que la política es lo mismo en todas partes y creo que no saben lo que están diciendo. Hay políticos extremadamente elegantes y valiosos.

Y existe incluso el mito en la población de que político puede ser cualquiera. Esa es una gran leyenda. Muchísimas personas con buenos valores llegan a la política y se corrompen y muchísimas personas con buenos valores son unos políticos tremendamente mediocres. O sea, ser político es una profesión, y los hay regulares, muy malos, muy buenos y de extraordinaria calidad.

Así mismo pasa con el periodismo, así mismo pasa con todas las áreas del desempeño humano.

Y mientras más vea la ciudadanía al periodismo enrolado en temas que le interesan, investigando hasta las últimas consecuencias, llegando a lo más profundo de lo que estamos pasando socialmente, yo creo que ahí más ganaremos esa confianza, pero te repito, la estamos ganando en este momento.

—¿Cuál es la responsabilidad ética de la prensa en el proceso de reconciliación nacional?

—Yo pienso que nosotros tenemos una función de —sin ambición— articular el criterio desde puntos de vista informados.

Nosotros nos dedicamos mucho al tema político, de derechos humanos, pero existe periodismo medioambiental, de moda, empresarial. Existen muchas formas de periodismo donde los intereses sociales pueden encontrarse y desde posiciones informadas, desde posiciones especializadas para que las personas puedan acceder a información de primera línea, donde se haga un criterio mucho más elaborado de aquellas áreas que son de su interés.

Una sociedad con libertad de expresión es una sociedad mucho más informada, con un criterio mucho más elaborado. Nosotros hoy tenemos un grado de información más elevado porque tenemos acceso a internet, pero antes de diciembre de 2018 (que fue cuando se posibilitó el acceso a internet desde los teléfonos en Cuba) teníamos que leer los periódicos estatales como Granma y Juventud Rebelde porque no teníamos alternativas para informarnos.

Nuestra función en libertad, cuando ya no nos persigan, cuando ya no haya un policía afuera para amenazarnos, para golpearnos o para arrastrarnos a un calabozo, va a ser, precisamente, darle cuerpo permanentemente al conocimiento actualizado, favorecer que las personas tengan un criterio más informado de política, de sociedad, de moda, de negocios, de educación… Todo eso es muy necesario, muy importante, y no existe prácticamente en Cuba.

—Desde el punto de vista del periodismo y de la comunicación, ¿cómo es esa Cuba que deberíamos construir? ¿Cómo será ese país una vez transitemos a la libertad?

—La Cuba a la que nosotros debemos aspirar primero tiene un componente moral y ético muy importante. Una Cuba donde, por ejemplo, el respeto entre los ciudadanos sea fundamental, donde la denuncia de lo mal hecho sea un imperativo, en la que no se consienta el rencor hacia el éxito ajeno, donde se le rinda culto al trabajo.

Otro componente importante es el institucional. Es primordial que en los medios se encuentre una calidad de la comprensión de lo que es la democracia, de lo que son las instituciones de la democracia, del funcionamiento de la democracia.

Es importante que los políticos del momento sean abiertos, consientan la libertad de expresión, que haya información oficial todo el tiempo y fiable a la que podamos acceder. Es importante que el Estado esté fiscalizado y esté, obligatoriamente, abierto a la fiscalización de la prensa. Todos los días los políticos tendrían que hacer permanentemente exposición frente a los medios de lo que son sus funciones. Todo eso es esencial.

* Esta entrevista se realizó como parte de una colaboración con el proyecto de Cuba Siglo 21 “Cuba: reconstruir y reinventar”.

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