Los cubanos necesitamos las armas que nos dejamos quitar

Venden el país ante nuestros ojos y siguen hablando de soberanía, movilizando en el exterior a piquetes de enajenados que defienden el socialismo por cincuenta euros, y posando de simpáticos con la prensa extranjera.
GAESA, Cuba, turismo
Militares cubanos. (Foto referencial: CubaNet)

LA HABANA.- Se cayó el sistema electroenergético nacional y era previsible que así fuera después de casi 72 horas consecutivas de corriente en zonas “estratégicas” de La Habana. Salvo por algunos disparos de frecuencia que interrumpían el servicio durante treinta minutos o una hora a lo sumo, un puñado de residentes en la capital disfrutó de casi tres días relativamente normales con electricidad para ver los partidos de octavos de final del Mundial de Fútbol, bombear el agua que entró diariamente o en jornadas alternas, cocinar sin susto con los electrodomésticos que llevaban bastante tiempo en desuso y dormir con ventilador o aire acondicionado.

Tanto despilfarro solo se explica por la cercanía del 11 de julio, cuando se cumplirán cinco años de las protestas antigubernamentales más grandes en la historia de Cuba después de 1959. La situación en la isla es cada vez más grave; el régimen tiene poco margen de maniobra para evitar que la situación se descontrole y se vea obligado a una escalada represiva. Pero lo que sí puede y sabe hacer muy bien es administrar la miseria en función de manipularnos masivamente. Así, garantizar tres días consecutivos de electricidad en zonas conflictivas saca un poco de presión al hervidero social y diezma, al menos en teoría, cualquier manifestación altamente probable en vísperas de una fecha tan simbólica.

La esperanza es pírrica, pero hay que arriesgar. Por demás, esta nueva caída del SEN quedó eclipsada por la entrevista que el prestigioso diario estadounidense USA Today hizo a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias El Cangrejo, en plan perfil de candidato a movida política de gran envergadura. Después de haberla leído hasta el final, aunque con un extracto bastaba, todo cubano que no sea cretino o fundamentalista terminó con el estómago revuelto. Para nadie es sorpresa que el nieto predilecto de Raúl Castro siga ocupando titulares en relación a eventuales negociaciones con la actual administración estadounidense. Lo que nos ha dejado asqueados es ver a un sociópata imbécil y ostentoso, que no fue elegido por ningún diputado en ningún nivel de la pirámide electoral cubana, que viste ropa carísima y viaja en jet privado, hablar en nombre de un pueblo que no tiene garantizado ni un trozo de pan.

Al cabo de 67 años de la Revolución socialista que restauraría la democracia en Cuba, devolvería a los militares a sus cuarteles y erradicaría la pobreza y la desigualdad, un coronel del MININT, guardaespaldas de su abuelo y millonario, espera sentarse a la mesa de negociaciones con el presidente Trump, si la Revolución –entiéndase su familia- se lo pide.

Un individuo sin mérito ni más trayectoria política que llevar el apellido Castro tiene el futuro de este desdichado país en sus manos, y no se necesita más para aceptar que la Revolución fue la mentira mejor construida y más prolongada de la política occidental. Al cabo de 67 años de hambre provocada por las decisiones de Fidel Castro y los continuistas, un vástago de su misma sangre admite públicamente que “le duele que los cubanos no vivan como él”, evitando mencionar que fueron su abuelo y su tío abuelo quienes redujeron a la indigencia una nación que figuraba entre las más desarrolladas de América Latina antes de 1959.  

Raúl Guillermo dice estar listo para impulsar las reformas económicas que hagan falta y vende la promesa de una prosperidad difícil de imaginar. Al menos para nosotros lo cubanos, que tanto hemos sufrido con su familia en el poder, es imposible imaginar un futuro diferente ligado al apellido Castro que por décadas nos ha silenciado, hambreado, robado, asesinado, desterrado y usado como moneda de cambio.

La entrevista de USA Today sigue al heredero en su delirio mitómano hasta el final, cuando, al salir de un restaurante de la Habana Vieja, un desconocido se le acerca, lo abraza y le dice, palabras más, palabras menos, que él es la esperanza de Cuba. A falta de multitudes enardecidas y una paloma amaestrada en el hombro, el nieto de oro debió recurrir a una burda puesta en escena para reforzar la idea de que no hay Cuba sin Castro.

Venden el país ante nuestros ojos y siguen hablando de soberanía, movilizando en el exterior a piquetes de enajenados que defienden el socialismo por cincuenta euros, y posando de simpáticos con la prensa extranjera que acepta sin ripostar que un sonriente Díaz-Canel califique de “cubaneo muy cubano” los toques de caldero, como si las protestas que a diario acontecen fueran una expresión del choteo que nos distingue y que los dirigentes tergiversan para hacer creer que los cubanos enfrentamos el exterminio con campechanía.

Luego de la entrevista realizada por Sky News al dizque presidente de Cuba, y la de USA Today a El Cangrejo, este pueblo no puede menos que maldecir la hora en que aplaudió histéricamente a Fidel Castro cuando cuestionó la utilidad de celebrar elecciones, o la necesidad de tener armas para defenderse porque la Revolución sería justa, democrática y no dejaría a nadie desprotegido.

Casi siete décadas después los cubanos continuamos pagando con la vida y la dignidad aquella estupidez colectiva. Pero a diferencia de los años sesenta en que la Revolución sostenía su arquitectura inicial gracias al bienestar generado durante medio siglo de república, hoy asistimos al grotesco desmantelamiento de la farsa sin libertad, sin corriente, sin agua potable y convencidos de que este régimen solo podría caer por la vía armada, con las armas que nos dejamos quitar.  

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