La propuesta, anunciada este 14 de mayo en Miami, fue descrita por ambas organizaciones como un marco para una Cuba “próspera, democrática y de libre mercado”, elaborado con la “factura jurídica” y el “rigor institucional” de CABA. La FNCA sostuvo que el documento responde a “casi siete décadas de dictadura comunista, colapso económico y destrucción institucional” y lo presentó como un plan de renovación nacional, no solo como un programa económico.
“Más que una propuesta económica, esta hoja de ruta constituye un plan de renovación nacional”, señala el comunicado. “Propone una Cuba donde el estado sirva al ciudadano, y no al revés; donde los cubanos puedan ser dueños, emprender, invertir libremente y crear riqueza en su propia tierra; y donde la prosperidad esté sostenida por la libertad, la seguridad jurídica y la dignidad humana”.
El documento difundido junto con el anuncio abre con una carta firmada por Jorge Mas, en la que afirma que “Cuba es un Estado fallido” y que “el comunismo y la familia Castro les han fallado” a los cubanos. El texto plantea la coyuntura como una disyuntiva política y moral: “¿Prosperidad o miseria? ¿Libertad o represión?”. A continuación, sostiene que el marco de 13 pilares “elige la prosperidad y la libertad, basados en el estado de derecho y en devolverle la dignidad y la esperanza al pueblo cubano”, y concluye: “La libertad y la democracia son la única opción”.
El primer pilar de la hoja de ruta propone que una Cuba libre comience con una nueva Constitución que proteja las libertades individuales, la empresa privada y la independencia judicial. El documento plantea que las leyes se apliquen por igual a todos, que los contratos sean respetados y que esas bases institucionales funcionen como condición previa para cualquier reconstrucción nacional.
La propuesta también coloca el capital humano en el centro de la transición. Sostiene que los cubanos dentro y fuera de la Isla constituyen el principal activo del país, destaca el papel de la comunidad exiliada en la reconstrucción y plantea una política migratoria abierta a especialistas que puedan contribuir en áreas donde Cuba los necesite. “Denle al cubano la oportunidad de construir y lo hará”, resume el documento.
En materia regulatoria, la hoja de ruta defiende un sistema simple y eficiente, bajo el principio “Si no está prohibido, está permitido”. Propone una “ventanilla única” para registrar empresas, obtener permisos y contratar personal, con el objetivo de desmontar las trabas burocráticas que, según el texto, han frenado a los emprendedores cubanos durante generaciones. El Estado, de acuerdo con esa visión, debería concentrarse en el estado de derecho, la seguridad pública, la salud y el medio ambiente.
Uno de los planteamientos más definidos del documento aparece en el capítulo tributario. La FNCA y la CABA proponen eliminar el impuesto sobre la renta personal e implantar un único impuesto nacional al consumo, recaudado de forma digital, con tasas fijadas por ley por más de 20 años. El objetivo declarado es ofrecer un sistema “simple, transparente” y previsible para la planificación de familias, empresas e inversionistas.
El quinto pilar plantea reconstruir el sistema financiero cubano mediante hipotecas, préstamos para emprendedores, mercados de capital abiertos y libre circulación del capital extranjero, incluidas las utilidades. El documento sostiene que Cuba necesitaría “una maquinaria financiera a la altura de una economía moderna” para impulsar la propiedad, el crédito y la inversión productiva.
La hoja de ruta reserva un apartado específico a la creación de una “clase capitalista cubana desde el primer día”. Para ello, propone beneficios fiscales corporativos a empresas con al menos un 10% de propiedad cubana, siempre que esa participación incluya acciones reales, derecho al voto y protecciones para socios minoritarios. “El cubano deja de ser solo mano de obra y pasa a ser dueño”, afirma el texto.
En el terreno productivo, el plan identifica siete sectores de crecimiento: agricultura, tecnología, manufactura, minería, construcción, infraestructura y turismo. La propuesta defiende una economía diversificada, sin depender de un único motor, y menciona oportunidades que van “desde los cañaverales hasta el software, desde los puertos de cruceros hasta las minas de níquel, desde el turismo médico hasta los servicios de datos”.
Otro de los pilares plantea una inserción comercial plena de Cuba en la economía global mediante tratados de libre comercio con EE.UU., Canadá, América Latina y la Unión Europea, además de tratados bilaterales de inversión, zonas de procesamiento para exportaciones y una modernización aduanera que permita despachar mercancías en 24 horas. “Por 70 años, la geografía de Cuba ha sido desperdiciada. Ya no más”, afirma el documento.
La propuesta incorpora asimismo una dimensión cultural e institucional. Bajo el lema “Mérito, no ideología”, plantea que las escuelas enseñen derecho a la propiedad, responsabilidad personal, deber cívico y emprendimiento. También sugiere la creación de un proceso formal de verdad y reconciliación para enfrentar el pasado y recomponer la relación entre los cubanos y sus instituciones.
En infraestructura, la hoja de ruta subraya que puertos, aeropuertos, autopistas, redes eléctricas y comunicaciones son indispensables para cualquier proceso de recuperación económica. El documento advierte que “un fundador de software no puede exportar su trabajo sin internet que funcione” y que “un campesino no puede llegar a los mercados globales por puertos rotos”.
Los pilares dedicados a educación y salud proponen mecanismos de libre elección financiados mediante vales. En educación, cada niño cubano recibiría un voucher utilizable en cualquier escuela acreditada, con mayores montos para estudiantes pobres, con discapacidad o residentes en zonas rurales. En salud, cada ciudadano contaría con un vale aplicable a proveedores licenciados, con cobertura garantizada para condiciones preexistentes y competencia entre clínicas privadas, instalaciones públicas, telemedicina y hospitales extranjeros.
El último pilar está dedicado a una red de protección social focalizada en adultos mayores, personas con discapacidad y desempleados temporalmente. El documento rechaza un esquema de dependencia permanente y defiende una asistencia orientada a “levantar al cubano y dejarlo valerse por sí mismo”. “La dignidad viene de participar. Cada cubano merece ambas cosas”, sostiene el texto.
La FNCA resumió públicamente la iniciativa como “un documento con 13 pilares para reconstruir la nación desde el estado de derecho, la propiedad, la iniciativa privada, la educación, la salud, la infraestructura” y otros ejes de reforma. El comunicado conjunto concluye con una declaración de principios: una Cuba “donde la oportunidad sustituya a la dependencia, la propiedad reemplace al control y la libertad sea la base del futuro nacional”.










