“Mi mamá sigue ahí”: la angustiosa espera de una cubana tras los terremotos en Venezuela

Sin ayuda oficial desde La Habana, hijos, padres y hermanos imploran que mientras haya un latido o un hueco de vida, se busque a sus desaparecidos 
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Addis Zaldívar Rodríguez y su hija

MIAMI.-Addis Zaldívar Rodríguez, una madre cubana de 64 años que viajó a Venezuela hace un mes para visitar a su única hija, terminó atrapada en una de las mayores catástrofes naturales que han sucedido en ese país y que ya deja al menos 1.450 muertos, 3.150 heridos y decenas de miles de desaparecidos. 

Desde el 24 de junio, cuando dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron Venezuela con apenas 39 segundos de diferencia, Addis no aparece. Ni tampoco otra treintena de cubanos registrados en listas no oficiales que provee la propia ciudadanía. 

Con el paso de las horas se ha ido construyendo un mapa doloroso de cubanos desaparecidos. Entre ellos están Olivia Hernández Pérez, una  psicóloga habanera de 28 años; Silvio René Garzón Molina, pareja de Olivia; los hermanos Vanessa y Dayan Martínez, dos menores de Mayabeque que vivían con su padre en La Guaira; además de Reinier Campos y otros coterráneos cuyos familiares siguen buscándolos desesperadamente. 

El régimen de La Habana, a través de Miguel Díaz-Canel, ha emitido una declaración: “Desde el primer momento de la tragedia nos hemos mantenido en contacto permanente con las autoridades venezolanas y nuestra embajada en esa hermana nación,  para conocer la situación de nuestros compatriotas allí y darles toda la ayuda posible. Las labores de rescate continúan”. Esta ha sido una de las pocas veces que hablan en términos de “nación hermana” desde la captura de Maduro y la alianza de Delcy Rodríguez a Estados Unidos.

En tanto, la misión médica cubana, que permanece operando en los 24 estados venezolanos bajo condiciones de esclavitud moderna, se adelantó a postear que todos sus miembros se encuentran “a salvo”. Publicaron además imágenes en el terreno asegurando que cuando la tierra tembló, los médicos cubanos hacía mucho que estaban allí. 

Cinco días después de los terremotos principales, las réplicas todavía se sienten. 

Un país donde casi nada funciona

Hoy, lunes 29 de junio, mientras Leina Moya busca cómo sacar a Addis de los escombros de la urbanización Caribe de Caraballeda, en La Guaira, otro sismo de 4.6, vuelve a sacudir la tierra. 

Pero no importa tanto que siga temblando la nación bisagra de Latinoamérica donde se originan fallas tectónicas en el punto de contacto entre la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana. Para muchos, el problema es en realidad la gestión del desastre en un contexto de transición política donde las instituciones inoperantes del chavismo prevalecen y donde una Delcy Rodriguez, presidenta encargada desde la extracción de Maduro por parte de fuerzas estadounidenses, no está a la altura de la catástrofe. 

A diferencia de países como Chile y México, que han integrado sistemas de alertas tempranas mediante sus organismos SENAPRED y SASMEX respectivamente, reglamentos de construcción estrictos y una arraigada cultura de prevención cívica; Venezuela, pese a estar en una franja sísmica peligrosa, enfrenta una alta vulnerabilidad debido a normas edilicias menos estrictas y la falta de equipo de rescate especializado. 

La Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), que sigue teniendo una interfaz alineada al Gobierno Bolivariano, tiene un Servicio de Información Telefónica las 24 horas a través de la línea gratuita. Si bien su página web explica que desde 1998 a través de su proyecto educativo Aula Sísmica, han entrenado en prevención y autoprotección a más de 65 mil personas provenientes de instituciones educativas, hospitales, grupos de rescate, empresas públicas y privadas, como a comunidades, universidades, esto no se ha hecho palpable en el terreno. 

En Venezuela no hay una clara normativa antisísmica, una cultura preventiva y de simulacros o una red de emergencia funcional como sí ocurre en Chile y México.

A través del CEDI, la unidad responsable de canalizar la información científica y técnica emergida de los programas de investigación ejecutados en la fundación, el gobierno bolivariano ha proyectado masificar el acceso y uso de la información disponible a través de las tecnologías de la información y comunicación para impactar a la sociedad al convertir el conocimiento producido en FUNVISIS un bien común para los Venezolanos.

Sin embargo, la nación que Delcy hereda de Maduro ha demostrado no estar preparada para sismos de alta intensidad como este doblete sísmico que causó colapsos de edificios y emergencias. La escasez de equipos de rescate especializados, bomberos estructurales y maquinaria para abrir caminos se vuelve un reto de gran magnitud en un contexto en que se ha padecido por décadas de desinversión en infraestructuras. 

Históricamente, las edificaciones no han tenido que cumplir con los mismos estándares de ingeniería antisísmica que se exigen en Chile o Japón.  El ente oficial FUNVISIS dice trabajar constantemente en campañas educativas como el Aula Sísmica y en el levantamiento de mapas de riesgo, pero la falta de simulacros constantes en la población general dificulta la rapidez de reacción frente a un desastre.

Los efectos se sienten ahora sobre La Guaira, uno de los territorios más afectados por los terremotos, y a donde no han llegado suficientes rescatistas. En la urbanización Caribe de Caraballeda y alrededores ha tenido que salir el pueblo a rescatar al pueblo, los vecinos a salvar a los vecinos, según refiere Leina, la hija de Addis, a CubaNet. Tampoco les ha llegado una retroexcavadora que permita remover los escombros en un momento crucial, cuando la posibilidad de encontrar vida se va extinguiendo.

Leina no estaba en la vivienda cuando ocurrió el desastre. Ahora pasa los días yendo y viniendo de la casa de familiares de su esposo donde la acogen temporalmente en Caracas, hacia el área de los escombros de la residencia Hoyo 2, convencida de que su madre sigue allí. Incluso asegura haber identificado un posible “hueco de vida”, un espacio entre los restos de la estructura donde podría haber sobrevivido.

La esperanza no es irracional. En las últimas horas, equipos internacionales han conseguido rescatar con vida a varias personas después de pasar más de tres y hasta cuatro días bajo los escombros en Caraballeda. 

“Todo es rapidito aprovechando el internet. Nosotros vivimos en el edificio Hoyo 2. Entonces, en esta zona, que es la calle o la avenida Paso 3, para acá arriba no habían venido ni rescatistas ni nadie haciendo reconocimiento de estos edificios que quedan para acá. Solo están enfocados en la avenida principal”, dijo Leina Moya a CubaNet. 

“Entonces, el sábado, vino un equipo de rescate de Mérida, que a ellos sí les asignaron esta zona y van a empezar a trabajar. Solo estaban esperando que llegara el resto del equipo y las maquinarias porque para esta zona no habían mandado a nadie. Entonces, en nuestro edificio lo que más nos ha impactado a los que todavía tenemos personas adentro es  que vino el equipo del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) a sacar solamente al que era su jefe, que es un comisario de esa institución. Lo sacaron, lo rescataron, ellos utilizaron todas sus maquinarias, igual ellos no son rescatistas, pero podían haber ayudado. Y ya, lo sacaron a él, tenían otro muerto adelante que es el papá de una niñita que sí se llevaron el primer día y al señor lo dejaron ahí. Bueno, y al resto de los que están en el edificio también”.

Cada rescate demuestra que, mientras exista una bolsa de aire y el tiempo no se agote, todavía puede haber milagros. 

Pero el problema ya no es solo el tiempo.

Familiares y vecinos denuncian que en esa zona las labores de búsqueda avanzan con recursos muy limitados. Son, en gran medida, los propios residentes quienes remueven escombros con las manos y con las herramientas que consiguen. Según los testimonios difundidos por las familias, todavía no ha llegado maquinaria pesada al punto donde creen que Addis permanece atrapada.

Muy cerca de allí, un equipo de rescatistas salvadoreños logró localizar sobrevivientes, alimentando la esperanza de quienes siguen esperando noticias de sus familiares. Pero hasta el lugar donde estaría Addis, insisten sus allegados, esa ayuda aún no ha llegado.

Hace un par de horas, la presidenta encargada Delcy Rodríguez, dijo que tras los sismos del pasado 24 de junio, hemos creado e instalado la Comisión Presidencial para la evaluación de habitabilidad de viviendas e infraestructura general. También instalamos el Estado Mayor para la creación de campamentos transitorios, así como para atender y recibir a quienes lamentablemente han perdido sus viviendas. Igualmente, empieza el trabajo en la planificación de proyectos que permitan construir nuevas viviendas en un muy corto plazo.

“Hemos logrado reconectar buena parte del estado La Guaira al Sistema Eléctrico Nacional; estamos recuperando la mayor parte de la vialidad y, progresivamente, recuperando la distribución del agua. Mantenemos las labores de búsqueda y no descansaremos hasta poder dar con todos los que puedan ser rescatados¡Esperanza para todos los venezolanos!”.

Mientras emergen los discursos y promesas, Leina está tratando con otros rescatistas con los que una tía le puso en contacto. El balance oficial sigue aumentando y las labores civiles de búsqueda continúan. El reloj sigue siendo como un marcapasos fuera del cuerpo y muchos se están preparando para lo peor, aunque sin renunciar a la esperanza. De un lado, Leina hoy se niega a abandonar el lugar donde esperan volver a abrazar a su madre, que había cruzado un mar, burocracias y autoritarismos para reunirse con ella. De otro, una abuela de casi 100 años de edad, espera en Cuba por su hija y cuidadora Addis, a quien describe como una mujer sensible, noble y servidora de Jehová. 

La familia no descansará hasta encontrar a la menor de los hermanos Zaldívar-Rodríguez, que salió por primera vez en su vida del país con invitación de reunificación familiar, a ver a su hija Leina, que está casada con un venezolano. Leina es una joven restauradora profesional que junto a su esposo da servicio de contabilidad y publicidad a pequeños negocios en La Guaira y otras regiones del país. Ha vivido por tres años en Venezuela por amor, explica, y porque construyó la vida cotidiana con necesidades básicas cubiertas, algo cada vez más inaccesible en Cuba. “Todo parecía funcionar de manera normal para los estándares de un cubano de los últimos tiempos”. Más bien, dice, darles un poquito de mejor vida a los suyos ahí parecía posible.

Ahora su prioridad es naturalmente encontrar a su madre Addis y eso está procurando. Addis llevaba apenas 15 días en el país cuando sucedió esta tragedia.

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