MIAMI.- El 3 de enero de 2026 marcó un punto de inflexión histórico en Venezuela. En la madrugada de ese día, una operación militar estadounidense sacudió Caracas y otros puntos del país con múltiples ataques dirigidos a instalaciones estratégicas. En medio del ruido de explosiones, el dictador Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados por fuerzas de Estados Unidos y trasladados fuera de Venezuela para enfrentar cargos federales, incluyendo narcoterrorismo y tráfico de drogas en tribunales de Nueva York.
La acción dejó al país en un escenario de incertidumbre y de redefinición de poder. Inmediatamente después de la captura de Maduro, la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió el cargo de presidenta encargada de Venezuela, respaldada por el Tribunal Supremo de Justicia, en medio de tensiones internas, reacomodos políticos y presión externa.
El gobierno interino ha arrancado acuerdos económicos y petroleros con Estados Unidos en medio de una fuerte supervisión exterior de sus recursos energéticos, mientras que altos líderes del chavismo como Diosdado Cabello mantienen influencia política y control de aparatos del Estado a pesar de las fracturas internas.
En este contexto, persiste la pregunta de qué quién gobierna Venezuela, si van camino a una transición democrática y qué tanto poder real mantiene Cuba sobre estructuras del chavismo, después de décadas de estrecha cooperación estratégica que incluyó desde apoyo político hasta la presencia de militares y agentes de seguridad cubanos en Venezuela.
Para analizar lo ocurrido y las perspectivas políticas y sociales del país, conversamos con Luis Carlos Díaz, periodista, ciberactivista y defensor de los derechos humanos en Venezuela. Díaz es ampliamente conocido por su activismo digital y por denunciar violaciones a la libertad de expresión. Fue víctima de detención arbitraria y tortura por parte del régimen de Maduro en 2019, y desde entonces continúa informando sobre la situación de presos políticos y derechos humanos en su país.
Después de la captura de Maduro, ¿qué ha cambiado en el país?
Lo que vivimos fue un cambio de líder, un cambio en la estructura, en la coalición que mantiene el poder en Venezuela; pero no hay un cambio de régimen. Todavía no hay un cambio de sistema político.
El reacomodo de la élite que está en el poder no termina todavía de cuajar. Están en una crisis interna y hay una traición: una parte del chavismo entregó a la otra. El mundo está descubriendo que el poder en Venezuela no estaba en manos de Nicolás Maduro y Cilia Flores, sino que era una coalición que comparte tanto espacios de poder como líneas de negocios y financiamiento.
Entonces, esa gente para sostenerse en el poder mantiene un aparato represivo que sigue en este momento completamente intacto. Antes teníamos más de 1000 presos políticos y ahora tenemos más de 1000 presos políticos. Aunque haya liberaciones, no ha cambiado la gravedad del asunto, y sobre todo no han sido removidos los responsables de que esas personas estén en prisión.
La gente no estaba presa por Nicolás Maduro y Cilia Flores, sino que ellos tienen su grupo de presos, los hermanos Rodríguez y Diosdado tienen los suyos; al igual que muchos alcaldes, gobernadores, ministros, viceministros, incluso influencers del chavismo, gente que vive de hacer videos, tiene sus propios presos políticos.
La sociedad siente que sí, que se removió algo, que hay un hay un inicio de un cambio, pero no estamos formalmente en un proceso de transición y lo que ha cambiado hasta ahora son los acuerdos energéticos de Venezuela con Estados Unidos.
¿Hay reportes de presos políticos nuevos en estas semanas?
Los que se han reportado como detenciones recientes han sido liberados.En estos días fue noticia la detención de 16 niños en Barcelona, al oriente de Venezuela porque estaban en una festividad de año nuevo.
Era una fiesta de fin de semana: niños mojándose unos a otros y corriendo, y algún chavista lo denunció con la policía y se los llevaron de manera aleccionadora. Al principio las familias callaron por miedo, pero al hacerse público el hecho, los excarcelaron. Este evento demuestra es que el aparato represivo sigue intacto.
No se trata solamente de los cuerpos de inteligencia como el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), o de cuerpos de exterminio como las Fuerza de Acciones Especiales (FAES) y la Dirección de Acciones Estratégicas (DAE), que son cuerpos de exterminio, sino que además tienes esta cosa que el chavismo llama inteligencia social. Son básicamente delatores que entregan a sus propios vecinos. Son una suerte de líderes carcelarios. El propio barrio es una cárcel a cielo abierto.
Ese sistema no termina de caer, pero sí es muy interesante ver como los chavistas estás tratando de ver con quién se acomodan. No terminan de entender que Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez están pactando con Estados Unidos. Son un gobierno títere. Son los nuevos cachorros del imperio. El chavismo, con todos sus años de narrativa antiimperialista, no sabe bien con quién acomodarse, a quién obedecer y por eso también, en ese caos, ves que hay detenciones y liberaciones.
¿Quién manda hoy en Venezuela?
Es una pregunta muy divertida y triste porque el poder sigue estando repartido entre los hermanos Rodríguez, una suerte de Lannister de bajo presupuesto, que tienen el poder ejecutivo y el legislativo. Está todavía Vladimir Padrino López en el Ministerio de la Defensa. Algo que es absolutamente incomprensible porque le capturaron al presidente y se lo llevaron. Además, no hubo ningún tipo de acción posterior que revisara cómo funcionaron los sistemas antiaéreos, la defensa. No se revisan los presupuestos, el mantenimiento, no se sabe quién estaba de guardia. Que siga como ministro de Defensa puede indicar o que hay una complicidad interna o que hay una incapacidad necesaria.
Por otra parte, sigue como ministro de Interior y Justicia, Diosdado Cabello, quien junto a Delcy Rodríguez coordina todo el aparato represivo, de inteligencia, cárceles, centros de tortura. Entonces, ahí hay un reparto de poder fáctico, de fuego. Luego tienes el poder económico, del que se ha ido apropiando Delcy Rodríguez poco a poco.
Por eso es por lo que algunos hacen la comparativa con Betty la Fea (personaje de telenovela), quien poco a poco fue tomando el control de la empresa. A Delcy le dieron la vicepresidencia económica, la dirección de PDVSA, le permitieron encargarse de hidrocarburos, de minería. Entonces el poder económico depende en buena medida de ella, de sus decisiones y de los actores a su alrededor, que incluye grupos de empresarios, comerciantes y algunos lobistas de petróleo.
En resumen, ellos son los que gobiernan, si son los que mandan, no se sabe pues han llegado a acuerdos con Estados Unidos y están obedeciendo. Debemos tener en cuenta que han pasado muy pocos días, entonces, entender cuánto y cómo se reparte ese poder es muy difícil. Además, ellos necesitan mantener un discurso ideologizado para no fracturar tanto sus bases.
¿Quiénes vendieron a Maduro, a quien capturaron de una manera tan sencilla, en apariencia?
Fue una operación quirúrgica, con mucha estrategia y conocimiento detrás, y con una efectividad impresionante. Sin duda se hablará de esta operación durante muchos años, por la manera en que se ejecutó por completo.
Pero al ver la respuesta posterior y que el encargado de la seguridad de Maduro ahora pasa a ser secretario de gobierno de Delcy Rodríguez. es decir, se asciende a gente clave que más bien debería estar siendo interrogada o interpelada por su inacción, te das cuenta de que sí: Maduro, en parte, también fue entregado. Fue acordado dejarlo solo, quitarle anillos de seguridad.
Por eso, quedaron solamente los cubanos, que al final eran como su anillo más cercano. Eso nos lleva a otras discusiones sobre violación de soberanía, mecenazgo y la dependencia de Maduro con Cuba. Pero sí, esa es la parte que lo entrega: los Rodríguez entregan a Maduro y a Cilia. Y no por eso estamos incómodos. Que Estados Unidos haya generado la presión suficiente como para que el chavismo se quebrara fue una forma de atender la crisis venezolana.
Si tienes una situación de secuestro, ¿qué haces? ¿Acabas con todos los secuestradores o negocias para que uno entregue al otro y el grupo se quiebre? Ese es un método, y era el único que estaba sobre la mesa. Por eso la presión internacional era necesaria.
Creo que esta operación de Estados Unidos también revela que todo lo que los venezolanos hicieron durante muchos años fue necesario: le demostraron al mundo que había hambre, que faltaban libertad y democracia. Pero al final no fue suficiente sin presión internacional. Esa presión fue tan fuerte que una parte del chavismo hoy es, prácticamente, un gobierno títere de Estados Unidos.
¿Maduro es ese personaje tonto que aparece en los videos que circulan en redes?
No. Lo de parecer tonto fue una recomendación de marketing político. Al mostrarse banal, la gente deja de asociarlo con la figura del torturador. Pero también es cierto que es tonto en otro sentido: mira cómo se dejó engañar, cómo confió en gente que luego lo traicionó. Es un tonto grande.
Al final, él era el civil al frente de una coalición militar. Había mucha gente operando, robando, y él era la piñata: el civil que daba la cara. No es un líder inspirador, no tiene frases épicas ni una narrativa que movilice. Fue un tonto útil. Mucho más peligrosa y con mayor poder era Cilia Flores.
Ese intento de conectar con jóvenes a través de TikTok no sirvió de nada. No se defiende una “revolución” con TikTok y, además, ni siquiera les dio votos: no ganaron el apoyo juvenil.
En el caso de Cilia, en los medios cubanos circuló una versión muy romántica: que no se la iban a llevar, que ella se interpuso para evitar que se llevaran a su esposo. Pero, en realidad, ¿qué responsabilidades tiene Cilia Flores? Porque tú mencionabas que ella es determinante dentro de la estructura de poder.
Lo que comentas forma parte de la narrativa, de la propaganda falsa. Quieren presentar a Cilia Flores únicamente como la esposa de Maduro, la figura amorosa que lo acompaña hasta el final. Eso es mentira. Cilia Flores es incluso más importante dentro de la estructura de poder en Venezuela.
Primero, es una persona formada políticamente. Fue abogada de Hugo Chávez en los años noventa, fue la primera mujer presidenta del Parlamento venezolano y, bajo su liderazgo, se estructuraron leyes que desmontaron institucionalmente al país, que destruyeron lo que quedaba de República para darle a Chávez un poder más personalista, casi monárquico, como él lo quería. La eliminación de la separación de poderes en Venezuela pasó en gran medida por ella. Luego fue procuradora general de la República.
Cuando Maduro llega al poder, ella adopta un rol distinto: una figura silenciosa, que no habla, que no aparece en público, que solo acompaña. Pero todos los que han trabajado dentro del chavismo saben que Cilia Flores es quien manda, quien decide, quien nombra magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, jueces, directores. El aparato judicial depende de ella, muchas cuotas de poder en el Parlamento también, y cientos de sus familiares se enchufaron al poder. No fue la familia de Maduro —que no es tan extensa—, fue la de Cilia Flores la que terminó controlando buena parte de ese entramado.
Que no sea vocal, que no tenga un rol mediático como Rosario Murillo en Nicaragua, no significa que no ejerza el poder. De hecho, fue una persona que dio órdenes directas para la detención de personas. En los cargos que se le imputan en Nueva York hay uno que solo aplica a Maduro, pero todos los demás la incluyen a ella por el rango y las funciones que tenía. Sus vinculaciones con negocios ilícitos que hoy se juzgan en Nueva York la alcanzan desde 2020, cuando se formularon las acusaciones.
Por eso hay que verla como una figura en igualdad de condiciones. Aquí sí hay que aplicar una lógica de igualdad: Cilia Flores no es solo la esposa de Maduro, es una perpetradora más y tendrá responsabilidades, ya sea en Estados Unidos, en la Corte Penal Internacional o en otros procesos de justicia, porque de ella dependieron decisiones que dañaron gravemente la vida de muchas personas.
Hay cierta narrativa que presenta a Delcy como una “moderada” dentro del Chavismo. ¿Lo es?
La narrativa de la moderación es una narrativa inventada por oficinas de relaciones públicas, sostenida por algunos grupos empresariales venezolanos. Gente que le hizo lobby a Delcy Rodríguez contactó al New York Times para que publicara ese trabajo donde se dice que ella es moderada, y todo eso es mentira.
Al final, Delcy y Jorge Rodríguez son personas formadas en el socialismo y en el comunismo, además de estar profundamente ideologizadas. Se han beneficiado de un aparato represivo ideológico durante todos estos años. No son distintos al chavismo: son la esencia del chavismo. Lo que sí son es pragmáticos, y eso es distinto. Es decir, son personas que, ante distintas presiones, han sabido moldearse para mantenerse en el poder.
Ese pragmatismo la diferencia del fundamentalismo de otros sectores dentro del chavismo. Voy a explicar un punto muy sencillo. En 2019 llegan las sanciones petroleras a Venezuela y a PDVSA.
Estas sanciones tienen dos dimensiones. Por un lado, protegen en Estados Unidos algunos bienes de la República que el chavismo estaba liquidando, rematando y vendiendo para quedarse con el dinero, como refinerías en República Dominicana y en otros países. Es decir, el chavismo estaba autofagotizando el aparato público venezolano, vendiendo las empresas básicas de Guayana como chatarra y desmontando infraestructura para liquidarla y quedarse con el dinero.
Por otro lado, las sanciones generan un nivel de presión sobre la forma en que el chavismo administraba el petróleo, obligándolos a tomar decisiones. En 2019 el chavismo decide tres cosas, detrás de las cuales están Tareck El Aissami y los Rodríguez. Permiten la libre circulación de dólares y divisas, algo que antes estaba prohibido; permiten la libre importación de productos, cuando antes todas las importaciones eran estatizadas y centralizadas, bajo una lógica socialista de control; y permiten el libre precio. Es decir, el Estado deja de fijar los precios, una política que durante la década anterior había generado hambre y escasez.
Ahí tienes las tres variables: dólares, importaciones y precios. Soltaron esos controles sin soltar el control político ni el poder. Fueron pragmáticos: dejaron a un lado la arquitectura socialista de control económico, de hambre por diseño y de crisis por diseño, que hacía a la gente dependiente del poder. Lo que lograron en un año fue que los anaqueles volvieran a llenarse.
Volvimos a tener azúcar, leche, harina, café y huevos, y dejamos atrás lo que llamábamos la etapa cubana, nuestro propio período especial, generado por los controles y bloqueos internos impuestos por el chavismo. En Venezuela podías tener dinero y aun así no conseguir productos, simplemente porque al chavismo no le daba la gana.
Incluso, el chavismo controlaba cuánto podías comprar a la semana y prohibía que familiares de una región enviaran comida a otra a través de paquetería o autobuses. Si mandabas dos kilos de harina o tres de azúcar, la Guardia te los quitaba. Todo eso se mantuvo hasta 2019.
Traigo esta imagen porque lo que hicieron Delcy Rodríguez, Tareck El Aissami y, en conjunto, Nicolás Maduro, fue ser pragmáticos en lo económico sin soltar el poder político, preservándolo. En este momento han hecho algo parecido: sacrifican a Maduro, están dispuestos a liberar a algunos presos políticos y a tratar de engañar a Estados Unidos con tal de preservar el poder político a toda costa.
Habrá que ver cuánto tiempo les dura eso, porque Estados Unidos puede jugar más fuerte, puede imponer límites más claros. Pero obligarlos a desmontar su propio tinglado no es, exactamente, una mala noticia.
Delcy está vinculada a todas las estructuras de financiamiento del chavismo y a todas y las matrices represivas en el país.
En el caso de Cabello, para algunos el hombre fuerte de Venezuela, ¿es cercano al Castrismo? ¿Qué papel tiene hoy Diosdado Cabello en todo esto que está ocurriendo?
No comparto la idea de que Diosdado sea cercano al Castrismo. No tuvo su formación ideológica allí como sí lo hizo Maduro y los hermanos Rodríguez.
Diosdado Cabello no es una ficha ideológica, no es alguien que haya viajado a Cuba tantas veces. O sea, no es parte de la línea cubana. Eso era más bien Maduro y otras fichas de su estructura. Diosdado es militar, que está vinculado a muchos negocios en Venezuela
Él se encarga públicamente de la estructura represiva, desde el señalamiento, la estigmatización. Marca a quién se llevan y a quién no. Cabello coordina las acciones de cuerpos represivos que detienen, desaparecen, torturan. Pero no podemos responsabilizar solo a Diosdado por esto. Cilia Flores tenía sus propios cuerpos de seguridad, Maduro tenía los suyos, los Rodríguez tienen los suyos.
Es decir, cada grupo en el poder tiene capacidad de fuego, de represión, tiene jueces y fiscales, tiene socios. A eso se le llama tribus. Cuando cayó por corrupción Tareck Zaidan El Aissami, quien era el tercer hombre más importante de Chávez, cayó junto a grupos de jueces, fiscales, empresarios. O sea, cayó con su tribu.
En estos momentos no hemos visto todavía la caída de la tribu de Cilia Flores y Nicolás Maduro, pero si vemos que Delcy Rodríguez está montando, está cambiando gente.
Diosdado es de los pocos originales del 4 de febrero de 1992, es de los que dice ser más leal a Hugo Chávez; y, sobre todo, tiene poder represivo. Aclaro que no es solo poder represivo contra la disidencia, sino entre ellos.
En el chavismo se espían unos a otros, hay rehenes de unos grupos y otros. Hay gente del chavismo presa porque un grupo quiere joder al otro. Operan como una mafia, con sus propias tensiones internas.
En estos momentos hay que seguir su desempeño y ver si es posible aumentar distintas formas de presión externa, sobre todo aquellos que están vinculados a negocios sucios, a juicios por crímenes de lesa humanidad, que puedan ser deudas ante la justicia internacional.
¿Era una utopía que María Corina y Edmundo González estuviesen hoy en Venezuela, dirigiendo esta transición? ¿Estaban las condiciones creadas después que se llevaron a Maduro para que ellos se incorporaran al país?
Si los Estados Unidos se llevan a Maduro y después les dicen a ellos, «Tranquilos, entren a Miraflores”, sería absolutamente falso que había condiciones para eso. Sería una estructura muy frágil, una estructura que pudiese ser acabada en horas. Es decir, no hay capacidad de control institucional para eso; y luego tendrían a todo el hemisferio diciendo que son el gobierno títere de los gringos.
Hay unas condiciones que tienen que construirse, que tienen que ocurrir y la duda que tenemos los venezolanos es si va a pasar o no y cuál es nuestro rol. Porque tampoco vamos a jugar banca hasta que Estados Unidos quiera. La sociedad civil tiene que moverse y exigir y presionar para que haya condiciones.
Ahora lo peor que nos puede ocurrir es una dictadura normalizada, que era lo que teníamos el año pasado. En ese momento en el que varios actores tiraron la toalla, grupos empresariales empezaron a decir: «Bueno, Maduro hasta el 2031 y nosotros pues haremos lo que lo que sea necesario para mantenernos a flote.» Y empezaron a hacer una agenda pro-dictadura muy dura: silenciaban a los familiares de los presos políticos, acallaban las protestas, domesticaban a las ONGs, trataban de que todo el mundo se alineara. Ya no eran solo el chavismo, eran estos actores facilitadores.
Edmundo y María Corina no tenían condiciones y no las tienen aún hoy para estar en el poder, pero si pueden tener un puesto en la mesa de decisiones para que en algún momento Delcy Rodríguez y quienes le acompañen empiecen a salir de esa coalición de poder. Ellos tendrán que desmontar algunas cosas, a cambio de su propia supervivencia para dar paso a una transición.
Porque la otra opción es muy grave para los venezolanos. sería una dictadura normalizada con financiamiento petrolero limpio de Estados Unidos. Venezuela seguiría expulsando gente, seguiría generando una crisis humanitaria interna, seguiría permitiendo la corrupción, y no terminaría de desvincularse de grupos terroristas de Medio Oriente, de dictaduras de otras partes del mundo.
Lo que pasa es que no podemos hacer que sea inmediato. Ojalá haya presión para impulsar la transición.
¿La oposición que queda en Venezuela se ha estado organizando?
Es que es una pregunta compleja porque no hay una polarización entre los de adentro y los de afuera, aunque así lo quieran mostrar. Los de afuera pueden volver en algún momento cuando haya condiciones y la pregunta es cuándo las habrá. No es que están afuera de vacaciones. Están afuera, porque si estuviesen dentro estarían muertos, desaparecidos o siendo torturados.
Entonces hay un grupo de opositores que se han mantenido en la clandestinidad, algunos de ellos han empezado a asomarse, Alfredo Ramos, Andrés Velázquez, gente que participó en las primarias opositoras, gente que trabajó para la campaña de Edmundo.
Y luego, tienes un segundo grupo que dice ser opositor, pero que siempre hay que poner un asterisco porque su acción no se corresponde con lo que es una oposición. Primero, no se oponen, sino que obedecen al chavismo.
Hay como una suerte de crítica, pero muy domesticada, muy controlada. Tenemos el temor de que estén allí cumpliendo un rol, adjudicado por el chavismo, para desplazar a la oposición democrática, la oposición que sí quiere un cambio en Venezuela.
Desde el gobierno, les dieron garantías para participar electoralmente, cosa que no le dan a la oposición real. Les permitieron participar en eventos públicos, con cobertura de medios de comunicación estatales. No tuvieron votos suficientes para ser diputados en el parlamento y aun así el chavismo le regaló unos asientos. Eso no es oposición.
Hay prensa internacional cayendo en esa narrativa, mostrando que una parte de la oposición que está dentro de Venezuela es moderada y dialoga con el chavismo, como si fuesen méritos, cuando solo son unos títeres.
Es más o menos lo mismo que hacen con Delcy, “la moderada”, la chavista con la que sí se puede hablar.
¿Con la caída de Maduro crees también que haya salido la presencia cubana o el control que había del régimen cubano hacia Venezuela?
No, hasta ahora no tenemos indicadores ni números completos sobre eso. Para nosotros ha sido lesivo y, además, un acto de enorme corrupción. Creo que, más allá de lo humanitario, ha sido dañino tanto para Venezuela como para Cuba.
Te puedo hablar de médicos cubanos que conocí en Venezuela desde hace más de 20 años, porque la misión Barrio Adentro llegó en 2004. Lo que vimos fue explotación laboral, lo que vimos fue esclavitud moderna: gente explotada, a la que el dinero no le llegaba completo a sus familias. Muchos de ellos —y cuando digo muchos, hablo de miles— se fugaron.
Médicos cubanos que usaban Venezuela como trampolín para cruzar a Colombia y luego irse a Estados Unidos. Y de verdad, qué bueno por ellos, pero fue horrible. Horrible en el sentido de cómo ese tutelaje cubano terminó afectando variables importantes en Venezuela: el control de la identidad, que estuvo en manos de los cubanos durante mucho tiempo; el control de la seguridad; y la adopción de prácticas compartidas en métodos de tortura, desaparición y diplomacia.
A mí me tocó ver en Naciones Unidas cómo la delegación cubana le hacía la tarea a Venezuela en la ONU, en Ginebra, y uno decía: “¿Qué falta de dignidad es esta?”. Y es eso: no Cuba como país, sino la dictadura cubana logró un control sobre el chavismo absolutamente vergonzoso.
Yo no creo que eso haya terminado. Estados Unidos probablemente esté haciendo algún tipo de trabajo de inteligencia para ver cuáles son esos sublímites o hasta dónde llega esa influencia, pero no: esto es mucho más profundo. Y siento que la disidencia cubana, en todas partes —no solo la de Miami, sino también la de México, España, Panamá— junto con la disidencia venezolana, tiene que moverse de manera conjunta para entender cuáles son las matrices de cooperación.
Muchas veces se habla del efecto de Cuba en Venezuela, pero poco se habla del efecto de Venezuela en Cuba. Que Venezuela haya financiado el aparato represivo cubano es una vergüenza para nosotros. Que haya compañeros presos en Cuba porque el régimen recibe dinero de Venezuela y con eso se oxigena es un asco. Que el ministro de Economía cubano haya pasado por Venezuela y luego haya importado a Cuba prácticas que vio allá —como los bodegones, la inflación, la hiperinflación, la devaluación de la moneda, la tasa de cambio paralela— es algo de lo que he hablado muchas veces con amigos cubanos, y uno dice: “Ya va, Cuba también aprendió horrores de Venezuela”.
Vamos a tener una deuda histórica todos con todos. Empezar a identificar esos patrones es clave, porque Cuba también sofisticó su aparato represivo aprendiendo lecciones en Venezuela. Así que no, a esto todavía le falta mucho camino por recorrer.
¿Dirías que hoy Venezuela está más cerca de la democratización, o te inclinas más por la idea de que pueda haber una mutación económica mientras la dictadura se mantiene?
No, yo soy de la línea de los esperanzados. Estamos más cerca de la democracia, más cerca de la transición. Más cerca de lo que estábamos el 2 de enero, y mucho más cerca de lo que estábamos a finales del año pasado, cuando la gente comía las uvas, brindaba, se abrazaba y decía: “¿Hasta cuándo esto?”. Sin duda estamos mejor.
Además, todavía no hemos terminado de evaluar el impacto que tiene que Maduro y Cilia Flores estén presos. Eso es tan contundente que creo que la mayoría de los venezolanos aún no lo procesa del todo, sobre todo los chavistas. Muchos creen que esto es temporal, que la causa es falsa, y no: esto apenas comienza. Es algo inédito en nuestra historia, nunca había pasado algo tan duro, y va a generar más fracturas, más quiebres internos.
Digo que estamos más cerca de la democracia porque esa presión también sirve para que figuras como Delcy y quienes la rodean entiendan que no es sostenible un país donde se sigue desapareciendo gente, persiguiendo a la disidencia, presionando y reprimiendo. Eso no puede sostenerse en el tiempo.
Mira, además, la tensión que existe con las empresas petroleras que quieren invertir en Venezuela. El chavismo no les garantiza Estado de derecho, ni debido proceso, ni tribunales independientes para reclamar si hay un conflicto, ni contrapesos institucionales que puedan dirimir disputas. El chavismo cree que las condiciones óptimas para invertir son tener el teléfono de un ministro y llamarlo si un guardia detiene una carga para robarte, o si un colectivo armado o un consejo comunal intenta extorsionarte. Eso no es institucionalidad, eso es enchufe al poder, y es lo menos institucional que existe.
Venezuela necesita una institucionalidad mínima para que puedan operar negocios reales, no el narcotráfico, sino negocios de verdad. Y esas condiciones no se decretan: se construyen. Y esa construcción implica necesariamente un camino hacia la democracia.
Entonces sí, siento que estamos mucho más cerca, con una variable clave que todavía no terminamos de entender: el rol que va a jugar la sociedad civil venezolana. ¿Qué rol vamos a asumir? A mí no me gusta que nos digan que hay que esperar o quedarse en la banca. Aquí hay que involucrarse desde el periodismo, la defensa de los derechos humanos, los familiares de las víctimas, los emprendedores, todos los que quieran ser parte del país que se va a construir.
El país del chavismo no es un país donde cabemos todos. Es un país excluyente, que persigue, mata, silencia y expulsa; un país de millones de migrantes forzados. Ese país no se ha acabado, pero nosotros tenemos que ser parte del país que queremos. Esa es la ruta. Y con Maduro y Cilia Flores —tan o más importante ella dentro de la estructura— enfrentando un juicio en Nueva York, hay muchas cosas que van a empezar a decantarse.
Ojalá la próxima conversación sea ya con una Venezuela libre de las estructuras del chavismo.
Confío en que primero sea Venezuela y luego Cuba y Nicaragua. Hay que hacer todo lo posible para que eso ocurra, porque estas dictaduras se contagian entre sí y también se sostienen entre sí. No puedes dejar a una sola, hay que presionarlas.
Hoy, la mayor esperanza para Cuba es que cuaje la transición venezolana, antes de que se solidifique el financiamiento que está recibiendo desde México, lo cual me parece peligrosísimo. El año pasado, México fue el país que más petróleo envió a Cuba, incluso más que Venezuela: más de 3.000 millones de dólares. Ya encontraron otro organismo al cual parasitar, y eso hay que frenarlo rápido.








