enero 19, 2026

¿Gente de paz?: Solo es una dictadura oliendo su derrota 

La derrota en Venezuela ha venido a probar lo que tanto sospechábamos: de lo que fuera un ejercito más o menos respetable bajo el amparo soviético, ahora solo queda el embalaje de alardes y consignas.
Miguel Díaz-Canel, rodeado de militares este martes, en un campo de tiro
Miguel Díaz-Canel, rodeado de militares en un campo de tiro (Foto: @DiazCanelB - X)

LA HABANA.- Con el destape de la influencia militar de Cuba en Venezuela, además de la poca efectividad de unas fuerzas que fueron neutralizadas en menos de dos horas, a la dictadura no le ha quedado más remedio que intentar sobreponerse al ridículo. Han echado mano a argumentos tan patéticos: que lo del 3 de enero, fue un “ataque cobarde” —cuando las tropas estadounidenses llevaban meses reuniéndose frente a las costas venezolanas y, unos días antes, hasta cerraron el espacio aéreo—; o que fue un combate “desproporcionado”, como si, en vez de una maniobra de extracción, un asalto, se tratara de una competencia deportiva donde los rivales, además de ser anunciados con antelación, deberán tener tallas y pesos similares.

En tal sentido, la estrategia de contención del bochorno los deja más en ridículo. Al mismo tiempo que los exhibe como los mentirosos, abusadores e hipócritas que siempre han sido. Esas cobardías y desproporciones que pretenden denunciar serían las mismas en las que, al parecer, no repararon los llorones de ahora cuando, el 13 de julio de 1994, dieron la orden de hundir el remolcador 13 de Marzo, provocando la muerte de más de una treintena de personas inocentes, entre ellas diez niños. O cuando, menos de dos años después de ese crimen, el 24 de febrero de 1996, unos misiles disparados desde un MIG-29, desintegraron en el aire dos avionetas civiles, sin capacidad defensiva alguna, asesinando a todos sus tripulantes.

Similares relatos de horror, anteriores a esos y más recientes, abundan en el historial criminal de una dictadura que, conociendo bien de las inmensas vulnerabilidades y debilidades de su ejército, de la nula utilidad de su armamento obsoleto de la era soviética, y temerosa de que llegue finalmente el día que en realidad les toque demostrar si son tan buenos en el combate como pregonan serlo, echa mano a ese cuento de que son gente de paz. Precisamente ahora cuando las sospechas se han concretado en la acción de Caracas, en consonancia con la decadencia de un ejército que es un secreto a voces.

De los cerca de 70 aviones del tipo MIG regalados por la URSS, que llegaron a guardar alguna vez como “as bajo la manga”, apenas vuelan 10, a lo sumo un par de veces a la semana, no más de unos pocos minutos de vuelo, y solo después de más de 72 horas de mantenimiento, de acuerdo con testimonios de pilotos y oficiales, en activo y retirados, con los que hemos podido conversar por estos días de alardes y comparaciones.

Las pistas, incluso las de entrenamiento, son pocas las que están en buen estado, incluso en las principales bases aéreas, concentradas en occidente. En el centro y oriente del país, la cuestión es más grave en tanto la mayoría están inutilizadas. Los pocos hangares existentes con sistemas de reforzamiento antibombardeo, diseñados para una guerra convencional en los años 90, hoy no sirven ni para protegerse de un aguacero.

Con los helicópteros sucede algo parecido. Entre 2010 y 2012 la mayoría fueron vendidos como piezas a los norcoreanos, y apenas van quedando los pocos Mi-8 y Mi-17 que vemos de vez en cuando, como ruidosa chatarra volante, en exhibiciones para turistas, en el traslado de dirigentes, y en los rescates del último huracán, así como protagonizando varios accidentes, algunos mortales, como los ocurridos a finales de enero de 2021 y en abril de 2024, ambos en Oriente, y con aparatos pertenecientes a la escolta de Miguel Díaz-Canel, lo que debería preocupar aún más a quienes corresponda.

De la flota naval, ni hablemos por pena. Más allá de las viejas patrulleras y lanchas que vemos en los principales puntos estratégicos de La Habana, Matanzas, Cienfuegos, Holguín y Santiago de Cuba, no hay nada más “moderno” que mostrar. Así, igual, de la artillería y los autopropulsados, de los centros de entrenamiento, como los exhibidos hace unos días, en las paginas en redes sociales del MINFAR, por la Gran Unidad de Tanques de Managua —la más importante por su posición a unos pocos kilómetros del centro de la capital—, donde la tecnología más “moderna” es de finales del siglo pasado, con “actualizaciones” de hace más de una década, y pensada para aplicarse según los manuales traídos de Moscú y que, por obsoletos, no garantizan más de una hora de inútil resistencia, aunque sí cero bajas del lado contrario.

La derrota en Venezuela ha venido a probar lo que tanto sospechábamos: de lo que fuera un ejercito más o menos respetable bajo el amparo soviético, ahora solo queda el embalaje de alardes y consignas, aunque tan desgastado y descolorido, tan feo y mugriento, como los uniformes que llevan los oficiales cubanos, hasta los de mayor rango.

No son de paz, aunque sí viejos simuladores muy torpes, tanto que se atreven a decírnoslo con cara de inocentes, de doncellas acosadas, pero sin poder ocultar el grueso expediente bajo el brazo, con pruebas irrefutables de asesinatos de opositores, de fusilamientos, de palizas contra manifestantes pacíficos; de entrenamiento, asesoramiento y refugio a grupos terroristas por todo el planeta; de acciones desestabilizadoras contra las democracias tanto al norte como al sur del continente americano; de venta de armas a Corea del Norte escondidas en cargamentos de azúcar; de envío de mercenarios a Rusia disfrazados de turistas; de infiltración masiva de agentes en los Estados Unidos, tras la fachada de un éxodo masivo.

No son hombres de paz los comunistas cubanos sino criminales que se descubren desarmados e indudablemente derrotados. En asuntos de combate cuerpo a cuerpo, donde aseguran que nadie en el mundo les gana, en realidad terminaría siendo una gran molestia, un blanco fácil donde asestar el golpe mortal con una patada, o al menos una que los deje aturdidos.

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Efraín González

Bajo este seudónimo firma sus artículos un colaborador de Cubanet, residente en la isla por temor a represalias del régimen.