El 23 de enero de 1959, a poco más de dos semanas de su llegada al poder tras el derrocamiento del régimen de Fulgencio Batista, Fidel Castro voló a Caracas, Venezuela, en lo que fue su primer viaje al exterior como gobernante.
En Venezuela, donde exactamente un año antes, el 23 de enero de 1958, había sido derrocado el dictador Marcos Pérez Jiménez, el líder revolucionario cubano fue acogido como un ídolo. Una multitud fascinada escuchó y aplaudió el discurso de siete horas del barbudo comandante, que agradeció a los venezolanos por su acogida y por las armas que le había enviado a la Sierra Maestra el almirante Wolfgang Larrazábal, presidente de la junta cívico-militar que sustituyó a Pérez Jiménez.
La agenda de Fidel Castro en Caracas, durante los cuatro días que duró la visita, fue agotadora, sobre todo para sus escoltas, que, a pesar de la simpatía mostrada por los venezolanos, creían ver potenciales asesinos a cada paso.
Esa tensión provocó un trágico accidente: el 27 de enero, en la pista del aeropuerto de Maiquetía, la hélice del avión que conduciría de vuelta a Cuba a Fidel Castro le arrancó la cabeza de cuajo al jefe de los militares encargados de protegerlo, el comandante Francisco “Paco” Cabrera.
De aquel viaje a Venezuela, exitoso en cuanto al reforzamiento de su imagen internacional, Fidel Castro lamentaría no solo la pérdida del jefe de su escolta, sino no haber podido convencer con sus embelecos y enredar en su telaraña al presidente electo venezolano Rómulo Betancourt, a quien desde entonces cobró particular tirria, al extremo de enfrascarse en la desestabilización de su gobierno mediante su apoyo al grupo guerrillero Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN).
Fidel Castro, en aquel larguísimo discurso en una plaza caraqueña, lamentó no haber podido dar nada a los venezolanos a cambio de la ayuda recibida. Quién pudo suponer que lo que les daría de vuelta sería subversión y violencia.
Los soldados cubanos que acompañaron a Fidel Castro en su viaje, y que con su aspecto montaraz y uniformes desaliñados convirtieron la embajada cubana en Caracas en una réplica de los campamentos guerrilleros de la Sierra Maestra, volverían a ser vistos por los venezolanos en mayo de 1967, pero sin barbas y en son de guerra, cuando desembarcaron por Machurucuto para intentar internarse y crear un foco guerrillero en los montes de Falcón, Yaracuy y Lara.
Por aquella fracasada y escandalosa agresión contra Venezuela, que provocó que el presidente Raúl Leoni rompiera las relaciones con Cuba, Arnaldo Ochoa —quien en 1989, ya siendo general, fue fusilado por sus jefes— se ganó el nombramiento de subjefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
En 1999, cuarenta años después del viaje de Fidel Castro a Caracas, se consumaría la conquista de Venezuela por el castrismo, con la llegada a la presidencia —gracias al hastío de los venezolanos con la politiquería de adecos y copeyanos— de Hugo Chávez.
Apadrinado por Fidel Castro, Hugo Chávez convertiría a Venezuela en la sustituta de la Unión Soviética en cuanto a subsidiar con petróleo y dinero al régimen castrista en su momento más crítico.
Luego de la muerte de Chávez, ocurrida en La Habana en marzo de 2013, bajo su sucesor, Nicolás Maduro, ex alumno de la Escuela de Cuadros del Partido Comunista “Ñico López”, se incrementaría el expolio de Venezuela por el castrismo.
Para garantizar que Maduro desgobernara a sus anchas, cientos de efectivos del MININT y las FAR andaban por Venezuela, disfrazados de cualquier otra cosa, como por su casa, controlando y vigilándolo todo, traspasando a los represores chavistas los métodos de la Seguridad del Estado aprendidos de la KGB y la Stasi.
Los mandamases castristas negaron reiteradamente que hubiese presencia militar cubana en Venezuela, pero el pasado 3 de enero, cuando fuerzas élite norteamericanas capturaron a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, resultaron muertos 32 militares cubanos que los custodiaban.
Habrá que ver hasta dónde podrán llegar los castristas para no perder el petróleo venezolano, si seguirán en su apuntalamiento de lo que va quedando del régimen chavista.








