¿Qué secretos se llevó Ramiro Valdés sobre la muerte del Che?

Más allá de su papel en la creación del aparato represivo cubano, el exministro del Interior dejó una huella de purgas, delaciones y "asambleas abiertas" que sembraron miedo incluso entre los propios oficiales del régimen.
Ramiro Valdés
Ramiro Valdés (Foto: Enrique González / Cubadebate)

Puerto Padre. _ Antes de hacerse pública la noticia, conocí de la muerte de Ramiro Valdés Menéndez, célebre represor policiaco que fuera en dos ocasiones ministro del Interior. Pero, dañaba yo a personas amigas, si, antes de hacerse oficial su muerte,  divulgaba ese acontecimiento.

De suerte tal, justo en el momento de darse la noticia pasé la información a la redacción de este sitio, que prontamente ha elaborado y publicado una exhaustiva reseña de Ramiro Valdés, quien comenzó matando el 26 de julio de 1953 _su primera víctima fue un sargento del ejército, muerto durante el asalto al cuartel Moncada_ y que continuaría junto a Fidel y Raúl Castro. Hasta ser ellos introductores-operadores en Cuba del más riguroso Estado policial en este hemisferio, al cosechar y plantar en este archipiélago-cárcel, los métodos más brutales y también los más refinados procedimientos del fascismo y el estalinismo para reducir la condición humana a piltrafas de carnicería.

Pero, si mucho se ha dicho del hacer represivo de Ramiro Valdés contra la población civil de Cuba y de otros lugares del mundo donde la inteligencia y la contrainteligencia cubana han incursionado, poco, o, nada, se ha dicho del “quehacer” contra los propios militares cubanos de “Ramirito”, como lo llamaba Fidel Castro. Y por sólo citar un ejemplo internacional, notorio, hay que decir que, aunque hoy sepultan a Ramiro Valdés cerca del Che Guevara y los cubanos muertos en Bolivia, todavía es un misterio el del guerrillero argentino, “abandonado a la buena de Dios”, según me dijera Félix Rodríguez, el oficial de la CIA que dirigiera el trabajo operativo para la captura del Che y su guerrilla. Fueron abandonados en la selva boliviana con una planta de radio defectuosa y sin contacto urbano, porque el oficial de la inteligencia cubana destinado a esa misión, con el seudónimo de “Renán Montero” o “Iván”, supuestamente llamado Andrés Barahona López, fue retirado de la operación para realizar una “mejora” en su pasaporte “chueco”, pero el enlace nunca regresó y… ¿Quiénes sino Fidel Castro y Ramiro Valdés podían dejar al Che Guevara sin contactos en Bolivia?

Y cuando a finales de la década del 70 Ramiro Valdés regresó como ministro al Ministerio del Interior (MININT), ya para el año 1980 realizó una purga, pero no a través de la jefatura de esa institución, no, sino por medio de los propios oficiales, en todas las provincias y en todos los órganos, direcciones, departamentos o jefaturas; para ello convocó lo que llamaría “asambleas abiertas”, en las que promovió y utilizó los celos, la envidia, la delación y el chivatazo como herramientas para la defenestración. Aunque reseñadas desde la ficción, las “asambleas abiertas” ordenadas por Ramiro Valdés en el MININT quedan retratadas por Enrique D´ Arcos, ex oficial de la inteligencia en este pasaje de la novela Bucaneros, cuando dice:      

“Un tipo jodido, un hijo de puta de mi trabajo, por envidia, más que por cualquier otra razón, armó un brete. Sí, de esos chismes tan comunes donde hay un farsante. Denunció que yo había violado las normas del trabajo secreto, que un agente, que era un personaje encumbrado, al que yo debía cuidar, estuvo en peligro porque la CIA descifró su leyenda al conceder una entrevista indebida a Oriana Fallaci, quien lo desnudó como antes había desnudado a Haile Selassie en el Gondar; dijo que en África y en Nicaragua, gente asesorada por mí torturaron prisioneros para hacerlos confesar, y que yo permitía esos métodos. Imagínate, yo, que es verdad que se la arranco a quien pretenda arrancármela, pero que nunca hice ni haré daño a personas indefensas. Era un año en que estaban sacando ropa sucia de años atrás; estaba de moda todo aquello de las famosas asambleas abiertas, en el caso de nosotros las hacían cerradas, sólo con quienes incumbían, ¡óyeme…!, eso fue  un engendro concebido como filtro purificador de mierda. Eran actos tan denigrantes, que toda la gente baja que sentía rencor contra otro, usaba esas asambleas para canalizar su odio, y donde cobardes sin valor para hablar de frente en el momento preciso, lograban la oportunidad para su bajeza delatora, con difamación y perjurio. Te lo aseguro, esas porquerías de asambleas tuvieron más de chanchullos que de juicios imparciales, y más de un hombre honesto fue desprestigiado con chismes, todavía muchos de ellos andan por ahí, rumiando su dolor. Bueno, cómo esas asambleas entre camaradas no iban a ser así, si era estalinismo puro, purgas estalinistas a la cubana. Fui acusado, junto a otros, cientos fuimos acusados por diferentes casos, óyeme, por cientos fueron las acusaciones. Muchos fueron expulsados, de oficio, sin procesos, por… alta conveniencia del servicio. Otros fuimos a dar a la fiscalía militar, todo un proceso legal para limpiar la fachada del edificio con la imagen del Che Guevara en la Plaza de la Revolución. ¡Óyeme! Veía como me iban a joder.

¡Me estaban jodiendo!…, y yo, preocupado con ese asunto, imagínate, todo se reflejaba en la familia. El fiscal solicitó en mi caso un año de cárcel por un delito de insubordinación a una orden del Ministro. Oye…, y yo me estaba defendiendo, yo mismo asumí mi defensa; más de un amigo me dijo, Enrique, yo te defiendo; abogados buenos, excelentes criminalistas, pero yo les dije, no, me defiendo yo; yo soy abogado criminalista y nadie mejor que yo para desenmascarar este crimen. ¡Tú te imaginas!  Y te juro, nada era verdad, nada; sólo habladurías de esa gente que nunca resuelven un problema, y como son unos cotilleros de oficinas, y como son unos frustrados, para subir de esa forma baja tratan de convertir chismes de pasillo en casos grandiosos, no pueden de otro modo, carecen de talento o de valor para sostener el talento, o sencillamente son unos mierdas sin cojones ni cabeza. Hoy me doy cuenta que todo lo motivó la frustración, los celos y la envidia de gente sin coraje arracimada tras las nalgas de los jefes, o la envidia y los celos de los jefes mismos. Como los orquestadores de las farsas judiciales en los mejores tiempos de Stalin.”

Pero todo tiene su tiempo, ¿no? Y hoy llegó el día de “Ramirito” bajar a la sepultura junto al Che Guevara. Coincidencias que no son raras cuando en Cuba cada vez son más los concilios cerrados aparentando “asambleas abiertas”.

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