septiembre 27, 2026

¿Está estancado el diálogo entre Washington y La Habana?

Trump asegura que Rubio negocia con La Habana, Rubio habla de volver a involucrarse en el expediente y el canciller del régimen cubano dice que no hay reuniones previstas.
El director de la CIA, John Ratcliffe (derecha), encabezó la delegación estadounidense que viajó a La Habana a mediados de mayo de 2026
El director de la CIA, John Ratcliffe (derecha), encabezó la delegación estadounidense que viajó a La Habana a mediados de mayo de 2026 (Foto: @CIA - X)

MIAMI, Estados Unidos ― El canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, dijo este jueves que no hay reuniones programadas con funcionarios estadounidenses y lamentó la falta de progreso de las conversaciones entre La Habana y Washington, en una entrevista con Associated Press (AP) en la sede de la Misión Permanente de Cuba ante la ONU, en Nueva York.

Según informó la agencia, el ministro aseguró que La Habana sigue dispuesta a mantener abierto el canal de contactos, pero se negó a precisar cuándo fue la última ronda. Describió las conversaciones anteriores como respetuosas y las declaraciones y decisiones que las autoridades estadounidenses tomaron después como extremadamente agresivas.

La versión cubana choca con la del presidente de EE.UU. El martes, ante la Asamblea General de Naciones Unidas, Donald Trump presentó el diálogo como un proceso en marcha. “Marco Rubio está llevando una negociación. Está metido de lleno en negociaciones con Cuba. Veamos qué pasa”, dijo, justo después de afirmar que su administración buscaba “un cambio fundamental en la situación de Cuba” y de pronosticar que el Gobierno de la Isla “caerá”. La delegación cubana abandonó la sala durante el discurso.

Al día siguiente, el propio Rubio usó otro verbo. Preguntado en una rueda de prensa en Nueva York por cómo llegará la libertad a Cuba que había anunciado Trump, el secretario de Estado sostuvo que la Revolución Cubana “ha fracasado” y que sus dirigentes tienen la oportunidad de poner al país en “una trayectoria irreversible” que “implica libertad política y económica, sin duda alguna”. “Así que vamos a volver a involucrarnos en ese expediente. (…) Estamos abiertos a medidas que, en adelante, den inicio a ese proceso de cambio”, declaró. 

También reconoció que quienes hablan en nombre del Gobierno cubano se muestran, “al menos públicamente”, “bastante recalcitrantes”, y fijó un límite: “Hay algunas personas en ese régimen con las que nunca podremos trabajar porque tienen las manos manchadas de sangre. Pero hay personas allí con las que creo que se podría trabajar”.

Desde La Habana, la respuesta ha sido la misma durante toda la semana. El viceministro de Relaciones Exteriores Carlos Fernández de Cossío afirmó el martes a Democracy Now!, en Nueva York: “No podemos decir que hayamos tenido negociaciones con EE.UU. Hemos tenido contactos y hemos tenido algunas reuniones. Pero no avanzan”.

El jueves lo resumió en una frase a Prensa Latina: “Es evidente que sin avances”, dijo sobre las comunicaciones directas y las reuniones presenciales de los últimos meses. Sostuvo que no puede haber progreso mientras Washington imponga nuevas medidas coercitivas cada una o dos semanas, y sobre los encuentros se limitó a decir que “es un tema que manejamos con discreción, como ha sido nuestra práctica”.

Mientras tanto, Washington prepara un nuevo gesto de presión. El Departamento de Estado estudia imponer “controles estrictos” a los funcionarios cubanos que planean volver a Nueva York el próximo mes para la votación anual de la Asamblea General sobre el embargo, según funcionarios estadounidenses y un documento interno citados por la AP. Los detalles no se han decidido. Los diplomáticos cubanos ya tienen limitados sus desplazamientos a un radio de 25 millas en torno a la sede de la ONU en Manhattan, y las nuevas restricciones podrían dificultar o impedir su asistencia a la votación, advirtió la agencia.

La lectura de los especialistas se divide. Eduardo Gamarra, profesor de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Florida (FIU), atribuye el frenazo a las elecciones de medio término del 3 de noviembre. “Con unas elecciones de medio término tan trascendentales en puertas, parece que estamos viendo una pausa en la actividad diplomática que estaba llamando la atención sobre el enfoque de ‘negocios, no política’ de la Administración hacia Cuba”, dijo a The Christian Science Monitor el 21 de septiembre. Según Gamarra, las encuestas de la FIU indican que ese enfoque es muy impopular entre los cubanoamericanos.

John Kavulich, presidente del Consejo Económico y Comercial Estados Unidos-Cuba, rechazó en el mismo reportaje que el diálogo esté suspendido. “Quizá no haya mucha diplomacia tradicional ahora mismo, pero sigue habiendo una forma de diálogo todos los días”, dijo. “Se comunica algún mensaje cuando el Gobierno cubano aprueba otra reforma económica. La Administración Trump comunica algo cuando anuncia nuevas sanciones u otras acciones que involucran a Cuba”. Kavulich afirmó que ya se preparan acuerdos de inversión privada estadounidense en la isla. Rubio le llevó la contraria el miércoles: “Nadie va a invertir en Cuba bajo su actual modelo de gobierno. Sencillamente no lo van a hacer”.

Las sanciones son hoy el mensaje más frecuente de Washington. El 17 de septiembre, Rubio designó a 11 objetivos al amparo de la Orden Ejecutiva 14404: según la hoja informativa del Departamento de Estado, cuatro entidades estatales del níquel, cuatro centros militares de investigación y desarrollo y tres oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que dirigen tres de ellos. Rodríguez Parrilla respondió esa noche en X que el secretario de Estado “vuelve a la carga contra instituciones y personas cubanas, como parte de su política de máxima asfixia económica y castigo colectivo contra el pueblo de Cuba”.

La presión electoral también se hace sentir en Florida. La congresista cubanoamericana María Elvira Salazar difundió el 17 de septiembre un anuncio de campaña dirigido a Trump en el que dice que “los mismos hispanos que lo llevaron a la Casa Blanca en el 2024 hoy se sienten traicionados” por su política migratoria. Tres días después, en Face the Nation, de CBS, aseguró que había hablado con el presidente y que lo encontró “muy receptivo”.

Lo que cada parte pone sobre la mesa no ha variado. Washington condiciona cualquier entendimiento a cambios políticos y económicos. La Habana acepta ampliar la apertura económica, pero no discutir su modelo político. “Seguiremos por este camino, pero mantendremos el papel del Estado para responder a las necesidades básicas de la población y la capacidad económica para hacerlo”, declaró Fernández de Cossío a PBS News Hour el 16 de septiembre. En esa entrevista añadió que sería “una traición” que el Gobierno le preguntara a Washington “cómo quieren organizar nuestro país y cómo quieren organizar la economía cubana, el sistema político cubano, la propiedad cubana y los negocios cubanos”.

La única reunión que el Gobierno cubano ha confirmado con detalle se remonta a abril. El 20 de ese mes, el subdirector general a cargo de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores, Alejandro García del Toro, dijo a Granma que se había celebrado en Cuba un encuentro entre delegaciones, con secretarios adjuntos del Departamento de Estado y un viceministro cubano, y que la eliminación del cerco energético fue “un tema de máxima prioridad” para la parte cubana. Desde entonces, La Habana no ha informado públicamente de otro encuentro con fecha y participantes, y Washington tampoco ha detallado en qué consisten las negociaciones que Trump atribuye a Rubio.

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