LA HABANA.- Abdiel se fue. Y se fue sin dejarnos la más mínima señal del viaje: ni un beso leve y apresurado ni un abrazo apretado antes de esa partida que muchos describen como estrepitosa. A estas alturas tampoco sabemos si, en medio de tanta premura, le quedó al menos un momento para darse un salto a Holguín, su tierra natal.
Muy poco hemos sabido, porque al parecer todo se preparó con gran sigilo: sin anuncios, sin los últimos abrazos y quizá hasta sin llantos. Puede que para los suyos hubiera alegría y celebración, como suele ocurrir cuando alguien consigue salir de Cuba. Pero, de puertas afuera, la partida fue silenciosa.
Es probable que muchos de sus coterráneos sigan en ascuas, sin saber qué creer. Quizá estaban al tanto los amigos más cercanos y los familiares que prometieron discreción y la cumplieron. En Cuba, hasta el viaje más simple se vuelve complejo.
Abdiel se fue discretamente, sin fanfarria ni despedidas públicas. No sabemos si ese silencio respondió a una decisión personal, a los obstáculos habituales de cualquier salida del país o al temor de ser criticado porque bastante que defendió esto.
Se fue y no sabemos cuándo volverá. Dicen, bromeando, que regresó a Bolivia, tras los rastros del Che Guevara; dicen también, y esto sí parece real, que está en México con toda su familia. Abdiel no ha confirmado nada pero su esposa, también vocera del Castrismo, se ganó una beca en México.
Lo que sí está claro es que Abdiel ya no está en las pantallas donde durante años defendió con entusiasmo el discurso oficial. Tampoco sabemos que haya partido a cumplir alguna misión encomendada por quienes todavía deciden el destino de Cuba, pero todo es posible. Su ausencia deja, en cambio, preguntas incómodas sobre la distancia entre lo que se proclama ante una cámara y lo que se elige para la propia vida.
Abdiel podría estar hoy luciendo unas bermudas frescas y ligeras, sin acordarse de Ernesto Guevara de la Serna, ni de Fidel Castro. Podría estar descubriendo las bellezas de México. No lo sabemos.
¿Dónde está Abdiel Bermúdez? ¿Piensa llegar a Estados Unidos en el futuro? ¿Qué lo llevó a marcharse? Quizá solo él pueda responder. Mientras tanto, su partida invita a recordar que una cosa es la retórica exaltada de los noticieros cubanos y otra, muy distinta, la realidad con la que sus propios defensores tienen que vivir cada día.
Abdiel no se fue a la manigua redentora ni, hasta donde sabemos, tras las huellas de los Castro. Se fue de Cuba. Si algún día decide contar por qué, habrá que escuchar sus razones. También habrá que preguntarle qué piensa ahora de todo aquello que ayudó a presentar como una vida digna de ser defendida.









